jueves, 8 de febrero de 2007

Salvar a la Humanidad

El 12 de octubre ha sido nombrado “día de la liberación”, y en ese día el presidente de la República públicamente ha pedido mi sugerencia. Ante la noble misión que envuelve a nuestro mandatario, no puedo negar ser instrumento también del insospechado destino de nuestra nación: liberar a toda la humanidad. El propósito va más allá de negarles a Europa y a EEUU nuestra mano de obra, al reducir la migración boliviana mediante políticas de intercambio comercial que beneficien nuestra economía. Es el equilibrio ecológico el que está en peligro, y hay que actuar para liberar a la Pacha Mama Grande de la salvaje codicia y arrogancia de sus hijos.

El mundo occidental, y las potencias que sustentan su cosmovisión, han encontrado en el fundamentalismo islámico una excelente excusa para atropellar los derechos humanos, satanizar a la prensa (Bob Woodward), y crear una psicosis del “enemigo” que les permite justificar estrategias para mantener hegemonía política sobre el planeta. Una de las estrategias del fundamentalismo es precisamente crear un enemigo, porque cuando la gente vive con miedo, es más fácil imponerles una verdad absoluta, y deslegitimar su derecho a expresar su oposición. En este sentido, pareciera que Bush entiende que hay que pelear fuego con fuego, y en nombre de combatir al fundamentalismo, él es un fundamentalista también.

El problema es que somos incapaces de entender la realidad en otros términos que no sean los nuestros. Pero la realidad es mucho más compleja de lo que podemos observar desde nuestra prejuiciada perspectiva. De esta manera, Bush nunca entendió a los iraquíes, ni entiende las razones, miedos, y esperanzas de palestinos, libaneses, chinos o bolivianos. Se aferra, al igual que el resto de la humanidad, a su verdad, y desprecia la “otroidad” - la posibilidad que la “verdad” del otro sea también legitima.

El mundo entero ve con preocupación que – en nombre de la democracia – se juzgue a las personas por lo que son (fundamentalistas islámicos), y no por lo que han hecho. Pero cuando se empieza a utilizar el miedo para justificar el aplastar a la oposición y restarle su derecho de defender su verdad, se está siendo igualmente terrorista. Usted, Señor presidente, tiene la autoridad moral a nivel mundial para hacer un llamado para que el Occidente deje de utilizar metodologías maniqueas y se desarrolle la capacidad de entender al mundo en su hermosa complejidad.

Usted habla de “justas ganancias” para quienes asumen riesgos de inversión. Esa es una excelente señal, y demuestra que usted entiende la necesidad de crear incentivos para la inversión en nuestro país. Sin embargo, luego ataca al capitalismo, como si fuese algo reducible a una esencia maléfica. Las palabras no pueden enunciarse a la ligera, y lo que usted dice impacta la manera del resto de nosotros de entender nuestra realidad. Por ende, si usted intenta satanizar al libre mercado, está siendo fundamentalista, y está enviando señal mezcladas, que permiten reducir todo a una verdad absoluta, pero incompleta. Otro ejemplo: En Televisión Boliviana “explicaron” los “verdaderos motivos” detrás de los sindicalistas que tienen diferencias políticas con el gobierno, mostrando sus foto y correspondiente afiliación partidaria. Es decir, se los juzga por lo que son (tronquistas, comunistas podemistas), y no por lo que dicen o hacen. En la Asamblea Constituyente el mejor argumento es “mentarle” al abuelo a la oposición, y juzgarlos por lo que hicieron sus antepasados. Una vez más, es juzgar por lo que uno es, y no por lo que uno hace, cree, o piensa.

Su propósito de salvar a la humanidad del fundamentalismo occidental es noble y necesario. Necesitamos del equilibrio. Pero si realmente desea ayudar al mundo, sugiero que empiece ayudando a su propio pueblo, manteniendo la credibilidad de su investidura, sin contradicciones, dándonos a todos el ejemplo de una posición que intenta entender al otro, y las otras realidades, en su complejidad, y no así bajo la perspectiva miope del prejuicio. Sugiero, con mucho respeto, ayude a derrotar una mala metodología, dando al mundo entero el ejemplo.

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