sábado, 17 de enero de 2009

®evoluci♀n

®evoluci♀n

El último gran mercenario de una batalla medieval se despidió con las siguientes palabras: “Asesinar inocentes para avanzar una ideología está mal todo el tiempo, en todo lugar”. Sugiero que expandir la democracia en nombre de la seguridad nacional norteamericana es una “ideología”. A su vez, utilizar fuerza militar para imponer libertad en Irak ha resultado en la muerte de inocentes. Con sutilezas semánticas y una movible interpretación legal de lo que representa “tortura”, el campo ideológico del ex -Presidente Bush pretenden exonerarlo de sangre estúpidamente derramada. Tal vez George W. Bush jamás tenga entre las manos el bastón de mando; pero su ignorante visión del “bien y el mal” continuará gobernando nuestra conducta.

Llegó a su fin una era contaminada por el cerebro menos privilegiado que desde la Casa Blanca haya gobernado. Nos engañamos, sin embargo, al suponer que el mundo ha cambiado mágicamente con su partida; o que nuestro cerebro procesa la información de manera diferente de aquel a quien con vil desprecio despedimos. La epidemia del narcisismo post-moderno nos conduce a la ilusión que nuestro cerebro no tiene nada en común con el cerebro de Bush. ¡Ya es hora que se vaya! Me refiero a una lógica reduccionista, que simplifica la realidad en polos opuestos, antagonistas y eternamente irreconciliables.

Es precisamente esta lógica lineal que en tierra de Jesús conduce a los bandos de una ancestral pugna empecinarse por eliminar al otro. Si el vecino encarna la maldad, lo lógico es intentar erradicarlo. Esta lógica lineal no es producto de la burguesía, capitalismo o moral judeocristiana occidental. Es una manera incompleta de procesar la información que – en el proceso evolutivo de la consciencia – ha favorecido al cerebro izquierdo, creando una escala de valores “masculina”. En la lógica lineal predomina el ímpetu de proteger a los nuestros, erradicar peligros y acumular armas que ayuden a enfrentar crisis, entre ellas el dinero.

La supremacía de la lógica lineal no ha impedido un proceso dialectico que permite a la civilización compartir valores. Simplemente ha hecho más tortuoso el camino. A pesar de esta limitación cognitiva, hoy tenemos en común muchísimo más que lo que jamás tuvieron civilizaciones enemigas de nuestros antepasados. El proceso continúa y ha de requerir de mayor síntesis dialéctica, fusión y libre interacción entre diferentes ideas sobre cómo perfeccionar nuestra convivencia.

El proceso de integración continuará, no sin antes caer en actitudes deleznables, como la de los medios de comunicación que “ofendieron, provocaron y humillaron” a George W. Bush. La crítica suele ser ruda. Pero es gracias al permanente cuestionamiento de la lógica con la cual pretendió hacer el bien para su pueblo y expandir la “gracia” divina de la libertad, que el mudo entero ha aprendido una valiosa lección: para enfrentar cualquier crisis debemos trascender el limitado fundamentalismo ideológico, para utilizar todas las herramientas disponibles.

Integrar la perspectiva “femenina” del cerebro derecho ayudará a procesar información de una manera más compleja. Para ello debemos aprender a escuchar mejor y sentir compasión por nuestros detractores. Es con compasión hacia su malvada ignorancia que me despido de la era de Bush, para dar la bienvenida a una nueva era de diálogo, tolerancia y reflexión orientada a reconciliar aparentes contradicciones. Es con compasión hacia mi propia inclinación a compartir con ironía únicamente aquello que puedo comprender, que acepto mis múltiples limitaciones. Es con compasión que intentaré entender la juvenil mentalidad con la que – en nombre de una “justa” discriminación –abusan de un bastón de mando que pertenece a todos por igual.

Flavio Machicado Teran

domingo, 11 de enero de 2009

Incorpóreo

Las palabras se las lleva el viento. Lo plasmado en tinta gobierna “para toda la vida”. Por lo menos hasta que el pueblo decida nuevamente borrar lo escrito. El domingo 25 de enero se decide si la nueva Carta Magna ayudará a Bolivia subsanar heridas, construir caminos y juntos transitar por el sendero del desarrollo. Igualdad ante la ley ya había sido promulgada. En la práctica, sin embargo, aquellos con más dinero resultaron tener sus propias reglas de juego. Si se pretende evitar futuras inconsistencias y asimetrías, restándole a la sociedad su capacidad de generar el maldito dinero, entonces vamos por muy buen camino.

Por perfectas las palabras que Moisés bajó del monte, lo difícil ha resultado ser que esas palabras cambien nuestra conducta. Incluso palabras talladas por Dios no han logrado transformar nuestra propia mezquindad. Lo que se pierde en la actual intransigente pugna por el poder, es que lo importante no es la voluntad que queda plasmada en un papel, sino el delicado balance entre definir derechos, establecer un marco normativo para el buen gobierno y nuestra capacidad de adaptación. En su capacidad de permitir flexibilidad para enfrentar circunstancias inimaginables es que las palabras sirven para desarrollar soluciones prácticas. Su servicio al ser humano no radica en quimeras hilvanadas con la mejor intención.

Las actitudes reflejan valores, ideales y códigos culturales que se transfieren sin necesidad de leer una sola letra. Mi padre escribe sobre actitudes que gobernaron en Bolivia entre 1952 y 1989. Otras actitudes datan de nuestro pasado primitivo, cuando las “ideas” de la tribu se protegían derramando sangre. Ahora las ideas impregnan cerebros a miles de kilómetros de distancia, sin necesidad de enviar misioneros o un ejército invasor. En la China, por ejemplo, cientos de millones de individuos entienden el beneficio del libre mercado. En el futuro cercano, las actitudes y valores seguirán cambiando en la China, según lo dicte la circunstancia. Las palabras, por ende, deben dibujar un mapa de navegación, no definir una sola nave, o un solo destino. El libre mercado, políticas fiscales e intervención en el mercado son herramientas, no verdades absolutas.

Las palabras aquí plasmadas no son sobre el referéndum o la nueva Constitución. Este escrito es sobre la capacidad de adaptar nuestra conducta a las crisis y problemas que rigen el momento. La adaptación requiere abandonar la idolatría que conduce a personificar nuestras herramientas en simples mortales. La izquierda norteamericana, por ejemplo, se rasga las vestiduras porque Obama piensa sostener la política tributaria de “Bush”. La derecha porque los principios “fundamentales” de Jefferson y Madison han sido vulnerados por el imperativo actual de intervenir en el mercado. ¡Son herramientas! Pero preferimos odiarlas o amarlas, como si fueran de carne y hueso.

Árabes e israelitas se deshumanizan mutuamente por una controversia sobre cuya palabra es superior. En lugar de herramientas para resolver crisis cada vez más profundas, las palabras se convirtieron en ídolos inamovibles. Enceguecidos por el dolor de sangre derramada, no podemos reconocer que “allá” tambien se conducen políticas de Estado atizando la inmolación de su propio pueblo en nombre de una extremista agenda religiosa, pero orar en un acto político “aquí” nos escandaliza. Dios no debería ser parte de la agenda política ni aquí ni allá. Pero como únicamente vemos inconsistencias consistentes con nuestros prejuicios, jamás podremos reconocer que las lindas plegarias que se pretende plasmar en un papel serán tan solo objetos de fe. En la doctrina de la carne no existen palabras que nos libere de nuestra mezquina ignorancia. Lo que reina aquí y allá no son palabras; aquí en la tierra el prejuicio de la piel es rey.

Flavio Machicado Teran

martes, 6 de enero de 2009

Transformación para Principiantes

Aquellos con el don de observación encontrarán incluso en una jauría de lobos reflejo del milagro de leyes creadas por la mano de Dios. Fieros lobos forjan amor que se convierte en leche para amantar sus recién llegados. Para lidiar con los inadaptados, la jerarquía hilvana orden en una fibra social que hace posible la supervivencia del clan. La observación de Charles Darwin sobre cómo evolucionan estos mecanismos fue precisa, pero incompleta. Darwin no supo reconocer un propósito divino en el proceso evolutivo que hace del aparente caos una fuerza vital de vida. Las jaurías de lobos han venido desarrollando lentamente “culturas” genéticas que reproducen conductas que funcionan. El supuesto capricho aleatorio en el arte de selección natural, mediante el cual las especies se perfeccionan, es en realidad una danza sincronizada a música compuesta por nuestro Creador.

Incluso millones de años de perfeccionamiento no logran que la jauría de lobos más efectiva que jamás haya pisado la tierra sea más hermosa que el clan más mediocre de toda la humanidad. Por crueles que hayan sido los humanos, amaron a los suyos con un don que los lobos no saben reflejar. Nuestra profunda ignorancia e incomprensión de las leyes de Dios - mecanismos que utiliza la naturaleza para reproducir hermosos cachorritos – tal vez hace que la convivencia entre seres humanos sea mediocre. Nuestra incapacidad de reconocer que Dios se manifiesta incluso en los instintos que forjan nuestro tribalismo, no desmerita el hecho que somos animales con una consciencia superior a la del lobo. Inclusive nuestra ignorancia refleja un don humano, tan humano. El lobo jamás se dará por enterado de sus deficiencias sociales o cognitivas.

Dios no hace las cosas caprichosamente. Su creación ha sido agraciada con la capacidad de adaptación a las condiciones físicas que gobiernan la superestructura. Karl Marx observó esta relación dialéctica entre la manifestación cultural y los mecanismos utilizados para reproducir la vida. Su observación, sin embargo, también fue incompleta. Los avances en la biología permiten entrever que incluso las especies – y no únicamente el ser humano – se organizan según las condiciones materiales que rigen la supervivencia colectiva. Si en Darwin podemos encontrar las leyes de Dios, y en Marx podemos encontrar la dialéctica materialista de Darwin, no debería ser imposible encontrar en nuestro primer dignatario un potencial estadista de talla mundial. Por lo menos no debería ser excusa para dejar de ayudarlo a convertirse en uno.

La premisa que aquí interesa no es tanto que todos los mecanismos que utiliza la creación para perfeccionar la manifestación divina de vida se integran y complementan en un manto biológico hilvanado por leyes que aun no logramos completamente comprender. La premisa importante es que tendremos a Evo para rato, y que lo único peor a perder su liderazgo será no saber aportar a su lenta evolución. Nuestra capacidad de adaptarnos a las nuevas reglas de juego, de descubrir los mejores mecanismos para amamantar el cachorro de democracia tendrá que ser perfeccionada. Si Dios nos ha arrojado un limón de hombre, es menester de esta jauría aprender hacer limonada.

El tribalismo es una herramienta tremendamente útil en el arsenal de mecanismos sociales que reproducen la vida. Gracias al tribalismo los seres humanos se solidarizan, creando una cadena de hermandad incluso con aquellos que no comparten su mismo código genético. Lo importante es extender los dones de este primitivo sentimiento - o instinto - a toda una nación. Lo importante es perfeccionar el tribalismo, aceptándolo, transformándolo, haciéndolo más tolerante e incluyente. En la base de nuestra organización social, la solidaridad y empatía hacia aquellos que comparten una misma bandera, infraestructura y destino es un secreto a gritos, base del éxito de grandes naciones. Lamentablemente el tribalismo primitivo –instinto que busca excluir a los que pecan de pertenecer a grupos humanos diferentes – fue utilizado en Bolivia para someter al pueblo y apoderarse de la riqueza de la nación. La culpa no es de la herramienta, sino del egoísmo con el cual se pretendió pasar por patriotismo un instinto tribal.

El clan de bolivianos es infinitamente más complejo y hermoso que cualquier jauría de lobos. Ello no es garantía que nuestro instinto no se manifieste en su dimensión animal. Los instintos hoy se apoderan del discurso y agenda política, haciendo tanto más fácil acusar al otro de aquello que carcome nuestras propias entrañas. Nos llenamos la boca de acusaciones y condenas al odio y resentimiento tribal con el cual se pretende encaminar a nuestros hijos. Pero incluso el odio y resentimiento son herramientas que utiliza la creación para perfeccionar nuestra convivencia. En el caso boliviano, son advertencias a nunca más obrar con el mismo desprecio hacia el prójimo con el cual nos habíamos acostumbrado a actuar. Si existe hoy resentimiento, es porque la clase gobernante actuó con idéntica arrogancia y racismo. No aceptar responsabilidad puede ser humano, tan humano, pero no es una buena estrategia política o existencial. Resignarse a la arremetida del frankenstein de nuestra propia creación es también manifestar mediocridad y atentar contra las leyes naturales de adaptación, perfeccionamiento y evolución. Aceptar y reconocer nuestro primitivo tribalismo ha de permitir construir sobre ese más básico instinto condiciones de convivencia que superen en efectividad la actual ley de la selva.

Una clarísima oportunidad de avanzar una identidad boliviana más compleja nos la ofrece nuestro mortal enemigo: Chile. El 2009 se cumplen 130 años de nuestra mediterraneidad. El acercamiento político y económico con el gobierno de Bachelet tal vez sea producto de circunstancias que pesan más sobre los caprichos personales, que sobre una estrategia racional. Tal vez juegos geopolíticos hacen que nuestra vieja estrategia de atizar el sentimiento de victimas, manipulando un tribal odio y resentimiento hacia el usurpador del Pacífico, sea momentáneamente una estrategia políticamente incomoda. Tal vez el odio y resentimiento vuelvan a ser atizado en caso que el próximo gobierno chileno deje de ser afín a la ideología que actualmente impera, o si el próximo presidente chileno no inspira el mismo cariño con la cual la presidenta Bachelet ha embrujado a todo un pueblo. No importa. Sea por el embrujo del amor, o por la fría racionalidad de un destino compartido, lo que importa es que existe la posibilidad de acercar a nuestros pueblos, para así permitir que nuestros hijos se beneficien de un acercamiento político, comercial y cultural entre naciones vecinas.

El patriotismo es el tribalismo mayor, sentimiento frecuentemente manipulado para doblegar la voluntad de las masas, en lugar de avanzar amor por nuestro prójimo, o el bien de la nación. En Chile se llenaron la boca de patriotismo para callar por siempre a líderes caídos un 11 de septiembre. En EE.UU se prepararon esa misma fecha para vengar sus torres caídas. El patriotismo, al igual que el tribalismo, muchas veces es solo excusa para obrar impunemente con ignorante malicia. Hacer lo correcto es un patriotismo de menor grado, un acto que inspira a quienes se benefician del don de la cooperación. La tentación el 2009 será impugnar las motivaciones, resaltar las inconsistencias y señalar las múltiples contradicciones de nuestro acercamiento al pueblo chileno. Crear condiciones para - en nombre de un mutuo beneficio y apertura comercial con un socio que nunca fuimos capaces de aceptar - abandonar nuestro primitivo tribalismo, será un avance para todos los bolivianos. Si no fuimos capaces de reconocer en Chile un aliado en esta brutal guerra contra el subdesarrollo, el 2009 tendremos una oportunidad más de perfeccionar nuestras deficiencias y evolucionar nuestra organización social.

Si en el proceso de crear sinergias básicas con nuestro vecino del sur nuestro primer mandatario aprende a ser un mejor presidente, debemos reforzar positivamente aquellas conductas que funcionan. De lo contrario, seguiremos reproduciendo un método que ha demostrado ser un gran fracaso: cooperar únicamente cuando nos conviene, y únicamente con aquellos que forman parte del inmediato clan. Si el presidente Morales es aquel elegido para sentar el precedente histórico de abrir mercados para Bolivia, merecerá el apoyo de todos que entienden el beneficio de la integración e intercambio comercial. Incluso lobos, fieros y faltos de misericordia hacia sus presas, entienden los dones de la cooperación. Los que debemos dejar el tribalismo primitivo, para transformar nuestra mezquina tendencia de apoyar únicamente la causa de nuestro partido, somos todos.

Flavio Machicado Teran

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Neo Evo

El momento exacto cuando empezó el tercer milenio fue alguna vez tema de discusión. Ahora, en lugar de discutir cuando empieza y cuando termina una era, unos intentan aferrarse a rezagos del poder que alguna vez gozaron, mientras otros pretenden ser – de la nueva era - únicos dueños. Con el espíritu de agradecer bendiciones recibidas, prefiero celebrar la era estrenada por nuestro actual presidente constitucional.

Celebro su contribución a la auto-estima de toda una generación. Los racistas solían pasear abiertamente su ignorancia, envenenando impunemente las aguas de las que beben hoy sus hijos. Ahora se ven obligados a utilizar argumentos y proponer alternativas cuando critican la ignorancia de los demás; una ignorancia que no respeta edad, educación o condición social. Ignorantes también resultaron ser aquellos que en universidades norteamericanas aprendieron avergonzarse de ser bolivianos. Gracias a que el racismo ha sido desenmascarado, hemos descubierto que los ignorantes vienen de todo tamaño, ideología y color.

Juzgar a toda una nación por las políticas de sus antepasados, es ignorar que son seres de carne y hueso los que hacen las políticas, implementan estrategias y obedecen (o no) al derecho internacional. Celebro, por lo tanto, la madurez con la cual el presidente Morales ha desarrollado una relación respetuosa con nuestro enemigo mortal al sur del Sajama. Es muy fácil condenar - retroactivamente - a todos los hijos de los usurpadores del guano. Lo difícil es crear condiciones de intercambio comercial y cultural que beneficie a todos. Seguimos sin salida al mar. Ello, sin embargo, no ha impedido una actitud madura y pragmática, en búsqueda de lazos políticos, sociales y comerciales que beneficien en un futuro cercano a dos hijas de la gran cordillera de los Andes. Estamos dejando de ser victimas, para crear condiciones de desarrollo. ¡Bravo!

A diferencia de beatos enriquecidos por negociados y privilegios del poder, que con dar dadivas unas cuantas veces creen auto-reivindicarse con los pobres, Evo decidió vivir con lo necesario y dignidad. Esos mismos miserables desprecian la convicción ecologista de “mediocres” que rehúsan invertir toda su energía en mal acumular tesoros aquí en la tierra. Es por ende reconfortante que nuestro primer dignatario prefiera trabajar por el bienestar de todos los bolivianos, en lugar de acumular objetos inanimados. Reconfortante también es comprobar que se ha rodeado de individuos intachables como él. Prueba de cuan “probos” son todos y cada uno de los militantes del MAS es que se dan el lujo de designar como Contralor a un lobo para cuidar las ovejas. Un Herbas ahora será quien fumigue las malas hierbas, todas y cada una de ellas servidores públicos durante administraciones pasadas.

El tercer milenio trajo a Bolivia una nueva era. En medio de grandes desaciertos, importantes pasos se han dado, en particular para eliminar el analfabetismo. El saber leer, sin embargo, no es garantía que superemos colectivamente nuestra brutal ignorancia, arma favorita de sometimiento popular. Los desaciertos del imperio norteamericano demuestran que – por mucha inteligencia colectiva y sofisticada su capacidad de procesar la información - si el aparato cognitivo es alimentado por basura, el resultado será pura basura. Ese fue el caso durante la gestión de Dick Cheney – hombre culto – quien rodeó a su presidente Bush de arrogantes soldados de una verdad absoluta. El concepto - GIGO - siglas en inglés de “Basura Entra, Basura Sale”, permite entrever que no se trata únicamente de manipular la información, sino que hay que saber idóneamente procesarla. En Bolivia estamos aprendiendo lentamente la lección; una factura (perdón, quise decir “experiencia”) histórica que todos juntos tendremos que aprender a celebrar.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Zarpazos Relativos

La capacidad de reflexionar, en lugar de lanzar fogosamente calificativos, es una habilidad que no heredé de mi padre. Anótenme en la lista de impulsivos. Cuales traumas colectivos, algunos intempestivos berrinches quedan impresos en la psique de toda una generación. Tal fue el caso cuando Nikita Khrushchev, premier soviético, dejó entrever al filipino Lorenzo Sumulong que lo consideraba un lacayo del imperialismo azotando, en plena sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, sobre la mesa su zapato. Ahora le corresponde a un periodista iraquí, Muntader al-Zaidi, utilizar ambos zapatos para enfáticamente declarar su desprecio hacia el presidente Bush.

Que todo un rey de España se haya dejado vencer por el impulso plebeyo de mandar alguien a callar es consuelo de tontos para mi impetuosidad. Mucho más temperado, el presidente de Venezuela luego vertió su saña contra la periodista Patricia Junot, acusándola de descontextualizar, manipular, y ser lacaya “tarifada” de CNN. El periodista Raphael Ramírez acaba de experimentar similar solicitud de callar. En contraste con Junot, el periodista de La Prensa no tuvo siquiera derecho a réplica, haciendo más profunda su humillación pública. Hay que encomendarle al presidente Chávez haber siquiera permitido a Junot expresar - en su defensa -unas cuantas palabras.

Supuestos crímenes del presidente Saddam Hussein son ajenos a nuestras vidas, un hipotético genocidio que - al no haber sucedido en nuestro barrio - le confiere al entonces “soberano “iraquí derecho de mandar callar a muerte. Las mentiras por petróleo del “soberbio” presidente Bush, a su vez, deslegitima incluso la voluntad del parlamento iraquí de expresar su voz mayoritaria para que las tropas invasoras un ratito más se queden. El ciego y visceral desprecio que inspira aquel que con sus mentiras estrenó un nuevo capítulo de la tradición de intercambiar actos barbáricos entre suníes y chiitas, le hará casi imposible a muchos apreciar la ironía que hoy un periodista en Iraq se atreva a expresarse con tanta vehemencia y libertad, delante de su presidente, sin temer morir torturado. Cómplice de que se escape la ironía es el delirio de quienes quieren creer que las bombas suicidas jamás fueron detonadas por manos de iraquíes para matar a niños iraquíes en mercados, escuelas y hospitales.

Al igual que Irak, la actual tragedia griega es tan distante a nuestra realidad personal, que seguramente no sabemos con certeza si los “soberbios” son los que tomaron el canal de televisión del Estado en Grecia; o si la víctima es el primer “soberano “de la nación. En un acto temerario, aquellos que protestaban la muerte de un estudiante a manos de la policía griega, irrumpieron en los estudios de NET - el canal 7 de Grecia - interrumpiendo el discurso del Primer Ministro Costas Karamanlis con una pancarta transmitida en vivo a toda la nación: “Paren de ver, salgan a las calles”.

Una idéntica injuria hubiese costado en Rusia años de cárcel a los intrépidos protestantes. El Primer Ministro Vladimir Putin acaba de apoyar un proyecto de ley que permite declarar traidor a todo aquel se atreva criticar su gobierno, con una pena de hasta 20 años. Si esa misma ley fuese presentada por el presidente Bush, arrojaríamos más que zapatos. Pero como Putin es uno de los “nuestros”, seguramente le reservaremos el derecho de proteger al pueblo de aquellos que - con tantas preguntas - sólo buscan desestabilizar. Los zarpazos que arrojamos – después de todo - son relativos; y entre soberbia y soberanía yace la línea que divide a los que están de nuestro lado, y aquellos que tenemos que mandar a callar.

Flavio Machicado Teran

sábado, 13 de diciembre de 2008

Ruleta Rusa

Coloso entre empresas detallistas, de todas las empresas del planeta, Walmart es una de sus más peligrosa. Cual pulpo genéticamente alterado, extiende sus tentáculos por cuatro continentes, ofreciendo precios inmejorables. El éxito de su modelo de negocios significa empleo para 2.1 millones de chinos, argentinos, japoneses, canadienses, brasileros y mexicanos. Si aquellos que compran en Walmart gastan en sus tiendas un promedio de 387 dólares al año, entonces mil millones de personas brindan - en el “falso” plebiscito del mercado - su visto bueno a este monstro minorista. Su eficiencia es de libros de ciencia ficción; su capacidad de negociar con proveedores de la mafia siciliana. Incapaces de competir con sus grandiosos músculos capitalistas, los grandes ahorros de Walmart representan bancarrota para pequeñas empresas. A su vez, para satisfacer exigencias de precios bajos, empresas se ven obligadas a mudar operaciones a China, sus trabajadores obligados a comprar su propia seguridad médica, y los sindicatos prohibidos la entrada. El poder de Walmart cruza fronteras, penetra todo mercado y su ímpetu de lograr cada vez mayor eficiencia es un ímpetu diabólico. Si el consumismo es la droga más peligrosa del siglo XXI, entonces Walmart es su mayor traficante.

El producto más pernicioso para la ecología - y a la vez más necesario para la economía - es fabricado por General Motors. Los millones de automóviles que escupen desperdicios tóxicos al medioambiente hacen de la libertad de moverse a través de las venas de la infraestructura de transporte, una detestable victoria democrática, avanzada a gran velocidad. En la era moderna, todos velozmente envenenan al medioambiente por igual. En contraste al impecable modelo de negocios de Walmart, en GM se cometieron fatales errores. Debido que a los niños norteamericanos les gusta jugar con caballitos de fuerza, en nombre de satisfacer el gustito de autos musculosos, General Motors se dedicó a diseñar el nuevo Camaro y varios modelos del Hummer. Todas estas “herramientas” de trabajo de la modernidad, lamentablemente, son juguetes golosos por gasolina.

Se solía decir que lo que es “bueno para General Motors, es bueno para los Estados Unidos”. Eso era en aquel entonces, cuando sus fábricas se transformaban rápidamente en el brazo productivo del ejército norteamericano que, para derrotar a los Nazis, necesitaban producir tanques de guerra cada 40 minutos. El enemigo ahora es un puñado de suicidas, cegados por su convicción ideológica que las leyes de su Dios deben prevalecer; un ímpetu que encuentra reflejo en la voluntad dogmática de permitir que únicamente las leyes del Mercado decidan cuales empresas salen a flote, y cuales deben desaparecer. Este dogmatismo de libre mercado ha colocado a la columna vertebral de la manufactura norteamericana en una autopista que conduce a su propia muerte.

General Motors no supo adaptarse a la demanda del mercado de coches de calidad, ecológicos y eficientes, como ser el Toyota Prius, un vehículo “hibrido” que comparte la responsabilidad de movilizar con un motor eléctrico. Walmart, por el contrario, tiene tecnología que le permite satisfacer perfectamente la demanda de un producto determinado. La información de cada compra es centralizada en gigantescos servidores, que utilizan esta información para surtir a cada tienda exactamente lo que se acaba de vender. También en contraste con Walmart, más que ninguna otra empresa, GM avanzó derechos laborales, ofreciendo a sus trabajadores una jubilación digna y seguro médico; reivindicaciones sociales que no fueron imitadas o extendidas a la población en general. Al perseguir la infantil imagen de rebeldía hollywoodense, GM no supo adaptarse e hizo las cosas mal. Pero a sus trabajadores supo darles un pedazo del sueño norteamericano y - al brindarles un lugar privilegiado dentro de la empresa - también fabricó haciendo por los suyos lo correcto.

La lucha de clases fue resucitada en el senado norteamericano el jueves 11 de diciembre de 2008. La “guerra cultural” había hecho compañero de trinchera a cuellos blancos y azules, bajo la bandera de oponerse al aborto y matrimonio gay. El debacle de la economía norteamericana ha creado nuevos frentes de batalla; con los sindicatos en la mira telescópica de la derecha recalcitrante. Habiendo pasado apenas semanas desde el cuantioso rescate financiero para Wall Street por parte del congreso, sin chistar sobre los paquetes de compensación que reciben los ejecutivos que juegan con los ahorros e impuestos del pueblo, los senadores republicanos rehusaron darles a los “tres grandes” de Detroit el equivalente a dos meses del costo de la guerra en Irak. ¿Por qué? Porque los sindicatos rehusaron establecer una fecha exacta para que su paquete de compensación salarial – incluyendo beneficios sociales – sea reducido al nivel de lo que ganan los trabajadores en las plantas de Nissan y Toyota en Kentucky y Tennessee.

Los ocho senadores republicanos de Kentucky, Tennessee, Georgia y Alabama rechazaron con su voto el préstamo puente para la industria automotriz norteamericana. Casualmente, la industria automotriz japonesa, alemana y sud coreana se encuentra concentrada en el sur de EE.UU. Esta desafortunada coincidencia da la impresión que los senadores republicanos del sur – una región profundamente republicana - han optado por defender las fábricas extranjeras, pilares de sus economías locales, en detrimento de la ineficiente industria automotriz norteamericana concentrada en el centro de la producción industrial, el norte. Lo que parece ser una brecha entre norte y sur es, en realidad, un deseo de ciertos republicanos de herir de muerte a su odiado némesis – los grandes sindicatos – aliados políticos de los demócratas y, en parte, artífices de la victoria de Barack Obama.

General Motors está teniendo éxito – irónicamente – en la tierra de los dos grandes enemigos de los EE.UU. durante la Guerra Fría: China y Rusia. Una nueva planta de GM acaba de ser inaugurada en San Petersburgo. En Liuzhou, GM construyó el 2007 una planta con capacidad de 300,000 motores al año. El Sindicato de Trabajadores Automotrices (UAW) no recibió la noticia de nuevas plantas de GM en el extranjero con mucha algarabía. Hoy el sindicato se da cuenta que tal vez sus propios empleos dependa del éxito de GM en tierras asiáticas, aquellas donde alguna vez el dogma fue comunista. Para rusos y chinos por igual, es imperativo que la economía norteamericana salga a flote, por lo que deben estar rezando a su Dios materialista que el presidente Bush se imponga al Senado, y ordene un paquete financiero para los grandes tres de Detroit

Pero, ¿Es democrático que el presidente ignore el voto del senado en contra del rescate financiero de la industria automotriz Made in USA? El voto final fue 52 a favor y 35 en contra del préstamo puente. Es decir, el 59.7% de los senadores presentes votaron a favor. La ley indica que el 60% de todos los senadores (100) deben aprobar una ley. La voluntad de la mayoría, por ende, es difícil de determinar, sobre todo cuando las encuestas muestran que el pueblo norteamericano está “fatigado” con tanto rescate financiero por parte del gobierno. De nada parece servir la advertencia de casi todo experto en la materia, que sugieren que dejar morir – en nombre de las leyes del mercado – al bastión militar, económico y laboral de la nación, es cometer suicidio colectivo en nombre del Dios de la modernidad: la eficiencia, posible solo mediante las leyes del mercado.

La eficiencia de Walmart está siendo imitada por Arabia Saudita, que posee grandes servidores con la capacidad de rastrear cada gota de petróleo extraído del subsuelo. En la OPEC, Arabia Saudita ha frenado el ímpetu suicida de Irán y Venezuela de utilizar el petróleo como arma de guerra contra los EE.UU. Esa estrategia la utilizaron en 1973, para castigar al imperio por proporcionar a Israel armas durante la guerra de Yom Kippur. La venganza árabe, sin embargo, causó gran perjuicio a todos por igual. Las leyes del mercado deben ser utilizadas – reza el pragmatismo saudí – para lograr mejores precios, y no para distorsionar y asesinar al ganso de los huevo de oro. Si la contracción económica en EE.UU. persiste, la demanda por petróleo podría ser gravemente afectada, ejerciendo presión hacia abajo a precios del petróleo. Los precios ya han llegado a niveles peligrosamente bajos para las economías de OPEC. Los saudís entienden que jugar a la ruleta rusa con la economía global, podría envenenar el agua de todos los pozos. Irónicamente, el bienestar del pueblo venezolano también depende de que occidente empiece nuevamente a comprar porquerías de plástico. Por ende, si el petróleo es la droga más dañina del siglo XXI, entonces Venezuela es unos de sus más grandes traficantes.

Venezuela, país soberano, debe proteger a su pueblo. Digamos que Venezuela decidiese invertir su dinero en desarrollar motores a gasolina muchísimo más eficientes, para así reducir los actuales incentivos para desarrollar tecnologías alternativas, protegiendo así su mercado. ¿De desarrollar mejores motores a gasolina, estaría Venezuela obrando maléficamente? Después de todo, su petróleo seguiría siendo cómplice en alimentar el consumismo y calentamiento global. Temo que no hay nada intrínsecamente maléfico de desarrollar tecnologías verdes, que utilicen eficientemente combustibles fósiles; lo mismo que no hay nada intrínsecamente maléfico en ahorrarle al pueblo unos pesos al suministrar bienes de consumo de una manera más eficiente, ni tampoco nada intrínsecamente maléfico en ofrecer a la fuerza laboral seguridad médica y una jubilación digna.

Los rusos y chinos privatizaron sus economías. En lugar de la utopía comunista de Marx, ambas naciones crearon una sociedad de castas, con unos cuantos oligarcas dueños de sus respectivas riquezas nacionales. Los rusos ahora quieren nacionalizarlo todo de nuevo. Los chinos prefieren poner en su lugar a su nuevo lacayo, obligando a los norteamericanos abandonar sus malas costumbres de alimentar su consumo con deuda, una deuda subvencionada por el Yuan. El planeta ha quedado desconcertados con la radical transformación de los ex -comunistas colosos de Asia. ¿Cuál es el modelo de desarrollo “chino”, o “ruso”? Todavía inquietados por la interrogante, la pregunta ahora se convierte, ¿cuál es intrínsecamente más “norteamericano”? ¿El derecho del trabajador de organizarse para defender sus derechos? ¿O la eficiencia económica, posible únicamente si se permiten actuar a las fuerzas del mercado? Es irónico que tenga que ser el último gran maniqueo del siglo XXI, George W. Bush, quien se vea obligado a hacer lo “patriótico”, no matando supuestos terroristas en tierras extranjeras, sino salvando a los tres grandes y - de paso - a su coloso sindicato.

El último legado de George W. Bush será haber herido de muerte a la oposición ideológica a la intervención del Estado. Nuestros tribalista harían bien en darse estas navidades unos minutitos para reflexionar sobre los peligros del fundamentalismo ideológico, y observar sin prejuicios la naturaleza fluida de la vida, que demanda adaptación para satisfacer su condición de supervivencia. Pero, al igual que los senadores republicanos, tal vez su naturaleza esté más inclinada a jugar– en nombre de sus dioses - a la ruleta rusa con el destino de la nación. El dogmatismo ideológico – y no la eficiencia - es la empresa más peligrosa.

Flavio Machicado Teran

domingo, 30 de noviembre de 2008

Cerdo Libre

Al cuerpo el cerebro le da lo que al cerebro el cuerpo pide. Su principal mandato es comer; sobre todo muchas grasas y azúcares. Nuestra dieta es una dictadura populista del cerebro, que da rienda suelta a los insaciables apetitos de la piel. Hace diez mil años, dejarse llevar por impulsos primales era la mejor estrategia de supervivencia. La cantidad de comida chatarra ahora disponible hace al cerebro primitivo nuestro peor enemigo.

No todos los cultivos son iguales. Uno reciben subvenciones, otros una implícita bendición. Si somos lo que ingerimos, entonces unos se convierten en maíz y soya, mientras otros se transforman en hojas de coca. Las altas fructuosas del almíbar de maíz son utilizadas en refrescos, galletas, kétchup y aderezos de ensalada. El aceite vegetal de soya en margarina, pan, mayonesa y cremas para café. Pero en Bolivia, en lugar de la alta presión arterial, diabetes y obesidad de naciones industrializadas, celebramos el alto contenido de calcio proveniente de la hoja sagrada. No es mi intención impugnar la magra nutrición, que permite a Bolivia superar en expectativa de vida únicamente a Guyana. Al que siento en el banquillo de acusados es al cerebro humano. En particular, al que acuso es al cerebro norteamericano, que reproduce cerdos consumistas, más obesos cada vez.

El clamor populista de los cerdos capitalistas es ¡consumir fritos y dejar morir! Su cerebro detesta la troica maldita: grandes empresas, gobiernos y sindicatos. El problema, reza su fundamentalismo, es que cuando estos tres crecen demasiado, distorsionan el libre mercado. El gobierno no debería intervenir en el rescate financiero de la columna vertebral de la manufactura industrial norteamericana, reclama el cerebro populista capitalista. Sin importar el precio en empleos en EE.UU., China, Brasil, México, Canadá y Europa, la ley de la selva debe predominar; si GM, Ford y Chrysler no pudieron sobrevivir por cuenta propia, lo mejor que puede pasar es que desaparezcan, junto con sus inmensos y odiados sindicatos.

El mandato del presidente electo Obama es sacar a su nación, y al resto del planeta, de una peligrosa recesión. Durante las elecciones se dio de bofetadas con Hillary Clinton. Ahora su ego herido cede ante el imperativo de formar un equipo de rivales. El cerebro primitivo funciona diferente, pretendiendo primero ser “razonable”, para luego eliminar al enemigo y así aferrarse al poder. Mientras que eliminar al enemigo político era la única estrategia de supervivencia en las pampas africanas de hace diez mil años, la complejidad de los problemas modernos hace al cerebro primitivo un grave peligro.

Dar rienda suelta a los odios y apetitos es mandato del cerdo primitivo. Más de sesenta por ciento del pueblo norteamericano han manifestado su voluntad de dejar morir GM, Ford y Chrysler, justificado su posición con el desprecio que les ocasiona la “injusta” intervención del Estado; la otra “mitad” prefiere elevar las tarifas para coches extranjeros, iniciando así una nueva era de proteccionismo y ruina del comercio internacional. Permitir al cerebro populista expresar libremente sus prejuicios, odios y apetitos es una receta suicida, que eleva los índices de obesidad y desempleo, atentando incluso contra la estabilidad global. Queda claro que la tiranía de la mayoría es capaz del suicidio colectivo en nombre del libre mercado, y también en nombre de su destrucción. La dieta del cerdo libre ha perdido su utilidad evolutiva, para convertirse en una dieta de muerte.

Flavio Machicado Teran