jueves, 8 de febrero de 2007

Un Venezolano y sus Medias Blancas

Tuvo que ser un extranjero, un venezolano, quien - después de 88 años – ayude a los cuatro millones de ciudadanos por fin saborear el éxtasis de la victoria. Los que trabajaron al lado del venezolano, sus cómplices del triunfo, no eran necesariamente los mejores. Al contrario, eran los de abajo, los menos requeridos y con un salario acorde. Cada uno de ellos tenía el incentivo de pensar en su propio bien, y en un juego donde todo se mide en cifras, pudieron haber optado por velar por sus estadísticas personales para mejorar su proyección personal, y dejar de hacer lo que sea necesario para que su equipo gane. El venezolano entendió algo muy sencillo: que debía inculcar en sus jugadores un espíritu de equipo, de sacrificio personal en pos de un bien mayor, de un bien común. Los jugadores entonces optaron trabajar por el equipo, y hacer a un lado su ambición personal.

En nuestra tierra - donde impera “lo personal” - otro venezolano quiere reclutar a Bolivia en contra del imperialismo y del libre comercio. Todo esta en la mesa para que Bolivia se convierta en el tablero de ajedrez desde el cual se avance una lucha entre dos polos cada vez mejor definidos, uno que promueve el modelo liberal, y el que se opone visceralmente. De esta manera, Bolivia se convertirá una vez más en laboratorio de diferentes programas ideológicos. Ya en 1951, después de la Segunda Guerra Mundial, las Naciones Unidos experimentaron en Bolivia por primera vez con un Programa de Asistencia Técnica para evaluar y brindar recomendaciones a países subdesarrollados. Luego, en 1956, el FMI estableció en Bolivia el primer Programa de Estabilización Monetaria, y así sucesivamente muchas otras recetas han sido impuestas desde el exterior.

En este “experimento bolivariano”, no estoy seguro si oponerse al ALCA es o no la mejor solución, o si sea o no una buena estrategia comercial imponer condiciones a los inversionistas extranjeros (en lugar de negociarlas con credibilidad). Lo que sí me preocupa es el individualismo destructivo de nuestra cultura, la desconfianza y cinismo generalizado, y nuestra absoluta incapacidad de cooperar y coordinar. La condición básica para ser una nación productiva es creer en el sistema, creer en quienes forman parte de un esfuerzo colectivo, cooperar entre bolivianos y coordinar nuestros esfuerzos. Sin embargo, el pacto o acuerdo más elemental que cotidianamente violamos refleja cuan lejos estamos de brindarle a nuestra convivencia la más mínima credibilidad. Cuándo a usted le dicen “Nos vemos a las 8 en punto”, ¿usted cree en lo que le dicen?

El primer venezolano aquí aludido es Ozzy Guillen, timonel de los Medias Blancas de Chicago, y el deporte que juega es béisbol, deporte nacional de Venezuela. Cómo aquí “todo es personal”, no faltará quien censure utilizar como metáfora algo tan “alienante” como ser un deporte inventado en EEUU. Espero, sin embargo, que reflexionar sobre la necesidad de hacer a un lado el interés sectorial, de saber perder como grupo para salvar nuestra democracia, y que así gane Bolivia, no sea considerado importar modelos extranjeros. Estamos acostumbrados a pactar con el adversario solo por cuotas de poder y de manera provisional e interesada, y no porque sabemos jugar por el bien del equipo. Temo que en enero el perdedor será incapaz de aceptar su derrota y entender que debe estrechar la mano al contrincante por el bien del país. Temo que por inercia e idiosincrasia caeremos una vez más en las garras de lo personal, receta para que sigamos – como nación - sin saber lo que es saborear el triunfo.

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