miércoles 25 de enero de 2012

Masas Critican

“Masa crítica” es la cantidad de personas necesarias para que una conducta/valor sea imitada por la mayoría de los demás. Por ejemplo, cuando el 5% de población empieza a utilizar una nueva técnica de producción, asume como cierto un descubrimiento, o adopta una refinación moral, ese nuevo hito tal vez tenga “masa crítica”. Para que sea “masa crítica”, el fenómeno/conducta debe adquirir una dinámica propia que le permita sostenerse y crecer. “Masa crítica” es el umbral que atravesamos, una y otra vez, en el arduo camino a la evolución.

Pero una cosa es que más del 5% de la población adopte nuevos valores, tecnologías o conocimientos; otra cosa es que las masas crezcan y crezcan, llegando a números insostenibles, convirtiendo a la urbe en una plaza insoportable.

Gente a borbotones, bocinazos, caprichos, caos vehicular. ¡Si tan solo hubiese menos gente! Agréguenle a la crisis urbana una crisis ecológica. El animal más exitoso se reproduce cual plaga, para consumir recursos y extinguir otros animales a un paso cada vez más acelerado. Al imperativo religioso se conjuga el imperativo capitalista de reproducirse, consumir y conquistar. Si bien el planeta azul es un paraíso fecundo y generoso, es menester del ser humano empezar a reducir las masas de humanos que nacen cada día.

Pero una cosa es imprimir racionalidad al ímpetu cultural e instinto básico de tener una gran prole; otra muy diferente es menospreciar el gran aporte y bendición que significa ser millones de millones, concentrados en urbes, que permiten las economías de escala que han sacado al ser humano de la miseria, dotándole de condiciones básicas de supervivencia, para colocarlo en el umbral del progreso y libertad.

Sin una masa crítica de hermanos, la vida sería perversa, breve y brutal. Sin millones de ciudadanos compartiendo aceras, colegios, clínicas y mercados, estaríamos dedicados por completo a resolver dos necesidades básicas: alimentación y seguridad. Gracias a una población de millones, tenemos la libertad de asumir una pluralidad de oficios y la bendición de tener tiempo libre para amar, descansar, cultivar arte y espíritu; sin tener que dedicar la vida a cosechar, recolectar, cazar y defender a nuestro hogar de amigos de lo ajeno.

La civilización, con sus leyes y aparato productivo, permite por lo general convivir en paz y armonía. Pero por muy moral sus ciudadanos, la premisa que “cada quien debe auto-gobernarse” es una oda anarquista que – sin importar la masa crítica de piadosos y honestos ciudadanos – jamás ha de erradicar la necesidad de la policía.

Ante el caos vehicular, se necesita imponer normas que castiguen aquellos que contaminan con alarmas y bocinazos, o bloquean con gran impertinencia. Ante el caos social, el Estado debe interponer las instituciones que resguardan la paz y el orden ante los intereses sectoriales, especialmente cuando grupos violentos violan derechos mayoritarios.

Una cosa es el derecho a la protesta, otras es secuestrar impune y cotidianamente a la población. A su vez, la policía no puede ser peón político, que interviene marchas ajenas, pero protege marchas afines a quienes firman sus sueldos. Rebasada ya varias veces, la policía pierde credibilidad. La oposición no ayuda cuando pinta como “represión” toda intervención violenta. Ante turbas enardecidas, la violencia a veces es legal y necesaria. Pero las masas son rápidas a la hora de criticar a la policía, cuando en realidad la capacidad de imponer el orden (no suplicarlo) es la que hace que la convivencia de millones sea una bendición.

miércoles 4 de enero de 2012

Indicador: Reciprocidad

La reciprocidad no es un indicador, es una herramienta. En épocas arcaicas, cuando no existían bancos, ni monedas, la reciprocidad era la mejor manera de invertir los excedentes de producción. En la lejana antigüedad, mucho antes de los refrigeradores, dinero o mercados, la familia producía para su consumo personal. En épocas de cosecha, si la familia producía – por ejemplo - más tomates de los que podía consumir, el excedente de tomates simplemente se pudría. ¿Qué hacer? ¡Regalar los tomates al vecino! (antes que se pudran, por supuesto). De esa manera el vecino adquiría una deuda moral con el productor de tomates. Al año siguiente, cuando era la familia vecina quien producía un excedente de huevos de gallina, ¿adivinen a quien se los “regalaban” (antes que se pudran)?

La reciprocidad nació en un mundo hostil, carente de mercados y medios de intercambio comercial (dinero), como una manera genial de evitar que se pudran los excedentes de producción. Con la invención del dinero, el desarrollo de leyes y mercados cada vez más sofisticados, la familia no tenía que depender de la buena memoria (o talante moral) del vecino. El productor podía ir con sus tomates o huevos de gallina al mercado, recibir a cambio un bien no perecedero (dinero) y – con el tiempo – ahorrar ese excedente. Ese “mercado” permitió a los aztecas intercambiar productos con incas muchos siglos antes de la invención del “capitalismo”. Pero para los románticos del impoluto noble salvaje de Rousseau, el mercado - y toda herramienta basada en el dinero - es equivalente a capitalismo salvaje, corruptor de la buena moral.

El dinero es una herramienta. El capitalismo salvaje del siglo XIX y la especulación financiera del siglo XX son aberraciones inmorales que deben ser eliminadas. Ya no hay lugar para la explotación del trabajador, ni para el irresponsable agio mediante herramientas financieras que han destrozado los ahorros de millones de familias de trabajadores y ha postrado al mundo entero ante el pánico de una nueva recesión. Pero el dinero sigue y seguirá siendo una de las invenciones más geniales. Lo que el ser humano haga o deje de hacer con las herramientas que ha desarrollado es tema aparte.

La reciprocidad funciona entre grupos pequeños de individuos, que pueden implementar herramientas sociales para asegurarse que nadie viole el sistema; herramientas que incluyen el chisme, la censura moral, la presión social y el insulto. Debido a que hoy hay familias con mayor poder político que otras, existe el peligro que algunas reciban mayor reciprocidad que otras, sin poder político. A su vez, las familias obtienen los recursos para ser recíprocos en el mercado, donde venden sus servicios o productos para obtener el dinero con el cual luego “generan valores espirituales” en ferias, fiestas y matrimonios. Pero los sacerdotes del apocalipsis predican que, en lugar de complementariedad entre la reciprocidad y el mercado, lo que existe es una “oposición” (Layme Pairumani).

¡Tanto hablar de complementariedad, para luego ver el mundo en blanco y negro! Las nuevas generaciones, por suerte, no son tan fáciles de embaucar y buscan integración y progreso, no autarquía social. La reciprocidad es una forma de empatía y - Dios sabe - necesitamos una dosis mayor de una fibra moral que nos haga más sensibles y comprometidos con el sufrimiento ajeno. Pero la manera de avanzar la justicia social y solidaridad no es satanizar el ahorro, la inversión o productividad; herramientas que demuestran ser capaces de crear la riqueza con la cual el día de mañana (sin las mañanas, imposiciones, ni asimetrías de poder que gobiernan al “pequeño grupo”), uno puede ser reciproco con toda su nación: pagando impuestos, creando empleos, desarrollando industrias. Esos son indicadores de la salud económica y bienestar del pueblo, no un concepto maniqueo y manipulado de “reciprocidad”.

jueves 17 de noviembre de 2011

Velocidad de la Luz

Neutrinos atrevidos; acaban de violar la ley. La física sentenciaba que la velocidad máxima del universo es la velocidad de la luz. Albert Einstein ahora observa resignado esta nueva extravagancia cósmica, evidencia adicional que - en el plano del espacio - existen más una decena de dimensiones (Teoría de Cuerdas). Violar esta ley universal ayuda a crear otras dimensiones del tiempo, algo que habían intuido los griegos con su diferenciación entre el tiempo Kairos y el tiempo Cronos. El primero es un sublime “aquí y ahora”, un instante cuando se abandona la mente para entrar en sintonía con la musa. La segunda dimensión del tiempo es una medida cuantitativa, que deduce una secuencia de eventos mundanos.

Los economistas miden la “velocidad del dinero” para determinar qué tan rápido un billete cambia de manos, información que permite evaluar tendencias a la inflación. Otra velocidad es la del “proceso de cambio”; la velocidad a la cual se expande el universo; o la velocidad de los niños, que siempre crecen demasiado rápido. Cada velocidad tiene dimensiones propias. Una hablará de la salud de la economía, otra de lo difícil que había sido cambiar, otra de la proximidad de la muerte. La única ley universal es aquella que dicta que todo deberá transformarse.

Si acaso existe una velocidad de tortuga, es la tortuosa velocidad de la evolución. La evolución es la manera como Dios escucha y hace milagros en el plano material. ¿Evidencia? Hace 65 millones de años la Tierra casi desaparece debido al impacto de un meteoro, que sacudió la corteza con la fuerza de mil millones de bombas atómicas. La muerte se apoderó de nuestro planeta, pero la vida supo adaptarse, regenerarse y abrir un espacio a la poesía, amor e inteligencia. ¿Evidencia? Los genes existen. No son invento del diablo. Aquellos que dudan de la evolución, que busque fósiles prehistóricos de perros chihuahua o pequineses. Encontrarán tan solo lobos, antepasados de nuestra mascota más fiel, que ha sido manipulada por el hombre para crear miles de diferentes expresiones del arquetipo Canis lupus.

Gracias a su capacidad de dibujar mapas que reflejan diferentes dimensiones de la realidad, el humano también evolucionó. Pero, por tradición o ignorancia, el humano sigue utilizando un decrépito mapa binario y medieval para forzar juntas realidades que no corresponden dentro de un mismo espacio. Esta limitación (más que ignorancia) se debe a que la cosmovisión actual - sea aymara, occidental, maya o islámica - ha sido arraigada por un mundo lineal. Nadie tiene la culpa. El cerebro izquierdo domina aún y la evolución siempre es gradual.

El dogma modernista está siendo violado. Ahora corresponde deconstruir el mundo deconstruccionista del postmodernismo, donde todo es “relativo” y cultural. En un salto cualitativo (equivalente a saltar del sartén al fuego), abandonamos las certezas del mundo cartesiano-newtoniano, para caer en las garras del mundo subatómico, donde la incertidumbre de la trayectoria del electrón nos sume en un nihilismo igualmente destructivo. La vida es compleja y no amerita reducirla a la pasión científica por el determinismo, o desprecio romántico de la certeza, pretendiendo imponer tan solo unas cuantas dimensiones.

Más allá del conflicto primitivo entre el interés personal y la solidaridad de grupo ( ambos instintos elementales); más allá de la caricatura del “bien” y el “mal” y dogma ideológico/ religioso, existe un mundo complejo, cuyos mapas recién empezamos a esbozar. Más allá de hubris humano (ver: “Icaro”) hay un universo lleno de ciclos de vida, de muerte y de creación. Para aquellos interesados, investiguen a Ken Wilber, profeta de la integración. Mi espacio, lamentablemente, aquí muere.

martes 1 de noviembre de 2011

Tangente Tangible

No solo aquello que se puede tocar es tangible. Tangible también es un concepto concreto, una idea que se entiende inequívocamente. Uno supondría que las reglas acordadas dentro del juego democrático deberían ser irrefutablemente tangibles; pero no. Cuando en juego está el control sobre el destino colectivo, las reglas se van directamente por la tangente.

En vez de una sinuosa carretera, por el TIPNIS cruza ahora una tangente política, que utiliza como aplanadora la definición legal de “intangibilidad” para abrir nuevos caminos al conflicto. La lógica oficial es lineal: Fueron los indígenas quienes impusieron el concepto y nos exigieron hacerlo ley. ¿No les gustan las consecuencias no intencionadas? ¡Jódanse! La racionalidad es cartesiana: Si los indígenas pueden utilizar mecanismos políticos para sabotear una carreteara, también pueden utilizarlos para socializar una victoria en La Paz que –juramos - será pírrica.

Lo mínimo que los marchistas pueden hacer, en reciprocidad por nuestra hospitalidad y civismo, es ir a socializar las bondades de la intangibilidad entre comunidades de colonizadores, que hacen tangible su protesta. Es decir, exigimos a los indígenas utilizar reglas de juego que supuestamente gobiernan el territorio del TIPNIS para dirimir diferencias y lograr consensos, cuando las reglas de juego en la otra Bolivia (supuestamente más concretas) no logran ese mismo objetivo. ¿Qué podría salir mal?

Los indígenas del CONISUR –tomándole la palabra al Presidente - exigen a los dirigentes de la CIDOB expliquen por qué el mejor trazo legal es la controversial intangibilidad. Seis federaciones de cocaleros se suman al pedido, para exigir el desalojo del parque de cualquier y toda actividad empresarial. ¿Quieren quedarse en el idilio rousseauniano del “noble Salvaje”? ¡Entonces quédense impolutos por la civilización, intangibles ante toda actividad monetaria!

Nada de lo que parece es. Lo que parece un concepto democrático tangible (socializar la ley) es en realidad una estrategia envolvente, para dilatar la demanda indígena de expulsar a 200 asentamientos ilegales del TIPNIS. ¿Quién expulsa a quien primero? En el tablero de la política coyuntural, el destino de los asentamientos ilegales de colonos dedicados a cultivar una hoja sagrada un poco más amarga que la de los Yungas se convierte en ficha de negociación. Si se van los colonos, entonces se van del TIPNIS los turistas, empresarios y cualquier otro gestor de actividad económica.

Una situación algo parecida se gestó durante la Guerra Fría, cuando las dos grandes fuerzas del planeta se hacían la guerra de una manera “subsidiaria”. La guerra subsidiaria - o guerra por proxy - utiliza a terceros como sustitutos, en vez de un enfrentamiento directo. Ejemplos de este tipo de conflictos fueron las guerras de Corea, Vietnam y Angola, donde la URSS y EEUU utilizaron a países subdesarrollados para realizar una triste y costosa pulseta geopolítica. En el TIPNIS se enfrentan empresarios contra cocaleros. ¡Quelle surprise!

Nada de lo que parece es. Lo que parece tangible para la mente, en realidad es una estrategia para atizar los fuegos que mueven los hilos partidistas del corazón. Gaje de la historia parece ser que el “empate catastrófico” se nos vaya ahora por una tangente, para trasladarse de picos nevados de los Andes a las apetecibles tierras vírgenes de las amazonias. Tal parece que – al igual que otros enfrentamientos por proxy entre bolivianos – se intentará solidificar la apetecible hegemonía enfrentándose oficialismo y oposición de manera subsidiaria, en un escenario impoluto por la civilización. El TIPNIS tal vez sea la reserva ecológica de la humanidad. Pero ahora queda arraigado por las pasiones que despierta el interés económico y se vuelve sujeto a reglas de juego cada vez menos tangibles.

miércoles 26 de octubre de 2011

Funda Mental

Lleno de violencia, simbiosis y cooperación, el dictamen divino es que todo animal debe almorzar y corre el peligro de ser almuerzo. Asediados por enemigos más fuertes y rápidos, nuestra especie superó escollos propios de la supervivencia mediante una inteligencia superior. Pero por grande su potencial, nuestra mente binaria tiene su origen en un entorno poco propicio para celebrar la otredad. Diseñado en la prehistoria, cuando aun éramos cromañones, el cerebro se caracteriza por tomar decisiones ágilmente. Antes de pronunciar su primer verso fraternal, el frágil cuerpo cavernícola necesitó de una mente radical.

En la mismísima raíz del cerebro trinitario (reptiliano, límbico, neocorteza) reside un dualismo vital, que cumplió una valiosa función evolutiva. Con el avance de la civilización, sin embargo, la mente radical se convierte en lacra del planeta. El león, ¿nuestro enemigo? Antes de leyes, tecnología y complejos mapas existenciales - cortesía del lenguaje - un león era objeto de violencia: ¡punto! La reflexión holística, que permiten avanzar imperativos ecológicos, es un lujo reciente. El león, otrora enemigo mortal, ahora es protegido; celebrada su ferocidad. Adoramos al enemigo de ayer, no por un impulso primal de tótem, sino por una comprensión del delicado equilibrio entre fuerzas en aparente oposición. Por grandes los avances, el equilibrio es aún incipiente y la verdad parcializada sigue arropada en un manto de arrogancia.

Por ejemplo: la igualdad de género es el proyecto social más importante del siglo XXI. Revertir la injusticia histórica que ha sometido al 50% de la humanidad a la opresión patriarcal es deber y salvación. Sumar la inteligencia, pujanza y liderazgo de la mujer a la resolución de una profunda crisis económica y existencial es un imperativo práctico y moral. Pero con la arrogancia de la más noble causa, hay quienes reducen el 100% de las pequeñas diferencias entre hombre-mujer a una programación cultural, ignorando toda evidencia biológica.

Otro: pese a Grecia, et al, el mercado demuestra ser la mejor vía para el desarrollo. Si bien la energía de la sociedad civil – y no la de una cúpula de iluminados – es la que genera riqueza, la derecha recalcitrante en EE.UU. enarbola los “incentivos económicos” a tal punto que se prefiere hundir a su país en el caos político-económico, con tal de sabotear el “socialismo” de Barack Obama, quien comete el pecado de pretender subir impuestos a los millonarios.

Unito más: avanzar un equilibrio entre desarrollo y preservación es asunto de supervivencia. La Madre Tierra – un bien supremo - es sometida a una brutal depredación y la nueva tecnología de energía limpia aun no reemplaza al cochino petróleo. Por muy cierto todo ello, no todo aquel que cuestione la ciencia detrás de declaraciones eco-fundamentalistas es un enemigo de la Pachamama. Bolivia pierde decena de miles de hectáreas al año en manos del chaqueo despiadado y tala ilegal de árboles. Por ende, afirmar – sin mayor evidencia - que el desmonte de 80 hectáreas hubiese ocasionado la extinción de más de 900 especies parece ser una exageración. Imponer como “ciencia” incuestionable cualquier aseveración “ambientalista” es manipular el dolor colectivo que provoca la actual crisis ecológica.

El último: sin justicia social no existe la paz. Por noble el objetivo, ello no confiere el derecho a pisotear derechos inalienables. Las minorías tienen derechos constituidos en la Carta Magna, que no pueden ser abolidos, ni siquiera con el 99% del voto. Las mayorías, por muy grandes, no pueden imponer -a la mala- su verdad, por muy ilustre su objetivo. Cuando el llegar – como sea - al destino es más importante que construir un buen camino, confundimos al bosque por el árbol, cortesía de la venda sobre los ojos que entreteje nuestra mente radical.

lunes 17 de octubre de 2011

Ocupar Chapare

Ni calentamiento global, ni formación simétrica del sol el 2012 con el corazón de nuestra galaxia: el fin de la civilización podría ser cortesía del caos en las calles, producto de la indignación. El maremoto de frustraciones con la democracia se gestó en Grecia, mismísima cuna del sistema. La crisis económica global ahora pone en tela de juicio un régimen político que, al permitir la concentración económica en manos de unos cuantos, ha socavado sus propios pilares. La premisa básica de los llamados “99%” que ocupan Wall Street, Roma, Toronto y otras tantas ciudades, es que hay poderes económicos que gobiernan el planeta sin apetito alguno de un diálogo sincero con pobres marchistas cuyos empleos están siendo reemplazados por alta tecnología.

En nuestra propia comarca, vemos como los “pisa cocas” de ayer están siendo reemplazados por modernas maquinas de lavar ropa, que exprimen savia divina de la hoja sagrada, para generar la pasta de uno de los diez negocios más lucrativos del planeta: cocaína. Con su bestial plusvalía el narcotráfico construye submarinos, se compra jueces, policías, políticos y armas de última tecnología, para poner de rodillas a gigantes. Los efectos de la concentración de dinero de unos cuantos empresarios de la coca, dispuestos a torturar y decapitar con tal de mantener su férreo control de rutas privilegiadas a mercados del norte, son evidentes. En el norte de México las muertes violentas superan conflictos armados en todo rincón del planeta. Pero mientras la concentración de poder en manos de unos cuantos capitalistas causa indignación afuera; aquí adentro la concentración de divisas en manos de agricultores que cosechan toneladas de alcaloides parece ser simplemente una inocua redistribución del poder.

El antídoto a las lacras de la democracia representativa, que se acomoda a los intereses sectoriales de aquellos con mayor poder económico, parecía ser la democracia directa. Es decir, en vez de senadores y diputados en manos de los más adinerados, que se compran la lealtad de los legisladores, el pueblo debería dictar los lineamientos y decidir con su voto directo la dirección de la justicia y la nave del Estado. En ese sentido, la elección de magistrados a las cortes superiores ha resultado ser un ejercicio contraproducente, ya que las grandes mayorías no tuvimos ni la más pálida idea de quienes eran candidatos a administrar nuestra justicia. En consecuencia, el pueblo se manifestó indignado, para plasmar con su voto nulo su desaprobación de un proceso electoral visto – por voto directo - como ilegitimo.

La justicia boliviana no se ha vuelto más democrática. Al igual que la política, se ha vuelto más sectorial. Con el campo enfrentado a las ciudades, el pueblo empieza a replicar la indignación de otras latitudes en contra los males de un poder concentrado en pocas manos. Para expresar dicha indignación, ¿a quién tendríamos que ocupar? Descartemos de inmediato la capital, donde hay solo estudiantes y autoridades procesadas por pecados idénticos a los de Yucumo. Tal vez habría que ocupar La Paz, pero la bolsa de valores incipiente no maneja grandes capitales y la Plaza Murillo es buena solo para repartir dadivas a fieles feligreses. Mejor sería ocupar Santa Cruz, pujante metrópolis con una economía vibrante, donde grandes empresarios crean fuentes de empleo para beneplácito de inmigrantes de todo rincón. Pero si queremos ir al corazón de la concentración de poder político y económico en nuestro territorio, tendríamos que llenar mochilas de repelentes, una bolsa de dormir liviana y marchar hacia el trópico valluno, para ocupar Chapare, donde viven otros ricos que tampoco pagan impuestos.

lunes 3 de octubre de 2011

Das Kapital

La arrogante exuberancia del capital se debe a la extracción de plusvalía (Karl Marx). En otra dimensión de la lucha de clases, el Presidente debe su excedente de poder a la arrogante exuberancia de partidos tradicionales, que despilfarraron el capital político acumulado en la otra post-revolución. Pero si de capital se trata, la maquinaria política que sustenta el poder desnudo resulta ser un juguetito bien caro. Cuando a aviones, helicópteros, cientos de vagonetas, satélite y carreteras, se le suma la factura de bonos, viajes y bocas de una robusta burocracia ávida de dadivas, pozos suficientes un gobierno no tiene jamás (Hugo Chávez).




Cuando el estomago del aparato estatal cruje de hambre, el gobierno debe extraer plusvalía a la Madre Tierra. El socialismo, después de todo, también necesita acumular capital. Prueba irrefutable es que el sistema más depredador del planeta es el comunismo Chino. La URSS y bloque del Este también fueron infamemente célebres por asesinar ríos y bosques en nombre de su supuesto humanismo. Sin el acceso a grandes recursos, el socialismo no puede subvencionar su frondosa burocracia. La diferencia con el capitalismo es que, en lugar de empresarios codiciosos al margen de la ley, el comunismo utiliza un gobierno legalmente impune ante los gajes del desarrollismo. Un Estado que se erige por encima de la sociedad, es un Estado dueño y señor de la naturaleza y todos sus recursos: renovables o no-renovables.



El planeta está asediado por un animal muy exitoso, de muchos recursos, cuya arma favorita es la tecnología. Maquinarias e infraestructura, acerbo del intelecto humano, son codiciadas por comunistas y capitalistas por igual. Presos del remordimiento, ambos, cada cual a su manera, lamentan tener que ultrajar a la pachamama para poder sobrevivir. Nos mentimos si pensamos que únicamente el capitalismo necesita explorar, conquistar, explotar y extraer cada vez más y más recursos. (“Extraer” y “acumular”, dos caras ideológicas de la misma moneda).



Recursos suficientes un gobierno no tiene jamás. Es debido a esta obviedad que a nadie ya causa asombro el surgimiento del comunismo capitalista en el Dragón Asiático. Por el contario, incluso el socialismo cubano entiende que debe “ajustarse” ante los imperativos del capital, al extraer recursos (impuestos) de la venta de chutos Chevys de la Guerra Fría. El capitalismo y comunismo son sistemas igualmente exuberantes a la hora de extraer plusvalía. Pero el pueblo no siempre es víctima pasiva ante los poderes del sistema. En democracia, el pueblo tiene su propio capital: el capital político.



En democracia, la sociedad invierte su capital usando urnas que confieren poderes a individuos con ciertas cualidades. En Bolivia, el pueblo ha invertido ese capital político en el líder histórico del siglo XXI. Si en nombre de alimentar grandes bocas burocráticas nuestro líder decide, en gasolinazos y carreteras supuestamente “etnocidas”, derrochar su capital político, el pueblo debe empezar a reflexionar dónde invertir su propio la próxima vez que tenga una elección.



El pueblo ya votó por “todo lo contrario”. La próxima vez el pueblo deberá invertir mejor su recurso electoral. Debemos avanzar un modelo equilibrado, conciliador y complementario; no el caudillo renegado de turno. El último elegido nos conduce a un estatismo exuberante y centralizador, cuyos efectos nocivos ya se dejan sentir. Lamentablemente, el reportaje de la nueva marcha por la vida no puede evitar seguir dotando de capital políticos a individuos con persuasiones extremas. En contraste al estatismo resentido y comunismo total que promueven algunos “héroes” del TIPNIS, el Presidente Morales es un pequeño burgués con dotes de Nelson Mandela. Gaje del oficio de la prensa libre había sido empoderar a extremistas que merecen permanecer en el oscuro anonimato. En vez de seguir empoderando conspiradores que conducen a la ingobernabilidad, ojalá aprendamos a invertir mejor das kapital.