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jueves, 4 de septiembre de 2008

Atajo al Desarrollo

Incapaz de ubicar a París en el mapa, el Presidente Melgarejo envió en 1870 un importante contingente del ejército boliviano para defenderla de un ataque alemán. Cuando un general le recordó que tomaría demasiado tiempo llegar y que habría que cruzar el océano Atlántico, Melgarejo espetó, “No sea estúpido, tomaremos un atajo”. La incompetencia y arrogancia de Melgarejo ahora tiene competencia en los anales de la historia, con la guerra que nuestro comandante en jefe acaba de declararle a las leyes del mercado.


El colapso del sistema económico mundial está siendo anunciado por los profetas del apocalipsis financiero. Su preocupación es sana y comprensible, a la vez que representa una fuerza vital del ser humano; un espíritu que desde tiempos inmemorables impulsa transformaciones necesarias para crear un sistema más justo y benevolente. El objetivo de los viudos del comunismo es loable y compartido por todo ser humano con la más mínima conciencia social. Ello no convierte automáticamente sus recetas en las apropiadas para superar la actual crisis (o mejorar la condición del pueblo), sobre todo cuando la receta no es otra cosa que una visceral manifestación de frustración que no dice (o hace) absolutamente nada. Su dolor existencial - convertido en panfletos de ignorancia - pretende reducir la complejidad de una economía globalizada a la falacia del hombre de paja que han creado con la caricatura del “neoliberalismo”.


Una pregunta sencilla puede ayudar a resolver el dilema. Si el culpable del descalabre mundial es el neoliberalismo, ¿es también culpable el liberalismo? Si existe una diferencia entre ambos ¿existen elementos rescatables del modelo liberal? ¿Cuáles? Lejos de establecer una discusión semi-sofisticada del problema, no existe la más mínima decencia y honestidad intelectual de definir al supuesto enemigo de la humanidad. El sofismo es tan sencillo como efectivo. Han logrado crear una abstracción que captura toda la frustración hacia el sistema de libre mercado, pero en vez de llamarlo “comercio internacional”, “inversión privada”, “ley de la oferta y demanda”, lo llaman “neoliberalismo”, para así arengar un odio basado en miedo e ignorancia. Muy astuta la estrategia, a la vez de absolutamente deshonesta.

La astucia política y oportunismo histórico de los nuevos poderosos ha sabido brillantemente capturar el desgaste de un pueblo cansado de racismo, exclusión y humillación. Su gran logro político lamentablemente viene acompañado de total falta de criterio económico. Sería interesante, por ejemplo, escuchar por parte de nuestros gobernantes su opinión sobre las diferencias que existen entre el neoliberalismo y el liberalismo “a secas”. El debate nacional, sin embargo, es sobre la legitimidad del poder y sobre las reglas de juego que serán próximamente impuestas a la fuerza. Por ende, si el MAS no fue capaz de discutir la lógica de su proyecto económico (más allá de vacías consignas “anti” A, B y C) antes de ser elegido gobierno, mucho menos explicará cual es el proyecto (más allá de recuperar los recursos nacionales) ahora que tiene el mazo del poder. La historia de la humanidad – afortunadamente – se encargará de traer Mahoma al altiplano.


Dos factores serán imposibles de ignorar por el triangulo bolivariano anti-liberal: el éxito del capitalismo en China y el triunfo del liberalismo de la izquierda de Obama. El primero es liberalismo sin libertad, el segundo es capitalismo sin prostituido mercado. Por una parte, los chinos han adoptado un modelo de desarrollo que atrae inversión extranjera para crear una economía dinámica capaz de alimentar a muchísimas bocas. Con lo que los chinos no quieren complicarse la vida es con el concepto occidental de libertades individuales y democracia. Por otra parte, el liberalismo de Obama tendrá como norte ideológico redistribuir la riqueza y cerrar las piernas del libre comercio, por lo menos lo suficiente como para evitar que las empresas norteamericanas, como Ford y General Motors, se globalicen al punto de convertirse en Chinas. El liberalismo de Obama intentará proteger los empleos de la clase trabajadora norteamericana, mientras que el capitalismo Chino intentará importar los empleos norteamericanos. Esta redistribución de riqueza dentro de EE.UU., y entre Este y Oeste será ejecutado bajo principios de libre mercado, con estricto respeto de la ley de oferta y demanda, y bajo una dinámica de desarrollo económico posible gracias a la inversión privada.


No obstante el continuado éxito del modelo de desarrollo liberal, la crisis hipotecaria, alimentaria y energética es utilizada como prueba del descalabro del modelo “neoliberal”. Empecemos por la crisis hipotecaria. Con el objetivo de permitir a familias de bajos ingresos se conviertan en propietarios de su hogar, el Ministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano de EE.UU. requirió a dos empresas “patrocinadas” por el gobierno adquirir préstamos más atractivos para el público. Es decir, a través de estas dos empresas las familias de bajos ingresos reciben un tipo de subsidio gubernamental para obtener un techo más barato. Estas dos empresas son Freddie Mac y Fannie Mae, que aunque pertenecen a accionista privados (con una cartera de 1.4 millones de millones de dólares), reciben un “patrocinio” del gobierno (con privilegios que no tienen empresas privadas) con la condición que avancen un propósito público. Es así que estas dos empresas patrocinadas por el gobierno reciben un subsidio estimado en 6.5 mil millones de dólares al año. El subsidio consiste en que están exentas de pagar impuestos y el privilegio de prestarse dinero más barato. Para ponerlo en perspectiva, estas dos empresas tienen una cartera equivalente a más de 300 veces lo que Bolivia exportaba en un año, y reciben un subsidio equivalente una cuarta parte de todo lo que producimos.

Freddie Mac y Fannie Mae son la mayor fuente de préstamos hipotecarios en EE.UU., y prestan a familias en regiones pobres del país. Por muy reguladas que sean estas empresas, es muy difícil evitar la especulación por parte de ciudadanos que abusan del sistema, que se prestan dinero para especular con casas que alquilan a terceros, bajo el supuesto que su precio seguirá subiendo. A su vez, el mercado tiene un mecanismo de auto-regulación que hace que el precio de bienes sobrevaluados sufra un proceso de reajuste, que ha visto el precio de los inmuebles caer precipitosamente. Las familias no son culpables, ni deben sufrir por esta rectificación. Por ende, un proyecto de ley patrocinado por los liberales en el congreso de EE.UU., aprobado por la cámara baja y el senado, ha sido diseñado para que la Administración de Vivienda Federal (ADV) garantice hasta 300 mil millones de dólares en refinanciamiento de hipotecas. El objetivo es evitar que familias pierdan su hogar, y estabilizar el mercado de viviendas para evitar el colapso de bancos e instituciones financieras. En caso de existir perdidas por préstamos respaldados por la ADV, estas pérdidas serian asumidas por el gobierno, y no por los bancos. El presidente Bush ha autorizado al congreso aprobar un paquete de rescate financiero que autoriza al gobierno comprar miles de millones de dólares en acciones de Fannie Mae y Freddie Mac y una línea de crédito del Tesoro para hacer frente a sus necesidades de financiamiento de corto plazo. La intervención del Estado permitirá que especuladores (padres de familia que asumieron riesgos demasiado elevados con tal de ponerles techo a sus hijos) no pierdan su hogar.
Otros que especulan son los inversionistas en el mercado de futuros de petróleo, que compran hoy el petróleo que será producido en (digamos) seis meses, para vender estos futuros a empresas que consumen grandes cantidades de combustible. Mediante la compra de futuros, las empresas pueden garantizar un precio al consumidor. Es un negocio arriesgado, donde se hacen y pierden fortunas. Con el actual enfrentamiento entre Israel, EE.UU. e Irán, además de la presión del incremento en la demanda mundial - en gran parte gracias a China e India - sobre el precio del petróleo, estos inversionistas están poniendo presión adicional. No debemos olvidar, sin embargo, que la mayor parte de las ganancias van a los productores de petróleo, cuya producción está en manos de gobiernos nacionales. En otras palabras, el petróleo del mundo ya ha sido nacionalizado. A menos que la propuesta sea eliminar el mercado de futuros, junto a la ley de oferta y demanda, pretender que “nacionalizar” la economía global (y crear un mecanismo mundial para establecer precios) ha de evitar una mayor escalada en los mercados aquí discutidos, es tan razonable como suponer que eliminar los colegios mixtos ha de eliminar el sexo entre adolecentes.

Por último, el sector agrícola es el sector que mayor subsidio gubernamental recibe en el planeta. Es decir, los tres mercados en problemas, lejos de estar estrictamente en manos privadas, ya sea reciben subvenciones, o están en manos de gobiernos nacionales. Con esta mención no quiero sugerir que estos mercados no deban ser regulados, intervenidos, o sus “dueños” exonerados de su responsabilidad social. Pero argumentar que las políticas “neoliberales” son las culpables del proceso de reajuste en la economía global es pura retorica sofista. Lo que los profetas de la crisis financiera no aceptaron en 1929, y tampoco aceptarán en 2009, es que la economía de libre mercado tiene la gran virtud de reasignar recursos en épocas de recesión, de manera de permitir crecer industrias con nuevo potencial (p.e. ecológico), y eliminar industrias cuyo ciclo de vida ha llegado a su fin. Suena cruel, y gente sufre en el proceso. Por ende, el gobierno debe intervenir para ayudar a quienes pagan un precio mayor que los cerdos capitalistas que pierden sus industrias, pero siguen teniendo millones. Mucho más cruel, sin embrago, sería que la economía global colapse y, en vez de un pequeño porcentaje de la población sin empleo, sean las grandes mayorías las que pasen hambre.

El gobierno boliviano no puede controlar los precios dentro de una economía de 10 millones de individuos, pero se siente con el deber moral de dar lecciones a los gobernantes de China, que han optado por el libre mercado y comercio exterior para sacar a sus miles de millones de ciudadanos de la pobreza. Vincent Lo, uno de los cerdos capitalistas detrás del éxito de la China en salir del subdesarrollo dice, “la única manera de lograr que una economía del tamaño de la China se mueva velozmente es a través del sector empresarial”. La Sociedad Armoniosa del presidente Hu Jintao, por ende, representa la armonía entre crecimiento económico y desarrollo social. Los chinos entienden que los dos son necesarios, y hablan de Francia y Alemania como las nuevas naciones socialistas de siglo XXI, que ofrecen seguridad social a la vez que utilizan la ley de oferta y demanda para asignar recursos. China, en contraste, aun no puede ofrecer esa seguridad social, y se ha convertido en la nación más pro-empresarial del planeta. El nuevo eje del mal “liberal” contra el cual nuestro gobierno pretende pelear una guerra, por ende, deberá incluir al ex-Dragón Rojo del Este.

Si vamos a la guerra, a nuestro pueblo debe quedarle muy claro que el nuevo enemigo ya no es “neoliberal”, sino el modelo “liberal” a secas, que incluye el comercio exterior y la ley de oferta y demanda. Al igual que en la guerra contra el terrorismo de EE.UU., Bolivia ahora perseguirá a su propio Hussein. Pero nuestro Hussein es Hussein Obama, quien junto a China y Francia forma parte del eje de mal “liberal”, a quienes se supone venceremos tomando (al desarrollo) un nuevo atajo.


Flavio Machicado Teran

jueves, 8 de febrero de 2007

La Maldición del Gas

Publicado en La Prensa, viernes 8 de julio de 2005

Si en Bolivia jamás hubiese existido una sola molécula de gas, la Constituyente y las Autonomía lo más probable hubiesen igual sido parte da la agenda política. A su vez, quisiéramos creer que en este escenario, debido a la ausencia de la consigna de “nacionalización” que ha sido tan efectiva en amalgamar el despotismo sindical, hubiese sido viable el discutir y manejar esta agenda dentro de un marco en el que impere la civilidad, la continuidad económica y la paz.

Lamentablemente tenemos la ilusión de una gran riqueza enterrada bajo nuestro suelo, que junto a un nacionalismo demagógico ha servido como disparador de la intransigencia política y de la movilización anti-democrática de una cuantiosa (pero minoritaria) agrupación social. Su violencia y frustración es comprensible, y su consigna más contundente es “no tenemos nada que perder”. Cuando más del 60 por ciento de la población vive debajo del margen de pobreza, no es de extrañarse que muchos tengan el deseo de inmolarse en vida y hacer probar al “burgués encorbatado” lo que se siente no tener para darle de comer a sus hijos. Pero por muy justo que sea su reclamo, sus tácticas políticas están demostrando ser suicidas para el país.

Lo triste es que al paso que vamos, ese deseo de que todos pasemos igual hambre cada vez será más real. Las empresas especializadas en medir el riesgo de inversión en el mundo y clasificar a los países colocan a Bolivia en los últimos lugares, y a consecuencia las inversiones en nuestro país se harán esperar. Tres de los países con mayor afluencia turística a Bolivia, EEUU, Inglaterra y Alemania están aconsejando a sus residentes evitar venir a nuestro país. Si regresan las movilizaciones y la correspondiente parálisis económica, es muy probable que empiece una fuga de capitales y que la banca se vea forzada a incrementar sus tasas de interés.

En Bolivia la pequeña y microempresa generan 8 de cada 10 empleos, con 83% de la población empleada absorbida por microempresas de hasta 9 empleados. Con cada punto porcentual que se eleve la tasa de interés, menor será la capacidad de este importante sector de generar más empleos. Peor aún, si estas pequeñas empresas siguen siendo estranguladas por bloqueos y parálisis social, muchas tendrán que cerrar sus operaciones o migrar fuera del centro del descontento.

La deuda externa boliviana acaba de ser reducida en un 41%, lo que representa 2.006 millones de dólares y una reducción anual de 113.4 millones de dólares que deberán ser destinada al gasto social. Los grupos radicales movilizados no ha celebrado ni visto en ello un avance de sus justos reclamos, pero si el país – a consecuencia del clima de inestabilidad - cae en un espiral de pobreza, seguramente paralizaran el país una y otra vez hasta lograr vengar años de abandono y corrupción por parte de la clase gobernante. Lo triste es que una justa reivindicación para el pueblo de Bolivia sería desarrollar no tan solo nuestra economía, sino un marco jurídico con el que se meta preso a quien en el futuro intente corruptamente lucrar del poder delegado por el verdadero soberano. Pero en lugar de sed de justicia tenemos sed de venganza, y con tanta permisividad política, con su correspondiente profundización del hambre, habremos terminado de legitimar las consignas de quienes hoy abiertamente proclaman, y pronto se sentirán justificados de, saquear no solo nuestra democracia, sino también nuestro hogar.

sábado, 13 de enero de 2007

Acepto y Confieso

Es época de resoluciones y no de confesiones, y por ende debería guardármelas para Semana Santa. Pero ahí les va una. Lo que procedo a confesar será tristemente obvio para quienes se han tomado la molestia de leerme. Los demás tendrán simplemente que creerme que en esta columna no digo nada, y su formato sigue una fórmula tristemente predecible y hasta ridícula: Primero introduzco una reflexión banal sobre algún acontecimiento reciente o pasado, que sirve de contexto para ejemplificar un principio. Luego elaboro el principio, dejando en claro “por qué” lo considero importante, para entonces terminar con una reflexión de cómo aplica ese principio a nuestro medio. En mi conclusión me encanta fustigar a nuestros protagonistas y representantes por fracasar miserablemente a la hora de aplicar una base coherente a su razonamiento y conducta, algo que hago con frecuencia, y por ende mi culpable sentir.

Idealmente quisiera hablar del fondo de las propuestas, del contenido de las estrategias, sean éstas políticas o económicas. Si pudiese elegir, preferiría analizar y evaluar el diseño de un buen gobierno, o siquiera aplaudir el reflejo honesto aunque sea de algunos valores básicos. Pero es tanta la contradicción, tan grande la capacidad de torcer la realidad hasta que su forma proyecte nuestra agenda personal, tan grande el vacío de una mínima ética en nuestra reflexión, que no puedo evitar dirigirme a la construcción básica de nuestra percepción. Si por ejemplo un boliviano con antecedentes de estafa y prisión emigra ilegalmente a EEUU, y es arrestado frente a la Casa Blanca porque sostenía en el aire un cartel con las palabras “Muera Bush Asesino”, y a raíz de su protesta (no un crimen) es deportado, nuestra respuesta contrastaría la que ha suscitado la detención de Amauris Samartino. No importa cuan idénticas sean las circunstancias entre nuestro imaginario compatriota y el cubano en cuestión, nuestras percepciones estarán determinadas no por principios, sino por la agenda y resentimiento personal.

Bolivia atraviesa un momento óptimo, y las condiciones para su desarrollo nunca fueron mejores. Las arcas del Estado empiezan a hincharse de divisas. Pero ¿de qué sirve ese capital si no estamos creando empleos? Lejos de crear empleos, el Gobierno ha decidido – en el más puro estilo neoliberal – reducir el tamaño del aparato estatal. Si la movida respondiese a una postura ideológica e imperativo económico, seria digno de ovación. Pero sabemos que no son las ganas de reducir el déficit fiscal o aparato estatal el que alimenta esta reflexión gubernamental sobre cómo mejor invertir nuestro “ahorro interno”.

Evidentemente los empleos se crean con inversión privada, y no con paternalismo Estatal. Tal vez por ahora hubiese ayudado al efecto multiplicador en la economía tener una masa laboral subvencionada por el Estado, y tal vez el Estado pueda crear empleos mediante proyectos de inversión en infraestructura y servicios sociales. Pero los empleos los crea el sector privado, y ese es un principio que difícilmente entra en la cabeza de quienes – y ahora si que “por principio” – se la tienen jurada a “la comparsa” que es responsable de “los peores males políticos, sociales y económicos que ha vivido el país en los últimos 20 años”. El jurado oficialista ya salió de su deliberación en este sentido, y cualquiera que pretenda invertir en una empresa es ahora el enemigo, diga lo que diga el “buen policía” de esta gestión, la esquizofrénica voz de la cordura y rebelión armada, el señor del abrigo negro. Mientras tanto los empleos son cada día más escasos.

Esta columna no dice nada, y ni siquiera se atreve a llamar por su nombre al Vicepresidente García Lineras. Me siento como el idiota del pueblo que no hace mas que reiterar una y otra vez la misma cantaleta. Quisiera poder confesar que esto refleja la pobreza en mi estilo bucólico, y mi limitación intelectual. Lamentablemente creo que más bien refleja lo incapaces que hemos resultado – todos - a la hora de vivir y progresar bajo los principios más elementales. Existe un vacío de principios tristemente básico, y confieso que en mis columnas no lo puedo dejar de señalar.

Flavio Machicado Teran