miércoles, 13 de marzo de 2013

Tabú de la Naturaleza


El tiempo del equilibrio es el tiempo del eslogan. Si hubiese un compromiso real con el equilibrio, buscaríamos complementariedad allí donde todavía existe contradicción entre opuestos. Si el equilibrio fuese algo más que un conveniente estribillo,  estaríamos dispuestos a trascender la temeraria dualidad, para descubrir la pluralidad de herramientas que utiliza la Creación para verter fertilidad en su vergel más preciado. Pero la ecuación de un mundo integral, que perpetua el milagro de la vida a través de la inclusión y diversidad, parece estar reservada para la naturaleza.

Muchas reformas en el Vaticano deberán aun transcurrir antes que se pueda discutir, sin tentar los fuegos del infierno, el tema de la naturaleza humana.  Por el momento, plantear como natural  la homosexualidad, liderazgo episcopal de la mujer y los bajos instintos del sexo es incurrir en alguna forma de oscura rebeldía. La gran diversidad de expresiones de la creación divina no tiene cabida entre las diócesis que dependen de la Santa Sede y Revolución Bolivariana. En el mundo creado por el hombre, la retórica moralista es la estrategia que acapara el poder y autoridad moral. 

Emerge una simetría entre el cristianismo que predicaba el Comandante Chávez y los predicados más conservadores del catolicismo: ambos consideran al egoísmo como una aberración del verdadero arquetipo humano.  Este absolutismo ignora una sutileza de la naturaleza: el hecho que en nuestra especie prima el interés personal. Incapaces de diferenciar entre el egoísmo mezquino y cortoplacista (que arremete contra la buena fe y fibra social), e interés personal iluminado (que avanza el bien de la familia individual dentro de un marco ético y de mutuo beneficio), ambos campos nos venden caricaturas de la naturaleza humana.

El sexo e instinto de supervivencia son pilares fundamentales de la Creación. Pero se supone que patriarcas y caudillos a la diestra y siniestra, aceptan la castidad como única legitima entrega a su causa.  En un caso ello implica jamás tocar con libido el cuerpo de una mujer; en el otro requiere una renuncia franciscana a los goces de la vida material. Escándalos sexuales en la iglesia encuentran, sin embargo, simetría en los resabios de la  suntuosa vida que requiere el sacrificio en el servicio a la patria. La piel trémula se acostumbra a las camas de hoteles cinco estrellas. La naturaleza humana es muy difícil de domar.

Afirmar que nuestra especie ha adquirido características biológicas que constituyen nuestra “naturaleza” no es caer en garras del relativismo moral. Por el contrario, es establecer el marco evolutivo en común del cual emerge nuestro libre albedrio, nuestra ética y sentido del bien común. A su vez, establecer que no somos biológicamente indistinguibles no quiere decir que sea legítimo prejuzgar a un individuo en función a una categoría (ver Pinker). Todo ser humanos es igual, con los mismos derechos. Atentar contra esa igualdad es moralmente repugnante.  Pero la naturaleza, en su sabiduría, ha privilegiado una diversidad y pluralidad de manifestaciones humanas.                         

Luiz Inácio Lula da Silva arengaba al hijo del obrero a soñar con ser dueño de empresa. En vez de mofarse de quienes nacieron con cuchara de plata en la boca, Lula luchó por que todos tengan la oportunidad y educación para que el hijo de comerciante mañana sea gerente general. El tiempo del equilibrio requiere de un modelo de desarrollo que integre la ambición individual con la abnegación fraternal; la proclividad a asumir riesgo con la seguridad asalariada. Pretender que la ingeniería social convirtiera a todos en ovejas solidarias del rebaño en un experimento anacrónico que no funcionó ni en China.  Vender un único modelo de desarrollo personal y arquetipo monolítico inspirado en próceres y santos es tan solo un eslogan proselitista que - en vez avanzar el añorado equilibrio - atiza el resentimiento entre los diversos tipos y clases de humanos.

jueves, 28 de febrero de 2013

Ser o No Ser


Antes ellos lanzaban diatribas desde su bunker de la Arce. Ahora, en Nueva York, somos nosotros quienes les decimos samba-canuta en su cara. Hace poco les dijimos que su ONU alberga un “Consejo de la Inseguridad”.  A ese Consejo le debe resultar difícil diferenciar entre un genocidio donde mueren menos de 70 personas, del legítimos derecho a bombardear con artillería pesada, tanques de guerra y bombarderos a niños y ancianos. No obstante, implícitamente instamos los lacayos de la ONU apoyar la lucha del Gobierno de Siria contra el “terrorismo”.

Detener a los terroristas en Siria obliga a su gobierno a ser cómplice en la muerte de más de 70,000 ciudadanos. Gajes del oficio. En Bolivia tenemos terroristas propios y esperamos que su largo proceso judicial y posible castigo disuada a otros de osar con experimentos separatistas.  Antes, EE.UU. era líder en esa batalla, ahora somos nosotros quienes apoyamos tácticas antiterroristas en el lejano Oriente. Los tiempos cambian, la retórica es la misma.

¿Bolivia asestando golpes diplomáticos contra “malos” vecinos? Es como si hubiésemos invertido roles con los norteamericanos. Antes ellos sermoneaban sobre el déficit fiscal y la importancia de hacer a un lado el partidismo tribal. Ahora son ellos los polarizados, incapaces de ponerse de acuerdo ni siquiera para salir de una de las mayores crisis de su historia.

El Congreso norteamericano ha diseñado un mecanismo de recortes automáticos generalizados, denominado “sequester”. Si los demócratas y republicanos no llegan a un acuerdo para superar el actual estancamiento presupuestario entonces, por ley, caerá un mazo fiscal y se reducirá el gasto a lo largo y ancho del Estado. Es decir, si en el Congreso no se puso de acuerdo el pasado viernes sobre cuanto el Gobierno puede gastar, entonces el presupuesto para educación, salud y defensa nacional se reduciría en 85 mil millones de dólares, con el correspondiente impacto sobre una economía que no puede darse el lujo de contraerse aun más.

La inversión de roles es curiosa. Antes nosotros no nos poníamos de acuerdo en nada. Ahora simplemente estamos confundidos entre “ser o no ser”. En este sentido, el tema del déficit fiscal nos confunde aun más. Nos resulta paradójico que se predique austeridad, pero que las naciones europeas que mayores medidas draconianas han impuesto para solventar la crisis sean las que campean menores índices de recuperación económica. Nos confunde que Obama argumente que una austeridad desmedida no es siempre la mejor receta en época de recesión.

¿En qué quedamos? ¿Más gasto o austeridad? Todo depende. Si los bancos ingleses manipulan la tasa Libor, entonces merecen multas multimillonarias (ver Barclays). Ello no justifica arremeter contra el éxito de la banca boliviana. Si EE.UU. y Europa necesitan políticas keynesianas para salir de la actual crisis, ello no justifica incrementar -sin reservas- el gasto público.

La economía no es una dimensión maniquea. No hay verdades absolutas; hay coyunturas. Por ende, para ser hay que ser plástico y adaptar la política según la necesidad. No hay que ser necio en el uso de la política favorita. En sus épocas de bonanza y liderazgo en la lucha contra el terrorismo, EE.UU. atizaba banderas nacionalistas, valores morales  y “cohesión” orgánica.  Si la caída del muro de Berlín no marcó el Fin de la Historia (ver Fukuyama), la política económica boliviana tampoco debería recaer en triunfalistas sonetos shakesperianos. Lanzar poéticas diatribas a cada vez más enemigos no sostendrá esta buena economía. Ser flexibles, no ser dogmáticos propagandistas; esa es la cuestión.  


martes, 19 de febrero de 2013

Lectura Perfecta


Avances en la ciencia forense atentan contra lecturas psicópatas de brutos que – en nombre de un apetito patriarcal – victimizan a mujeres. Expertos ahora pueden reconstruir la escena del crimen y recolectar evidencia incriminatoria. Treinta años de cárcel no son suficientes para aquel culpable de feminicidio. 

La economía es una ciencia menos exacta que la forense, por lo que abundan en su gremio lecturas antojadizas. En Washington, por ejemplo, leyeron mal la burbuja inmobiliaria; burbuja que se tragó millones de millones de dólares en riqueza del pueblo. La ingeniería comercial de “bonos basura” e ingeniería social de bancos estatales (que prestaban a individuos sin empleo ni ingresos), hundió a la economía en una crisis perfecta (ver: Freddy Mac, Fannie Mae y préstamos NINJA).

Menos exacta aun son las ciencias políticas. Ni siquiera espías de la CIA vieron venir la implosión del bloque comunista. Capaces de lanzar ojivas nucleares y miles de satélites al espacio, el muro de Berlín se precipitó a la tierra más rápido que meteorito que surca cielos de Siberia.

En Bolivia, dos malas lecturas podrían atizar una tormenta perfecta. La primera lectura involucra a la banca; la segunda a la constitución.  En las suculentas ganancias del sistema financiero, por ejemplo, hay economistas que leen una incitación a encajar en la bolsa estatista otra nacionalización. A su vez, políticos sin bastón de mando leen en la constitución los voluptuosos fundamentos  para emprender una temeraria pulseta jurídica que les permita interponerse a la participación del Presidente Morales en la próxima contienda electoral.

Una lectura miope de la salud financiera de los bancos interpreta su robustez actual como una invitación implícita a avanzar justicia social con las utilidades logradas por el cobro de tasas de interés. Ignorar que el sistema financiero es también vulnerable a  ciclos económicos es exponer al pueblo a un potencial economicidio. Si bien, por ahora, la cartera vencida de la banca está en niveles históricamente bajos, esos préstamos pueden estar siendo utilizados para especular con bienes raíces, o mercadería de Iquique; en vez de rubros productivos.  Evidencias de una burbuja que se infla no saltan a la vista.

Una desaceleración económica (producto de una banca nacionalizada), sumada a precios más bajos por materia prima y un gasto fiscal desenfrenado, puede crear una tormenta financiera. Pero si agregamos a ese escenario un potencial vacío político en el oficialismo (producto de deshabilitar legalmente la candidatura de Morales), una tormenta perfecta podría infiltrarse al menú. La ciencia de la economía no puede predecir si el cambio hacia el estatismo derrochador seguirá siendo sostenible en el tiempo. Pero no hay que ser analista político para entrever el grado de violencia que sería engendrada si la oposición gana el 2014 ante un candidato suplente, para luego heredar las facturas de la política-económica actual.

La ciencia forense lee lo que sucedió, no lo que sucederá mañana. La economía y ciencias políticas, en cambio, intentan evitar caer en ciclos económicos y continuas crisis políticas. Temo que los ciclos son inevitables y que la estabilidad es siempre frágil. El ímpetu nacionalizador fuera de control y las ganas de ganar elecciones en las cortes (en vez de las urnas), son lecturas que ponen en peligro la integridad del pueblo. Seguro que ni nacionalizarán la banca, ni evitarán la candidatura de Evo. Pero en el afán de unos de tirar abajo al egoísta capital privado, y de otros de tirar abajo un estatismo ineficiente, podemos leer perfectamente un ímpetu absolutista, propio de la mente patriarcal. 

lunes, 28 de enero de 2013

Mapa Oficial

Mapas mentales diferencian al humano de primates, su menos evolucionado hermano mamífero. Capaces de dibujar en su interioridad diversos escenarios, los humanos reproducen pasos trajinados sin necesidad de olfatear el camino. Gracias al lenguaje acumulamos experiencias y trazamos con el intelecto rutas que logran leyes y tecnología. Si bien es cierto que el concepto moderno de racionalidad ha ofuscado el complemento que ofrece la intuición y emociones; sin conceptos, palabras y categorías jamás hubiésemos podido escalar las limitaciones cognitivas del instinto animal.  

El mapa es manipulado por la herramienta favorita del poder: una lógica binaria. Ejemplo de dicha manipulación es el siguiente axioma: “Todo aquel que cree que el motor de una economía es la sociedad civil es un neoliberal”. “Obama cree que el mercado e iniciativa privada constituyen piedra angular del desarrollo, creación de empleos y justicia social”. Por ende, “Obama es un derechista”. El mapa en blanco y negro de la lógica oficial dibuja una caricatura de todo aquel diferente. Lo único que falta es que se lo acuse de ser racista.

Obama es un liberal (de izquierda). Pero como aquí se dibuja la ideología con solo dos colores, la capacidad del pueblo de discernir entre políticas públicas y estrategias de desarrollo ha caído prisionera del reduccionismo binario. Tres grandes políticas definen la gestión de Obama: rescate de la industria automotriz, sistema de seguro médico universal y elevación de impuestos a los más ricos. Para la verdadera derecha, estas políticas constituyen una manipulación del mercado, intervención estatista en la vida privada, ingeniería social, promoción de la lucha de clases y redistribución socialista de la riqueza.

Por muy liberal, Obama no es libre de alterar políticas de Estado que promueven el interés nacional. Tiene limitaciones. Ese no es el punto. El punto son las limitaciones conceptuales que tiene el pueblo boliviano a la hora de entender las sutilezas y complejidades de la economía global; ignorancia inducida por el estatismo mediático, cortesía de la manipulación del lenguaje político. La tergiversación de las múltiples dimensiones de la ideología liberal es estrategia parecida a subyugar al pueblo con la imagen de Satanás; donde Obama es un anticristo derechista.     

Colombia, Chile, Perú y México – economías liberales - son las más pujantes de la región. Cómplices de la conspiración liberal de coadyuvar una colaboración entre Estado e iniciativa privada para crear empleos también son Rusia, India, Polonia, Vietnam, China y Brasil. En vez de intentar sacudirse el mote de “derechista” con estos argumentos, la esclerótica oposición parece estar contenta con señalar falencias oficiales, cortesía de una piel trémula.

La realidad es relativa. Ese no es el punto. El punto es que el debate sobre la seguridad económica y social de la nación se ha convertido es un gestalt goebbeliano, donde el sujeto es inducido a reemplazar conceptos por caricaturas. En vez de una estrategia de desarrollo mixta, rendimos culto al chauvinismo ideológico. Parece que el absolutismo platónico  ya no es monopolio de los conservadores.

Sentir orgullo de la regresión a una política económica de principios del siglo XX es privilegio del triunfalismo cortoplacista. Se olvidan que una bonanza coyuntural no hace primavera. Un odio provinciano a la utilidad tampoco evitará que Europa salga pronto de su crisis. El petróleo abundante tal vez ayude a mofarse del hecho que 90% del planeta está a la derecha de Fidel. Pero si la verdad es relativa, la manipulación conceptual actual es muy concreta. La democracia liberal no es dogmatica y se fundamenta en un debate honesto; única manera de ser dialecticos en la práctica, no solamente en la teoría oficial. Lástima que al pueblo se lo reduzca a usar mapas dibujados con ángeles y demonios.

jueves, 17 de enero de 2013

¿Cena Quínoa?


Exportar fertilizante a base de coca, para abonar trigo ajeno, permitirá financiar los bonos  que – según la teoría -  coadyuvan el alto vuelo de la economía boliviana.  Si al abono de coca de exportación agregamos miles de toneladas de quínoa, tal vez logremos complementar con “ventaja comparativa” nuestra incipiente comprensión del concepto “efecto multiplicador”.

Bolivia tiene una ventaja comparativa en coca y quínoa. Exportar hoja y grano sagrado con valor agregado, agregará pocos pero valiosos empleos e impuestos, para coadyuvar el financiamiento de proyectos agrícolas  (y creciente gasto público). En el argot de la timba, exportar coca y quínoa será cena-quina para la economía nacional.

Pero si en vez de invertir escasos recursos en industrializar coca y quínoa, nos empecinamos en ser autosuficientes– digamos – en producir trigo, incurriríamos en un costo de oportunidad. Es decir, invertir en trigo distraería recursos de la coca y quínoa; productos agrícolas que producimos más eficientemente y que pueden ser industrializados, exportados y fiscalizados con mayores beneficios que un trigo excedentario.

Tenemos otra ventaja comparativa en gas y materias primas. Estas exportaciones – sin embargo – alimentan industrias ajenas, que agregan valor a nuestros recursos naturales. Nuestra ventaja, por lo tanto, no se traduce en mayores empleos. Si bien las arcas del Estado se benefician de precios altos en el mercado internacional, el efecto multiplicador de nuestras exportaciones se concentran en menos de 200 mil afortunadas familias; mientras que otras millones siguen acopiando migajas de una economía informal.

Industrias estratégicas (litio, acero, turismo) merecen incentivos por parte del Estado, sea mediante inversión en infraestructura, seguridad jurídica o participación directa. Lo que no necesitamos es diluir escasos recursos en plantar trigo, o construir (digamos) fábricas de celulares.

Otros países producen celulares a muy bajos precios, por lo que ahora son accesibles a la mayoría de la población. Los que se ufanan de la ubicuidad de estos aparatos (como si su bajo precio fuese logro de una nacionalización), parecen ignorar que es la competitividad de otros a quienes debemos dar las gracias. No necesitamos ser autosuficientes en la producción de aquello que otras naciones producen con mayor competitividad y eficiencia.

Bolivia debe identificar sus ventajas comparativas y facilitar la inversión en industrias competitivas. Pero como nuestra mayor eficiencia es identificar al enemigo, lo que exportamos son expertos en rasgarse las vestiduras. En el caso de México, por ejemplo, causa gran disgusto ideológico el hecho que 30% de su maíz no esté “Hecho en México”.  Es cierto que, debido a que está siendo usado para biocombustibles, se ha duplicado su precio. También es cierto que la economía mexicana tiene la productividad necesaria para darse el lujo de subvencionar un bien por el cual paga el doble.

México exporta 20 mil toneladas de carne a Japón, agregándole valor al maíz importado. Mientras México tenga una ventaja comparativa en miles de industrias pujantes, que exportan por doquier, los mexicanos tendrán el lujo de crear empleos que permitan pagar un poquito más por tortillas, atole y tamales.

Incentivar la producción y exportación de quínoa y coca industrializada agregará un pequeño peldaño a la tasa de empleos. Se necesitan empleos, no un superávit en cuentas del Estado. Para crear empleos se requiere invertir en industrias con ventajas comparativas. Esas industrias llegarán cuando exista entre Estado y sociedad civil un acuerdo enmarcado en leyes e incentivos (economía mixta), de tal forma que los mecanismos de mercado coadyuven los burocráticos nobles deseos de los gobernantes. Sin inversión no hay productividad, ni empleos, y el pueblo deberá seguir acopiando valor agregado de la hoja sagrada: “cena coca”.   

jueves, 10 de enero de 2013

Seguridad Imaginaria



Poner comida sobre la mesa, esa es la cuestión.  El nuevo grito de guerra, por ende, es seguridad alimentaria, una consigna que nutre la terquedad ideológica y paranoia colectiva. Naciones sin grandes extensiones de tierras fértiles comen bien, porque en lugar de declarar su hostilidad al intercambio comercial, crean condiciones para incrementar su productividad. Suiza, país enclaustrado y Japón, isla sobrepoblada, importan casi el 50% de sus calorías.  Naciones que producen valor agregado y desarrollan ventajas comparativas (a veces con cacao importado), no necesitan invertir en plantaciones de maíz.

Un pueblo que come todo tipo de cuentos traga fácil la retórica de autosuficiencia.  Atormentados por los peligros extranjeros, algunos no entienden que lo importante es crear condiciones para la productividad e iniciativa privada. En México, por ejemplo, se importa el 30% del maíz, alimento básico de su canasta familiar. La tierra del nopal está a punto de superar la economía brasileña. No obstante, se cuestiona a los aztecas por no producir el 100% del componente básico del taco.  México crea más empleos produciendo bienes con valor agregado. El retorno marginal decreciente del maíz hace más atractivo importar parte de la demanda. Entonces, ¿por qué asumir un costo de oportunidad en algo que otros producen más eficientemente? El bienestar se mide en empleos, no índices de autosuficiencia en maíz.

Tener una ventaja comparativa es como la relación entre zapatero, albañil y profesor, cada uno especializado en su arte. En el mercado de bienes y servicios, intercambian lo que produce (calzado, casa o conocimiento) con los demás miembros de la comunidad. Pero si una familia debe aprender a edificar su propia morada, vestir y educar a sus hijos – sin necesidad de los demás – invierte pobremente sus recursos, al igual que campesinos en idílicas praderas medievales, o escasas comunas que todavía moran en el altiplano.

La fantasía de la autosuficiencia se basa en la premisa “¿qué pasa si el otro se niega a venderme?” El escenario apocalíptico tal vez sea válido para un mundo de escasa civilización, donde tribus reemplacen naciones, para someter sangrientamente al dominado en un juego de “suma cero”. Una dosis de paranoia siempre es buena, ya que “todo puede suceder”. Otra dosis de mentalidad tribal es inescapable y tal vez incluso saludable. Pero una regresión a la economía autárquica de ancestros originarios tal vez sea prematura.

Japón restringe la importación de arroz, no por lógica económica, sino por costumbres que veneran la tradición por encima del resultado. Al igual que México, Japón puede darse el lujo, porque exporta bienes con valor agregado. México no necesita ser autosuficiente en maíz; lo que necesita es desarrollar una economía competitiva que permita al Estado importarlo, para que el pueblo coma tortillas a precio subvencionado.

La autosuficiencia es un falso debate. El peligro está en repetir el error del 52´, fragmentando la tierra para castigar al terrateniente. La seguridad alimentaria proviene de economías de escala, tecnología e inversión en la agroindustria; un apetito por seguridad jurídica y tenencia de tierra hipotecable que no está siendo saciado. Crear condiciones para producir más y mejores bienes y servicios es otra fórmula usada por pueblos sin hidrocarburos para derrochar; una receta que hace a México cada vez más competitivo, permite subvencionar el maíz y crea los empleos que ponen sobre la mesa carbohidratos importados.

miércoles, 2 de enero de 2013

Entre Rio y Selva


El 31 de diciembre, un aguijón venenoso encontró vía directa a mi paladar.  En un hotel que se postra entre las nacientes laderas del altiplano y umbral de la selva, la miel del desayuno me tendió una fortuita trampa. Una noble abeja había dejado su arma en el néctar con el cual yo endulzaría mi café. Al sentir un objeto extraño alojado entre mis dientes, presioné sobre el aguijón para retirarlo, consiguiendo a la vez inyectarme en la encía del veneno aun presente en aquel diminuto puñal. Mi cuerpo actuó exageradamente y – al intentar eliminar la toxina – la reacción alérgica hizo colapsar por unos segundos mi sistema nervioso central.

Una pluralidad de sustancias tóxicas surcan las venas cerradas del organismo que llamamos patria. En ambos bandos de nuestra polarizada madre, el dogmatismo e intolerancia envenena la convivencia entre hermanos. El capitalismo, socialismo, ecologismo, colonialismo, comunismo y otros “ismos” ocasionan reacciones alérgicas que paralizan el pensamiento complejo, para postrar a la conciencia general ante un reduccionismo banal. La ideología, polen necesario en la construcción de diversos almibares, se antepone a un discurso objetivo que permita encontrar complementos entre ideas y estrategias que avancen el desarrollo y bienestar colectivo. El veneno mental de la era es el fundamentalismo de cada cerrada posición.

Al contrario de un aguijón en la miel del desayuno, el proceso de cambio no es fortuito; es producto de una dialéctica incontenible. Tal vez sus formas, el curioso carisma de su caudillo, sus odios y amores, sean casuales; una casualidad producto de la intersubjetividad entre los miles de protagonistas que participan en su construcción.  Cada individuo trae al gobierno su propia mezcla de valores y estrategias, con frecuencia en conflicto y antítesis entre sí. Algunos resultados de una gestión que se aproxima rápidamente a la década son objetivos; otros son quimeras de la parcialidad que provoca la subjetividad.

 La subjetividad es la toxina que corroe el dialogo y pensamiento. Ver la realidad a través de ojos enamorados - o viseras enlodadas de desprecio - distorsiona el discurso y corroe el proceso de cambio; sean cuales sean sus bases o fundamentos del proceso deseado.  Tal es el caso en la valoración del servicio y comida del hotel donde un fortuito aguijón me desmayó. Otrora refugio de la oligarquía, ese hotel es hoy una extensión de los corredores del poder que surcan la plaza Murillo. Aquellos que antes se deleitaban de su selvático encanto, hoy menosprecian su transformación – sospecho – debido a una valoración subjetiva envenenada del prejuicio que mata la igualdad e inclusión.

El potencial déficit fiscal, la subvención de hidrocarburos, la vulnerabilidad del sistema judicial son temas objetivos que debemos evitar caigan en las redes del discurso fácil del nuevo entorno electoral.  Ahora que la bonanza económica puede despedirse el 2013, debemos evaluar fríamente los aciertos y desaciertos de la actual gestión, para apuntar hacia puerto seguro. El debate electoral será sano y parte del ejercicio democrático que avanza a la patria hacia mayor justicia. Pero el aguijón de la subjetividad partidista estará siempre en la miel con la cual endulzamos nuestros deseos y esperanzas. En ese hotel, entre rio y selva, tal subjetividad habita en quienes resienten que una nueva burguesía haya ocupado ese territorio vacacional; una apreciación – sospecho -marcada de prejuicios y el aguijón de un racismo disfrazado de paladar gourmet.