lunes, 6 de octubre de 2014

Misa Crítica

Cuando un mono lavó su camote en una isla japonesa, dio lugar a una revolución cultural. Sucedió en 1958, durante un experimento científico que consistía en arrojar camotes en la arena. De pronto, a un macaco se le ocurrió lavar el tubérculo. Su conducta fue imitada por otro mono, luego por otro, hasta llegar a la masa crítica. Cuando varios macacos de la isla de Koshima entendieron que lavar el camote era una forma más sabrosa de engullir calorías, la conducta pasó a formar parte de su arsenal cultural.

Después del centésimo macaco que lavo su comida, todos empezaron a degustar camotes dulces sin retrogusto a trocitos rocosos de sal. En el caso de los seres humanos, repetimos conductas destructivas sin importar el resultado. Para nuestra especie, la “masa crítica” funciona bien en el mercado de consumo, donde aprendemos rápidamente a degustar de la última moda. Pero cuando se trata de conductas que contribuyan al bien común, nuestra cultura milenaria se convierte fácilmente en individualista, egoísta e irresponsable.

¿Cooperar no botando basura? Para qué, ¡si es solo un pedacito de papel! Cuando millones tiran un pequeño papelito, se transforma en un gran tapón que, de darse una tormenta de granizo como la del 2002, puede causar otra tragedia. Tal vez sea un residuo del neoliberalismo pero, sin importar las consecuencias, el citadino se niega a cooperar con los demás. De boca para afuera es un ser comunitario. Su conducta, sin embargo, demuestra que se avoca a su interés personal.

En la isla de la zona sur de La Paz, barrio de todo estrato social, la Alcaldía ha creado (sin pensar) su propio experimento. Debido al reordenamiento vehicular recientemente implementado, una de las salidas de Achumani es a través de la calle 20 de Calacoto, donde se instaló un semáforo para que el tráfico pueda cruzar de Este a Oeste la avenida Ballivian.

Los transportistas protestaron que el semáforo de la calle 20 les perjudica. Cediendo al chantaje sindical, la regulación tecnológica del tráfico fue cancelada. No obstante la actual libertad de transitar por esa intersección de manera irrestricta, se observa choferes que disminuyen la velocidad, permitiendo que los que vienen de Achumani crucen delante de ellos.

Al igual que los macacos aprendieron a lavar sus camotes, es posible que los conductores aprendan a cooperar, para así agilizar el tráfico. Reemplazar el semáforo de la calle 20 con la cortesía de permitir que fluya el tráfico, es una manera de aportar al bien común. Porque cuando se bloquea una intersección para ganar 20 segundos, aquellos coches que pretenden cruzar dicha intersección pierden minutos. Y cuando vamos sumando los minutos, el bloquear intersecciones causa un círculo vicioso.

La “ventajita” de bloquear la intersección hace creer que ganamos 20 segundos. La mezquindad, sin embargo, resulta inútil. Al igual que el pedacito de papel que tiramos se acumula, cuando todos bloquean su respectiva intersección, construimos un tapón en todas las calles, lo cual nos hace a todos perder horas.

Bloquear una intersección es egoísmo; un acto mezquino, irracional y cortoplacista. No bloquear una intersección es un acto de interés personal, porque promueve la cooperación y aporta al bien común. Muchos hablan en contra el egoísmo, como si estuviesen en una cruzada medieval. A la hora de ejercer su “patriotismo”, sin embargo, tiran basura a la calle y bloquean intersecciones. Con seguridad no entienden la diferencia entre egoísmo e interés personal.   


Muchos fieles del poder disfrutan la moda del “comunitarismo”. Pero cuando actúan, piensan solo en ellos. Afortunadamente la necesidad es la madre de la colaboración. Cuando la urbe crece, se necesita de más que rituales cristianos o demagogia socialista; se requiere ejercer las bondades de la cooperación. Lo fácil es llenarse la boca de votos de hermandad y solidaridad; lo difícil es ejercer en las calles (y por interés personal) el compromiso de colaborar con los demás.

martes, 23 de septiembre de 2014

Bien Vivo

Un buen barómetro de la evolución social es el trato a los animales. Mientras más primitiva una cultura, mayor el grado de crueldad ejercido cotidianamente sobre indefensas criaturas. Rasgarse las vestiduras, sin embargo, no cambia nada. La evolución es lenta. Es por ello que recién el año 2114 se estudiará en el Congreso Nacional la creación de una Unidad de Protección de Animales, dotada de un buen presupuesto y autoridad legal para enjuiciar casos de abuso y descuido negligente de mascotas.

Leyes que protejan a los animales no se aplican. Leyes que hagan responsables a dueños de mascotas que infligen daños a terceros también quedaron en la anécdota. Más allá de gran indignación ocasionado por Rosalia, una niña destrozada por unos rottweilers, el marco legal y aplicación de la norma sigue casi igual. Vivimos en un limbo de rabia intermitente, piojos viajeros y un coro de ladridos que acurrucan la Plaza Murillo.

Nos parecerá hasta ridículo que el ADN (código genético) de un sabueso deba estar registrado en una base de datos, que permita identificar el propietario del cachorro que dejó en la calle un fétido recuerdo vaporoso. En otras latitudes, en cambio, si un perro se sienta y el dueño no levanta, un agente recogerá y analizarán las heces, encontrarán al dueño, y éste recibirá una multa por ensuciar la vía pública. En sociedades capitalistas, el Estado regula la tenencia y trato de animales domésticos (a la vez que permite torturar gallinas enjauladas y vacas en el matadero).

De vuelta al rancho, en la ciudad de La Paz, allá donde los límites de la urbe se tropiezan con huertas y granjas, hay quienes lucran a costa de los vacios legales en los que habitan nuestros animales. Cuenta la anécdota que un granjero que cría chanchos tiene un corral cerca a un camino cuyo tráfico se ha multiplicado en los últimos años. Cuando pasa a pie un individuo de perfil urbano, el granjero amenaza con matar a un perro, que junto a los cerdos retoza impávidamente dentro el corral.

Al perro se lo acusa de haberse comido un chancho. No falta un amante de los animales que se apiada del perro y paga su rescate (según la leyenda, de hasta Bs. 2.000). Lo que el insospechado humanista no sabe es que el perro es propiedad del granjero, quien lo utiliza de carnada para extorsionar a filántropos con ingresos disponibles.

Moraleja: mientras criticamos el neoliberalismo ajeno, en Bolivia hay libre mercado no solo para ropa usada, autos chutos, coca inmasticable, mercados informales y partes robadas. El neoliberalismo boliviano también aplica a esa otra propiedad privada, con la que podemos hacer lo que nos venga en gana, libres de toda regulación: nuestros animales. Aquí matar un perro es casi un derecho a la libre  expresión.

Hablando de vacios legales, en el mundo de las finanzas se debate hasta qué punto la regulación bancaria evita que codiciosos especuladores pongan en jaque al sistema una vez más vendiendo bonos chatarra, y hasta qué punto las regulaciones sofocan la recuperación económica global. El tema es uno de equilibrio, o efecto “la sopa de Ricitos de Oro”: ni tan caliente que queme la lengua, ni tan fría que pierda su sabor.

La conducta del granjero, en todo caso, tiene algo en común con la del banquero: obedece a incentivos/desincentivos. El granjero (al igual que el banquero) es bien vivo: identifica una oportunidad de hacer dinero. Si su amenaza de matar a su propio perro no encuentra obstáculo alguno en normas legales o una Unidad de Protección de Animales, entonces le mete no más.


Los valores son importantes, pero no son la única herramienta para transformar la conducta. El individuo actúa de manera racional, por lo que también obedece a castigos por parte del Estado e incentivos por parte del mercado. Pero en vez de buscar equilibrios entre estatismo y economía de mercado, es más popular rasgarse las vestiduras. Con razón que en vez de crear complementos, preferimos seguir no más viviendo bien felices con este y con el otro animal.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Secuela de Escuela Patriarcal

Todos odian y reproducen a la vez el patriarcado. Suponen que su génesis es la Revolución Industrial, cuando la sociedad se liberaba del yugo de reyes. El patriarcado, sin embargo, data de mucho tiempo atrás. Solamente en la maquinita productora de demagogia populista (que algunos confunden con cerebro), es concebible promulgar que el patriarcado es producto del capitalismo.

La diosa de la fertilidad, de fases lunares y buenas semillas, fue reemplazada por el dios de la guerra. De vivir en pequeñas comunidades agrarias, las tribus entraron en una vorágine de acumulación territorial. La comprensión de ciclos y don de dar a luz femenina, fue opacada por la capacidad masculina de quitarla. Las sociedades de la antigüedad eran equilibrios inestables, en las que la disciplina, obediencia y verticalidad era cuestión de supervivencia. Las crisis políticas eran el pan de cada día: no había lugar para la intriga o traición.

Sin grabadoras para desprestigiar al oponente político (ni medios para socializarla), las jerarquías en la antigüedad se mantenían al precio de sangre. Con el tiempo, el caudillo (patriarca) se hizo más sofisticado. En vez de cabezas sobre una estaca, perfeccionó los mecanismos de control social. De esa manera, de ser una institución diseñada para imponer orden en la familia (y control de la sexualidad femenina), el patriarcado evolucionó a una institución que impone orden social. El padre se convirtió en Estado.

El patriarcado es una forma adicional de imponer orden social. Hoy resulta difícil diferenciar entre las relaciones sociales sexo–políticas (que marcan jerarquía de género), de relaciones de poder (que marcan jerarquía, pura y simple). El Estado (patriarca) se adscribe el monopolio al uso de la violencia, es quien cobra impuestos y quita nuestra libertad por transgresiones a la ley.

El miedo a la traición de eras pasadas se ha convertido en el miedo al engaño ciudadano. Naciones verticales, tierra de caudillos, intentan disuadir la evasión del deber mediante una maraña de leyes. La burocracia debe controlar la conducta y limitar la capacidad del ciudadano de alterar el orden político. Juicios eternos y leyes antiterroristas, vigilancia a las transacciones financieras, secuestro de tuiciones del Poder Judicial para controlar contratos privados; todas son maneras de ejercer la paranoia patriarcal, cortando tan solo figurativamente cabezas.

La diferencia entre una sociedad de patriarcas, vertical y proto-fascista, y una sociedad democrática, de iguales y horizontal, es la cantidad de normas, leyes y represión necesaria para que el ciudadano actúe idóneamente. Cuando el Estado no confía en sus ciudadanos, debe sofocar la iniciativa personal, controlar las transacciones, escudriñar sus conductas. Cuando los principios básicos permiten el marco de valores esenciales, el individuo puede actuar con mayor grado de libertad en su afán de contribuir al bien común.

En Estados proto-fascistas, el gobernante usa una maraña de normas constitucionales para imponer su concepto de justicia, aquello que merece castigo y valores que todos debemos enarbolar. En un Estado liberal, la Constitución establece principios básicos y el individuo debe obedecer el espíritu de la ley (no el discrecional antojo del patriarca).

En ambos casos, el Estado debe imponer castigos a quienes violan la ley. En el primer modelo el marido se permite bailar bolero con la esposa del amigo, pero luego le recrimina a la esposa por bailar sola frente al espejo. En el segundo modelo, ambos son libres de expresarse al son de la música: lo que importa es el compromiso entre ellos de no lastimar ni portarse mal.

Cualquiera sea el modelo político, los principios, normas y valores se vuelven con frecuencia una excusa para ejercer dominio sobre los demás. Lo único predecible es la doble moral de hijos e hijas del patriarca; secuela de ser parte de una misma escuela. Pero en cuanto a un Estado machista se refiere, temo que el modelo estatista es más machista que la democracia liberal.


martes, 2 de septiembre de 2014

Inversión de Roles

El rey de la hamburguesa es Jorge Paulo Lemann, un brasileño, co-fundador de 3G, el holding dueño de Burguer King. La sede de esta cadena de restaurantes abandona EE.UU y se muda al Canadá. El éxodo que emprenden empresas norteamericanas de su propia patria, supuestamente suelo über-capitalista, es la nueva forma de evadir impuestos; una estrategia que el Presidente Obama ha llamado “anti-patriótica” (“vendepatria” en nuestro argot).

En EE.UU., el código fiscal obliga a Burguer King pagar impuestos sobre ingresos por ganancias obtenidas en Bolivia. Por ende, los 18.000 restaurantes en 100 naciones – con sede ahora en Canadá – tendrían que pagar más impuestos si su sede todavía fuese Florida, en vez de Ontario. La actual regulación fiscal conduce a muchas empresas norteamericanas a buscar refugio en el extranjero. 

El rol de vecino cuasi-socialista, con un régimen fiscal poco atractivo, solía ser para Canadá. Los papeles se han invertido y ahora EE.UU. es el vecino que desincentiva la creación de empleos. En los últimos 3 años, 22 empresas norteamericanas se han mudado al exterior. Otra reversión de roles es la que intenta realizar el nuevo primer ministro de India, Narendra Modi quien, como gobernador del estado de Gujarat durante 12 años, logró instituir un clima de negocios atractivo para la inversión privada.

La economía India sufre de una estanflación, producto de altos niveles de burocracia, corrupción e incompetencia, lo cual llevó a las empresas privadas a reducir sus inversiones a la mitad. La infraestructura en India está décadas detrás de la China; casi 90% de la economía es informal y su sector industrial de manufactura tan solo aporta el 11% del empleo. Las finanzas del Gobierno indio sufren del hecho que solamente el 3% pagan impuestos. El reto es grande y Modi ha decretado el rumbo: “India necesita menos gobierno y más gobernanza”.

El renacimiento indio de Modi requiere sanear las finanzas públicas e incentivar el intercambio comercial con sus vecinos, incluyendo su enemigo histórico, Paquistán. Los japoneses y coreanos tienen su vista puesta en India, donde prefieren invertir, en lugar de China. En vez de incrementar impuestos y desincentivar la inversión, India pretende (al igual que Canadá) expandir la base de empresas e individuos que contribuyan con sus tributos al desarrollo nacional.

Mientras los indios y canadienses invierten su rol cuasi-socialista, en Bolivia el sector industrial, empresarial y energético empieza a sentir las consecuencias de la ausencia de inversión privada. Los actuales paliativos tan solo retrasarán las inevitables reformas, que llegarán solo cuando el agua llegue al cuello. Al comunismo europeo, después de todo, le tomó más de 50 años entender las limitaciones del estatismo. Pero en lugar de alentar una reforma a las políticas de subsidio a los hidrocarburos, la oposición se deleita con acosar al Gobierno por su gradual “sinceramiento” de la economía.

A un par de meses de elecciones nacionales, el debate en Bolivia se enfoca en el “machismo”, un mal compartido a lo largo y ancho de clases, etnias, políticos y hombres con y sin poder. Entretenidos todos los políticos  con desprestigiar al oponente, el sutil acoso a pequeños empresarios, actualmente asfixiados con leyes y regulaciones, pasa desapercibido. Ignoramos el hecho que, en cuanto a clima de negocios, Bolivia ocupa en el mundo el puesto 162 (apenas dos por encima de Afganistán).


La alevosa doble moral no resuelve un problema estructural: una alarmante incidencia de violencia contra la mujer. Y si debatir sobre el machismo y sus fatales vicisitudes es fundamental, tampoco debemos olvidar el acoso a bolivianas, que sufren de la maraña burocrática; empresarias que quieren vivir de su trabajo honesto, pero que deben ceder al sector informal su rol como motor del empleo. El Estado tal vez quiere asumir el rol de la empresa más grande. Pero es al sector informal a quien se le permite - libre de impuestos y regulación - ejercer a su antojo el papel de nuestro mayor patrón.

domingo, 31 de agosto de 2014

En Siria

El terrorismo es cosa seria. Por lo general el terrorista de uno es héroe del otro. Ejemplosvan desde al Comandante Che Guevara hasta Nelson Mandela. Los terroristas del Estado Islámico en  Irak y el  Levante (EIIL), en contraste, parecen haberse ganado el título de “enemigo público número uno” en ambos bandos geopolíticos. Con asesinatos en masa por no obedecer el dictamen de cambiar de religión y su asedio al dictador dujour, don Bashar al-Assad, parece que estos chicos malos lograrán confundir aún más el relativismo moral que reina estos días.

En contraste al ejército Israelí, el gobierno de Siria no posee un arsenal de misiles guiados por láser. Su manera favorita de matar terroristas es lanzando bombas de barril en medio de mercados. No es inusual que a Bashar al-Assad se le otorgue prerrogativas que se censura en otros, especialmente cuando aquel que aplica dicha violencia es judío. La gran ironía del siglo XXI, sin embargo,pudiese ser que Bashar al-Assad autorice (en secreto) utilizar misiles norteamericanos guiados por laser en la destrucción de su enemigo.

No daríamos la bienvenida a sugerencias de árabes y semitas sobre cómo implementar en nuestro continentela novedosaconcepciónde “derechos humanos”. Y aunque lo que maquinen los persas si nos interesa, no deberíamos asumir que cala en mentes árabes y semitas nuestra opinión sobre cómodebe manejarse en Siria la amenaza de EIIL. Muy al margen de nuestra opinión, el autorizar a aviones norteamericanos disparar a terroristas en suelo Sirio es una decisión que árabes, persas y sirios tal vez tendrán que consensuar.

Existe evidencia contundente que en Siria el gobierno ha utilizado armas químicas para combatir el terrorismo. Ese hecho no recibió condena alguna de nuestros analistas de gran Levante,porque ellos parecen no conmoverse con las 192.000 personas que han perdido su vida en manos de ese gobierno amigo. ¿Qué dirán los amigos de Irán si aviones de la OTAN ahora embisten al “enemigo de su enemigo”?

El maniqueísmo es una herencia medieval que impide soluciones serias. En nombre de verdades absolutas, la mentalidad tribal nos hunde en un relativismo moral que convierte al “enemigo de mi enemigo”en“amigo”. Consideraciones éticas universales caen por la borda del pragmatismo geopolítico. Los ideólogos anti-imperialistas ahora deberán sopesar algo impensable: que el policía del mundo ejerza su rol con idoneidad por lo menos una vez en su vida.

Que Siria autorice a aviones norteamericanos disparar contra EIILen su suelo es dudoso. Las preguntas siguen siendo legítimas:Puede la comunidad internacional apoyar en Siria la lucha contra los terroristas más crueles de la historia?Si EIIL es el enemigo común, ¿se justifica cruzar la frontera de Irak y atacarlos en Siria? ¿Los 192.000 asesinados en Siria eran todos terroristas de EIIL?

Los ideólogos del bien superior podrán retorcer la lógica y ética para justificar las acciones del gobierno sirio y bailar sofistamente alrededor de la posibilidad que EE.UU. sea (en teoría) aliado de su dictador amigo. Incluso seráncapaces de condenar maniqueamente cualquier esfuerzo sirio de cambiar armas químicas y bombas de barril por tecnología norteamericana en su lucha contra el terrorismo de EIIL. Lo que no podrán es explicar la razón detrás de su indignación selectiva, que calla cuando los que perpetran crímenes contra la humanidad son aliados que avanzan sus intereses geopolíticos.


Combatir a terroristas que – de tener el poder – nos obligarían a decidir entre su religión o la muerte, no permite cálculos antojadizos y relativismo moral. Pero la capacidad de los intelectuales del “bien y el mal”de escabullirse en su retórica sofista y manipular al colectivo es cosa seria.  Han callado sobre Siria y su opinión es intrascendente en acontecimientos en pleno desarrollo. Pero ahora que la amenaza de EIIL es cosa seria, esperemos de ellos mínima seriedad y consistencia, aunque sea solo para defender la supervivencia en el poder de su genocida favorito. 

lunes, 25 de agosto de 2014

Una Yihad Migratoria

Bajo el manto de una amenaza terrorista, el Plan Cóndor justificó la aplicación de infames estrategias extra-judiciales. En contraste, los imputados en el caso Rozsas de terrorismo reciben un trato inconmensurablemente más digno, humano y apegado a derechos universalesque terroristas de antaño, quienesfueronbrutalmente torturados, su liberta secuestrada, su vida apagada.

En la película “Olvidados”,aparece un agente de inmigración boliviano que reconoce haber disfrutado la tortura psicológica que aplica a un ciudadano norteamericano con doble nacionalidad. Cuando se contrastalos horrores que vivieron revolucionarios en la década de 1970 al “inocente” suplicio que sufre este boliviano, que migró a EE.UU.y ahora regresa de “turista”, es casi inevitable celebrar la lenta evolución de los derechos civil. En contraste, el sutil acoso migratorio y discrecionalidad aplicada al yankee, capitalista e imperialista de sangre boliviana resulta bastante cómico.

Por sutiles las tácticas y civilizadas las condiciones en las que se retiene hoy al enemigo en la guerra contra el terrorismo, aquellos imputados por ese crimen igual han sido privados de su libertad. Por grandes los avances en derechos civiles desde 1970, las estrategias judiciales todavía acusan grandes deficiencias (por ejemplo, los imputados retenidos años sin una condena o juicio en la base militar de EE.UU. en Guantánamo).

El cambio de 1974 a 2014 es grande. Requeriría de gran ingenuidad, sin embargo,  suponer que hemos alcanzado lacúspide de la libertad. La libertad jamás será absoluta y un “terrorista”no debe ser libre de atentar contra la integridad del Estado. A veces resulta difícil definir quien es un terrorista, quien defiendela integridad de su nación y quien es un separatista.

El secuestro mediático ha creado un entorno en el que es difícil entrever los pormenores de la guerra civil en Siria y de los esfuerzos separatistas en el este de Ucrania.  La actual hegemonía que ejerce el poder oficial sobre el discurso popular seguramente provocaría envidia entre aquellos graduados de la infame Escuela de las Américas.

Para muestra un botón: aquel candidato que tenga la osadía de hablar del modelo de desarrollo chileno (gobernado por una socialista),o del modelo peruano (gobernado por un indígena de izquierda),sería inmediatamente fustigado en el 80% de los medios como un vil “neoliberal”. Fin del debate.

El debate es un estamento inviolable en democracias más evolucionadas. En Rurrenabaque y la Sagarnaga tal vez quieran saber por qué en la Plaza Murillo deciden vengar las muertes de inocentes civiles palestinos mediante un sutil acoso migratorio a inocentes civiles israelitas, que representan el más importante flujo de turistas provenientes de otros continentes. Otros querrán entender por qué el derribo del avión comercial de Malayasia Airlines por un misil, o las cientos de miles de civiles brutalmente asesinados por su propio gobierno en Siria no provocaen los Andes igual indignación.

El ejército Israelí ha cometido atroces crímenes contra la población civil en su intento de socavar la capacidad de Hamas, considerado una organización terrorista incluso por enemigos de Israel: Egipto, Jordania, Arabia Saudita y Emirato Árabes Unidos. Los palestinos en su mayoría viven en Cisjordania. El presidente de Cisjordania, Mahmoud Abbas, públicamente criticó a Hamas por provocar “muertes innecesarias” y “lucrar de la sangre Palestina”.

Aquí no hay “buenos” y “malos”, hay un complejo conflicto que amerita objetividad, no fundamentalismo. Pocos medios nacionales seguramente se atreverán a brindar ambos lados de la moneda, un secuestro mediático que podría incitar sentimientos anti-semitas en Bolivia. Esperemos que periodistas que sí se atreven a dar una voz a Israel (PAT) no paguen por su atrevimiento de incitar un debate.


Los dineros semitas han sido implícitamente declarados poco gratos. Aquellos que viven del turismo seguramente  querran entender por qué el bienestar de su familia debe ser mermado en nombre de un tipo de yihad migratoria. 

miércoles, 11 de junio de 2014

Excepcionalismo Andino

Pocas palabras tienen una definición tan enigmática. ¿Qué es el excepcionalismo? El término fue “inventado” en EE.UU. y durante muchos años fue palabra solamente reproducida en bocas fieles al poder en Washington. El concepto forma parte del proyecto civilizador que se les vendió al pueblo norteamericano (bastión del “excepcionalismo”); un proyecto nacional basado en una visión del resto del mundo como un refugio de tiranos y retrogradas que necesitan ser iluminados por la misma gracia divina que ilumina a su nación.

Recurrir a un vehículo de transporte público tal vez ayude entender mejor el concepto. Imagínese que usted transita la ciudad bípedamente y se detiene a esperar que la luz cambie, dándole derecho a cruzar  la acera. Cuando la luz cambia a verde y usted pretende seguir su camino, un taxi se pasa “entre amarillo y rojo”, obligándolo abruptamente a detenerse. Indignado, usted fustiga al apuradito chófer. Pero ahora imagínese que usted es el pasajero de dicho taxi y observa la misma escena, esta vez dentro del vehículo y llevando mucha prisa. Su percepción de los hechos no es la misma que cuando era un peatón.

Moraleja: Cuando son los intereses de uno los que están en juego, el pasarse “apenitas” en rojo y obligar a maniobrar por su vida a un peatón es peccata minuta.

Cuando EE.UU. aplica un pragmatismo geopolítico en nombre de su seguridad nacional y agenda “democrática”, eso es condenable. Pero cuando es el pobrecito de mi, bien desfavorecido “che”, quien practica un tipo (menor e inocente) de excepcionalismo, entonces es justificable, pues.

En 1941, un editorial de la revista Life emplazaba a  EE.UU. “(a)…aceptar de todo corazón [su] deber y oportunidad como la nación más poderosa y vital del mundo; y en consecuencia ejercer sobre el mundo el impacto total de [su]  influencia, hacia aquellos propósitos que [vean] necesarios y utilizando los medios que [consideren] necesarios”. Es decir, yo (EE.UU.) debo hacer cosas medio turbias, porque yo (policía del mundo) tengo el deber moral de – a veces - torcer la ley en nombre de un bien mayor.

¿Todavía es enigmática la definición? En las relaciones de pareja también hay excepcionalismo. El equilibro de poder es – después de todo - un elemento en el proceso de amarse mutuamente. Evidentemente hay un bien común: el bienestar de la pareja. Según la hegemonía patriarcal, se justifica mentirle al conyugue en nombre de esa unión. El excepcionalismo del hombre autoriza el violar el voto a la fidelidad que impone sobre su pareja. Mentir es por bien de ambos. La mujer tampoco está exenta de “excepcionalismos” cuando se atribuye permisos que niega a su pareja, bajo la excusa que ella es moralmente superior.

El excepcionalismo andino fue célebremente enmarcado en la frase “meterle no más”. El estándar de conducta que imponemos a ex – mandatarios nacionales (ahora prófugos de nuestro tipo de justicia) que no supieron evitar que casi una veintena de personas se inmolen en una gasolinera de El Alto cuando robaban gasolina en medio de un golpe de Estado, no se aplica a un tirano-amigo en Siria, que lanza sobre civiles bombas de barril. El excepcionalismo andino tiene cientos de ejemplos enmarcados en torcidos derechos humanos, una gran reserva económica de gastos justificados y una agenda anti-terrorista salpicada de geopolítica criolla y extorsión.


El excepcionalismo andino tiene larga data. La agenda revolucionaria y anti-imperialista del Dr. Paz Estensoro, por ejemplo, tomó un giro pragmático cuando se refirió al embajador norteamericano como “el compañero Henry Holland”. Luego, en nombre de un bien mayor, emplazó a líderes de la oposición a habitar campos de concentración. El poder en los Andes – después de todo - es rey; y el rey no ha de abdicar el trono sin antes emplazar todo tipo de artimañas. Las astucias criollas están justificadas porque, cual chófer de la nación, el poderoso está justificado por su noble agenda a pasarse un semáforo en rojo. El líder de turno – después de todo – siempre lleva prisa por salvar nuestra nación.