lunes, 25 de agosto de 2014

Una Yihad Migratoria

Bajo el manto de una amenaza terrorista, el Plan Cóndor justificó la aplicación de infames estrategias extra-judiciales. En contraste, los imputados en el caso Rozsas de terrorismo reciben un trato inconmensurablemente más digno, humano y apegado a derechos universalesque terroristas de antaño, quienesfueronbrutalmente torturados, su liberta secuestrada, su vida apagada.

En la película “Olvidados”,aparece un agente de inmigración boliviano que reconoce haber disfrutado la tortura psicológica que aplica a un ciudadano norteamericano con doble nacionalidad. Cuando se contrastalos horrores que vivieron revolucionarios en la década de 1970 al “inocente” suplicio que sufre este boliviano, que migró a EE.UU.y ahora regresa de “turista”, es casi inevitable celebrar la lenta evolución de los derechos civil. En contraste, el sutil acoso migratorio y discrecionalidad aplicada al yankee, capitalista e imperialista de sangre boliviana resulta bastante cómico.

Por sutiles las tácticas y civilizadas las condiciones en las que se retiene hoy al enemigo en la guerra contra el terrorismo, aquellos imputados por ese crimen igual han sido privados de su libertad. Por grandes los avances en derechos civiles desde 1970, las estrategias judiciales todavía acusan grandes deficiencias (por ejemplo, los imputados retenidos años sin una condena o juicio en la base militar de EE.UU. en Guantánamo).

El cambio de 1974 a 2014 es grande. Requeriría de gran ingenuidad, sin embargo,  suponer que hemos alcanzado lacúspide de la libertad. La libertad jamás será absoluta y un “terrorista”no debe ser libre de atentar contra la integridad del Estado. A veces resulta difícil definir quien es un terrorista, quien defiendela integridad de su nación y quien es un separatista.

El secuestro mediático ha creado un entorno en el que es difícil entrever los pormenores de la guerra civil en Siria y de los esfuerzos separatistas en el este de Ucrania.  La actual hegemonía que ejerce el poder oficial sobre el discurso popular seguramente provocaría envidia entre aquellos graduados de la infame Escuela de las Américas.

Para muestra un botón: aquel candidato que tenga la osadía de hablar del modelo de desarrollo chileno (gobernado por una socialista),o del modelo peruano (gobernado por un indígena de izquierda),sería inmediatamente fustigado en el 80% de los medios como un vil “neoliberal”. Fin del debate.

El debate es un estamento inviolable en democracias más evolucionadas. En Rurrenabaque y la Sagarnaga tal vez quieran saber por qué en la Plaza Murillo deciden vengar las muertes de inocentes civiles palestinos mediante un sutil acoso migratorio a inocentes civiles israelitas, que representan el más importante flujo de turistas provenientes de otros continentes. Otros querrán entender por qué el derribo del avión comercial de Malayasia Airlines por un misil, o las cientos de miles de civiles brutalmente asesinados por su propio gobierno en Siria no provocaen los Andes igual indignación.

El ejército Israelí ha cometido atroces crímenes contra la población civil en su intento de socavar la capacidad de Hamas, considerado una organización terrorista incluso por enemigos de Israel: Egipto, Jordania, Arabia Saudita y Emirato Árabes Unidos. Los palestinos en su mayoría viven en Cisjordania. El presidente de Cisjordania, Mahmoud Abbas, públicamente criticó a Hamas por provocar “muertes innecesarias” y “lucrar de la sangre Palestina”.

Aquí no hay “buenos” y “malos”, hay un complejo conflicto que amerita objetividad, no fundamentalismo. Pocos medios nacionales seguramente se atreverán a brindar ambos lados de la moneda, un secuestro mediático que podría incitar sentimientos anti-semitas en Bolivia. Esperemos que periodistas que sí se atreven a dar una voz a Israel (PAT) no paguen por su atrevimiento de incitar un debate.


Los dineros semitas han sido implícitamente declarados poco gratos. Aquellos que viven del turismo seguramente  querran entender por qué el bienestar de su familia debe ser mermado en nombre de un tipo de yihad migratoria. 

miércoles, 11 de junio de 2014

Excepcionalismo Andino

Pocas palabras tienen una definición tan enigmática. ¿Qué es el excepcionalismo? El término fue “inventado” en EE.UU. y durante muchos años fue palabra solamente reproducida en bocas fieles al poder en Washington. El concepto forma parte del proyecto civilizador que se les vendió al pueblo norteamericano (bastión del “excepcionalismo”); un proyecto nacional basado en una visión del resto del mundo como un refugio de tiranos y retrogradas que necesitan ser iluminados por la misma gracia divina que ilumina a su nación.

Recurrir a un vehículo de transporte público tal vez ayude entender mejor el concepto. Imagínese que usted transita la ciudad bípedamente y se detiene a esperar que la luz cambie, dándole derecho a cruzar  la acera. Cuando la luz cambia a verde y usted pretende seguir su camino, un taxi se pasa “entre amarillo y rojo”, obligándolo abruptamente a detenerse. Indignado, usted fustiga al apuradito chófer. Pero ahora imagínese que usted es el pasajero de dicho taxi y observa la misma escena, esta vez dentro del vehículo y llevando mucha prisa. Su percepción de los hechos no es la misma que cuando era un peatón.

Moraleja: Cuando son los intereses de uno los que están en juego, el pasarse “apenitas” en rojo y obligar a maniobrar por su vida a un peatón es peccata minuta.

Cuando EE.UU. aplica un pragmatismo geopolítico en nombre de su seguridad nacional y agenda “democrática”, eso es condenable. Pero cuando es el pobrecito de mi, bien desfavorecido “che”, quien practica un tipo (menor e inocente) de excepcionalismo, entonces es justificable, pues.

En 1941, un editorial de la revista Life emplazaba a  EE.UU. “(a)…aceptar de todo corazón [su] deber y oportunidad como la nación más poderosa y vital del mundo; y en consecuencia ejercer sobre el mundo el impacto total de [su]  influencia, hacia aquellos propósitos que [vean] necesarios y utilizando los medios que [consideren] necesarios”. Es decir, yo (EE.UU.) debo hacer cosas medio turbias, porque yo (policía del mundo) tengo el deber moral de – a veces - torcer la ley en nombre de un bien mayor.

¿Todavía es enigmática la definición? En las relaciones de pareja también hay excepcionalismo. El equilibro de poder es – después de todo - un elemento en el proceso de amarse mutuamente. Evidentemente hay un bien común: el bienestar de la pareja. Según la hegemonía patriarcal, se justifica mentirle al conyugue en nombre de esa unión. El excepcionalismo del hombre autoriza el violar el voto a la fidelidad que impone sobre su pareja. Mentir es por bien de ambos. La mujer tampoco está exenta de “excepcionalismos” cuando se atribuye permisos que niega a su pareja, bajo la excusa que ella es moralmente superior.

El excepcionalismo andino fue célebremente enmarcado en la frase “meterle no más”. El estándar de conducta que imponemos a ex – mandatarios nacionales (ahora prófugos de nuestro tipo de justicia) que no supieron evitar que casi una veintena de personas se inmolen en una gasolinera de El Alto cuando robaban gasolina en medio de un golpe de Estado, no se aplica a un tirano-amigo en Siria, que lanza sobre civiles bombas de barril. El excepcionalismo andino tiene cientos de ejemplos enmarcados en torcidos derechos humanos, una gran reserva económica de gastos justificados y una agenda anti-terrorista salpicada de geopolítica criolla y extorsión.


El excepcionalismo andino tiene larga data. La agenda revolucionaria y anti-imperialista del Dr. Paz Estensoro, por ejemplo, tomó un giro pragmático cuando se refirió al embajador norteamericano como “el compañero Henry Holland”. Luego, en nombre de un bien mayor, emplazó a líderes de la oposición a habitar campos de concentración. El poder en los Andes – después de todo - es rey; y el rey no ha de abdicar el trono sin antes emplazar todo tipo de artimañas. Las astucias criollas están justificadas porque, cual chófer de la nación, el poderoso está justificado por su noble agenda a pasarse un semáforo en rojo. El líder de turno – después de todo – siempre lleva prisa por salvar nuestra nación.  

lunes, 9 de junio de 2014

El Dilema Atigrado

En medio de un resbalón democrático de un Tigre del Asia, en Manila se celebra el Foro Económico Mundial (FEM). Militares tailandeses intercedieron con fusiles para regresar a su nación a puerto seguro. Debido a que los votos ya no podían garantizar la estabilidad social, los militares pretenden avanzarla con la amenaza de meter bala. El Alto Mando promete regresar a los civiles el poder una vez resuelta la crisis que había empujado al Tigre tailandés al borde del abismo.

Participantes del FEM en Manila se preocupan por el crecimiento económico, una redistribución más equitativa de los ingresos del vigoroso intercambio comercial y la estabilidad política. Irónicamente, Tailandia tiene un índice de desempleo bajo. Son las reglas de juego que reparten los frutos del árbol del poder las que parecen no promover una convivencia pacífica entre facciones.

La incongruencia entre una economía pujante y una estabilidad amenazada por roces políticos conduce a los participantes del FEM a preguntarse si en el Pacífico tal vez se deba considerar una tercera vía. El Presidente latino más cercano a Asia intentó una tercera vía política, que se llamó “dictablanda”. Bajo el pretexto del terrorismo que azotaba Perú, el ahora prisionero Fujimori consideró prudente coartar algunos instrumentos democráticos, en particular la división de poderes.

Bolívar, el venezolano, era republicano. Junto al Bolívar de Tembladerani, sus victorias a nivel continental han conquistado el corazón de los bolivianos. Pero es la tercera vía del “chino” (Fujimori) la que parece ser receta favorita para un país considerado “ingobernable”. Y es precisamente allí donde yace el dilema de los atigrados.

El Bolívar ha unido a la hinchada bajo el manto del triunfo internacional. El Bolívar es hoy un equipo de futbol que goza de gran prestigio en todo el continente (no obstante su mediocre desempeño en la liga nacional). El triunfalismo bolivarista es contagioso. Y aunque los atigrados no pueden hablar en nombre de aviadores cochabambinos, petroleros cambas o los Sport Boys, muchos tigres celebran los goles de su celeste rival en cachas extranjeras.

La magnanimidad del hincha parecería ser un indicio de madurez democrática. La alternancia del poder, después de todo, es manifestación de sofisticación cívica. Los atigrados ya ganaron tres copas consecutivas. Es hora que los académicos por lo menos acaricien una.

En la próxima contienda electoral el legado de “Bolívar del siglo XXI” irá a las urnas. Al decidir si mantenemos el curso actual (que por el momento brinda buenos réditos), o nos vamos por un rumbo nuevo y desconocido, los bolivianos deberán enfrentar el dilema atigrado: hacerle barra al rival histórico, en tanto armamos un mejor equipo.

Que un bolivarista juegue para Sports Boy demuestra que no somos tan tribales como nos pintan. Por lo menos en el futbol nos permitimos abrazar la dialéctica y el lujo de defender la posición del otro. En la política la cosa es un tanto más dogmática, por lo que celebrar los logros del oponente (o entender su posición, sin demonizarla) cuesta más.

En las elecciones del 2014, posiblemente más de dos tercios desearán que gane Evo (aunque no voten por él). Unos porque su gestión (por el momento) obtiene resultados; otros porque sería injusto que sea un rival quien el 2020 pague sus facturas. A su vez, la tercera vía entre democracia idealista y un autoritarismo descarado parece ser la formula que aquí brinda estabilidad. Otrora la derecha boliviana consideraba necesaria una dosis de mano dura. “Ten cuidado con lo que deseas”, reza el refrán. 

Con satélite chino, teleférico austriaco, el trazo de una ruta hacia el Pacífico que atraviesa los Países Bajos y una economía todavía estable, será difícil no celebrar un nuevo triunfo bolivariano. Si en nombre del pragmatismo los Tigres del Asia se hacen de la vista gorda en Tailandia, los tigres de Achumani el 2014 haremos de tripas corazón. En urnas y Libertadores, ¡que gane Bolívar!

viernes, 23 de mayo de 2014

La Clásica

La cultura manda. Valores guían conductas, que se enraízan en la psique colectiva, creando un apego a lo “clásico” que es difícil de desarraigar. La racionalidad con la cual se gobierna y administra la cotidianidad, desde épocas ancestrales, se basa en relaciones de poder. Como  dice HCF Mansilla, el autoritarismo es una característica ineludible de la sociedad boliviana.  

La estratificación social ha ido cobrando diferentes matices. La dicotomía “nobleza Inca- hatunruna”, “hacendado-pongo” y “empresario-trabajador”, se ha mantenido vigente y se expresa en la relación “gobernante-pueblo”.  En teoría es el pueblo quien gobierna. Que el poder radica en el pueblo es un principio de la democracia y de la dictadura del proletariado por igual. En la práctica, son unos cuantos los que se engolosinan con el poder, para luego justificar maquiavélicamente los privilegios que extraen de la copa del árbol; poderes que no todos pueden disfrutar.

Reducir la racionalidad de una sociedad a relaciones de poder puede llevar a analogías peligrosas. Un extremo sería justificar el sometimiento del hombre por la mujer, bajo el argumento que es justo revertir las injusticias de miles de años de un sistema patriarcal. La mujer, después de todo, es quien reproduce la vida, factor primordial para la creación de riqueza y supervivencia de la especie. Bajo la lógica del poder, estaría justificado si la mujer ahora aplicase idéntico autoritarismo al que fue sometida durante milenios.

Una bancada de la COB en el parlamento no es buena o mala idea en sí. Muchos factores determinarán si esta transformación de un instrumento de la clase trabajadora (en su conjunto), a un brazo partidario permite imprimir mayor racionalidad a las decisiones del gobierno, que afectan a todos. Esa racionalidad, por ejemplo, se expresa en la renuncia a un alza de sueldo de los mineros de Huanuni, quienes entrevén los riesgos en el mediano plazo de un dogmatismo a la hora de una reivindicación salarial.

Petróleos Mexicanos atraviesa otra transformación. El sindicato de PEMEX vera su influencia reducida en algunas de la decisiones. Los líderes sindicales de PEMEX también perderán sus jugosos privilegios. La promesa del partido que instituyó la primera revolución proletaria del continente  -el PRI – es que la reforma energética creará 2 millones de nuevos empleos. Valdría la pena observar la implementación de su reforma energética y contrastarla con los resultados de PETROBRAS, una empresa que de no ser pública estaría en la bancarrota.

La lógica del PRI es que de nada vale tener un tesoro enterrado, si no se cuenta con el “know-how” e inversión para crear riqueza en la mesa de los trabajadores. La disyuntiva no es ajena a nuestra realidad y la solución no pasa por relaciones de poder; pasa por la racionalidad que emana de un intercambio dialectico de ideas y contrapropuestas.

El poder también manda. Con el mapa electoral que pretende imponer el Tribunal Supremo Electoral es posible que la representación del “pueblo” sea definida antojadizamente, mediante una manipulación de las circunscripciones uninominales. Las relaciones de poder a veces pueden ser definidas mediante maniobras administrativas. Estamos muy lejos de una democracia ideal (y más cerca a una dictadura del prelado partidista). Ese no es el punto.

El punto es que las decisiones que conducen a una mayor productividad no deberían correr por las venas de deslegitimización de la propuesta del otro. El autoritarismo boliviano, lamentablemente, conduce a corroer el dialogo, a truncar la dialéctica de “propuesta-contrapropuesta”, bajo la lógica que si eres oposición eres un traidor a la patria; si eres un ciudadano que se gana la vida con su trabajo, eres un peón que ofende al hacendado. La lógica se reproduce en gobernante y empresario por igual.


La racionalidad que conduce al desarrollo y productividad implica un intercambio de ideas. Cuando aprendamos a negociar los obstáculos a la productividad y creación de empleos, bajo una lógica diferente a la de “relaciones de poder”, ese día será música para mis oídos. 

viernes, 11 de abril de 2014

La Gran Historia

Símbolo del colonialismo salvaje, la explotación minera del Cerro Rico de Potosí bañó de sangre y dolor el extractivismo español. Siglos después, continúa nuestra lucha por liberarnos de capitales extranjeros que – en posible contubernio con cooperativistas – pretenden seguir  extrayendo riquezas del subsuelo. Resulta difícil sacudirnos del yugo foráneo cuando la inversión extranjera interpone su feo antifaz capitalista a nuestros mejores deseos revolucionarios de autosuficiencia.

Los medios de comunicación internacional también arremeten contra nuestra psique, al contar una benevolente historia de la explotación foránea de metales escupidos por volcanes andinos. En una desfachatada narrativa impregnada de colonialismo cultural, History Channel intenta purgar pecados occidentales al vender a nuestra juventud la idea que Bolivia fue percutor del proceso de globalización. Con un optimismo que seguramente ofenderá a los detractores del proceso de integración de los mercados, la narrativa purifica de sus atrocidades la ocupación colonial de naciones asiáticas por parte de potencias occidentales al pintar el comercio entre España y China como antesala necesaria para romper con las barreras que dividían a Oriente y Occidente.

El documental La Gran Historia muestra que las condiciones de intercambio comercial en el siglo XIX eran impuestas por buques de guerra. En la Guerra del Opio, por ejemplo, buques de guerra ingleses arremetieron contra ciudades chinas para castigar el intento de imponer soberanía en esa gran nación. Pero para History Channel pareciera que la sangre derramada por culturas ancestrales valió la pena, con tal de permitir hoy meter más dinero en bolsillos los llamados Tigres del Asia.

No podemos ignorar las injusticias del colonialismo del siglo XIX. Tampoco podemos ignorar el hecho que China es nuevamente una potencia militar y económica. Lejos han quedado las épocas cuando la diplomacia del cañón podía intimidar a este ancestral Dragón. Las condiciones en las cuales se lleva a cabo el intercambio comercial indudablemente han cambiado. Al igual que es necesario recordar el cruel precio de la historia, debemos reconocer los grandes avances en materia económica del siglo XXI.

Hoy emergen nuevas asimetrías y maneras de explotar a los más débiles. El colonialismo asume formas más sutiles: hay menos buques de guerra, más inversión extranjera. El mundo cambia, la lucha por la plata se vuelve más civilizada. Para tomar ventaja de las nuevas reglas de juego, los países adaptan sus estrategias de desarrollo. Por ejemplo, en vez de estancar el psique el sometimiento del ayer, Perú se abre a la industrialización e intercambia agresivamente el producto de su sudor con economías del Pacífico. En contraste, pareciera que nosotros preferimos lamentar la sangre derramada en Potosí y pillaje de nuestra plata por España, para despertar un repudio visceral a la inversión extranjera mediante nuestra propia manipulada narrativa de la globalización.

Una herramienta es útil, como lo es potencialmente peligrosa a la vez. El intelecto puede conducir al ser humano objetivar la existencia; el sexo a denigrar a la psique; la tecnología a contaminar el medio ambiente. Pero el intelecto puede coadyuvar la cooperación entre hermanos, el sexo puede sublimarse en amor y la tecnología libera al ser humano de la esclavitud de la subsistencia.

El dinero es una herramienta. La estabilidad de los mercados, por ejemplo, obliga a Rusia y EE.UU. a extenuar esfuerzos para evitar un potencial conflicto bélico. El intercambio comercial y de inversiones conduce a Japón y EE.UU., Alemania y Francia, China y Taiwán cerrar el pasado cruel y llevar el presente a foja cero. A su vez, empresas que usufructúan de la mano de obra de niños son castigadas en las redes sociales. Las que contaminan, desenmascaradas. Las que corrompen a gobiernos castigadas por la ley. El sistema necesita seguir perfeccionándose y aun existe impunidad. Pero el dinero, aquella herramienta que puede ocasionar tanto mal, también obliga a ser humano a crear condiciones de justicia. Aquellos incapaces de ver el potencial para el bien de esta herramienta tal vez han sido cegados por demasiada ideología y esoterismo medieval.

Un niño que hereda una fortuna sin arriesgar o ensuciar su colorida camisa puede darse el lujo de despilfarrar la fortuna familiar, a la vez que condena la avaricia de sus burgueses antepasados. Cuando le toca al niño dirigir el destino de la familia, el facilismo de su sueldo rentista le permite derrochar monedas, a la vez que menosprecia los factores que permitieron acumular su actual riqueza.  Observamos como naciones que heredan de la Pachamama grandes riquezas se comportan de manera diferente de aquellas menos agraciadas, que deben crear condiciones para que su pueblo tenga acceso a trabajo, educación y salud. Crear condiciones para la inversión extranjera, por ejemplo, es un ejercicio diferente que empecinarse con espantarla. Incluso Cuba hoy entiende que debe transformar su economía para recibir capitales extranjeros.

España conquistó América. Los incas conquistaron a los aimaras. El circulo vicioso de colonialismo y conquista mediante la violencia gradualmente da lugar a un intercambio y  competencia un poco más civilizada. Ello no quiere decir que se haya eliminado la injusticia, o que grandes potencias no puedan todavía imponer condiciones a la fuerza. Hay que legislar un marco que impida futuros abusos. Pero estigmatizar en la mente del pueblo a la inversión extranjera no coadyuva a eliminar la pobreza y es arma de doble filo.

El precio de la historia ha sido cruel. Cruel, sin embargo, también es postrar a un pueblo a las dadivas de un Estado extractivista, simplemente porque la psique de los poderosos  es incapaz de  entender que el capital también trae beneficios, incluso cuando es extranjero. Los cooperativistas deben pagar un impuesto justo, no deben contaminar, explotar a los mineros o imponer legislación antojadiza. Ese no es el punto.


La gran historia es que por razones electorales algunos operadores políticos pretenden complicar el avance de una seguridad jurídica, factor elemental para crear empleos a través de la inversión. Obstaculizar les resulta fácil, porque aquellos que satanizan la acumulación del capital, seguridad jurídica e inversión extranjera reciben jugosos sueldos por su arte de “pensar”, dinero que proviene del sudor del pueblo. La explotación, después de todo, tiene más de un antifaz. 

miércoles, 12 de febrero de 2014

Proceso de Cambio Climático


La hueste de empresarios paceños que migran a Santa Cruz es bastante más nutrida que la que llegó de esa región a La Paz. Pocos empresarios cruceños hacen de La Paz su nuevo hogar. Tal vez se deba a que prefieren climas más benignos o a que el clima de negocios en La Paz no es muy amistoso hacia los de estirpe ambiciosa, sin importar la proveniencia del mercenario del capital. Hay sanas excepciones, pero mientras no tengamos evidencia empírica tan sólo podemos especular.


Precisamente, para evitar la especulación, en Venezuela se implementan medidas draconianas diseñadas para revertir la espiral inflacionaria en la cual cae su economía. Con firmeza y convicción estatista/revolucionaria, el presidente Maduro declaró que en Venezuela se impondría "un nuevo orden económico para invertir las divisas de nuestra patria en el desarrollo socioeconómico y en el crecimiento de la economía real”.

Ahora se desdoblarán los dólares que provienen de las exportaciones de petróleo para evitar que los empresarios adquieran dólares del Estado a un precio por debajo del mercado, para luego jugar inescrupulosamente a la oferta y la demanda.

Otra nación que debe lidiar con los cambios climáticos en su economía es Argentina, también víctima de la racionalidad corrupta de aquellos que primero velan por su propia economía. Nuestros vecinos se ven obligados a devaluar su moneda como única opción para frenar una crisis en deterioro.

Y mientras economistas, politólogos y toda estirpe de pensadores bien intencionados intentan encontrar justificaciones y soluciones para salir del atolladero, existe una certeza: en 2014 tendremos evidencia empírica irrefutable de los alcances del modelo socialista del siglo XXI para salir de una crisis fiscal.

En contraste con las lluvias que arremeten contra el continente debido al cambio de clima, el cambio de clima de negocios resulta en una sequía de inversión directa de capitales extranjeros. Si bien la supuesta autosuficiencia de nuestra economía se vende como un gran logro revolucionario, necesitamos más empresarios que paguen impuestos, contraten trabajadores y compren insumos necesarios en un proceso productivo. Aquellos empresarios que asumen la carga fiscal con la que se pagan nuevos puestos de trabajo creados por la burocracia estatal están al límite de su capacidad de esgrimir recursos.


En ese sentido, se discute una Ley de Inversiones que habrá de dictar el futuro clima de negocios que tendrá nuestro país. Por el momento, la retórica oficial y algunas prácticas políticas han cambiado el clima de negocios en Bolivia en uno inestable. Esta ambigüedad contrasta con la estabilidad político-institucional del modelo que impresiona incluso a sus críticos más neoliberales. La pregunta que los capitalistas se harán al decidir invertir en un clima lleno de sorpresas es si seguiremos recetas estatistas, que pocos resultados han traído a Argentina y Venezuela, o si mantenemos un curso equilibrado que evite extremos climáticos.

En unos meses los ojos del mundo estarán sobre nuestra economía, cortesía de G-77 más China. La retórica oficialista, con seguridad, habrá de arremeter contra los extremos ocasionados por el cambio climático.

Esperemos que el discurso no caiga en contradicciones a la hora de crear para nuestra economía idéntica imprevisibilidad y extremos en el clima para la inversión. Pero si Venezuela y Argentina pueden solventar su tormenta inflacionaria sin necesidad de cambiar su clima de negocios, entonces no tendríamos razón para preocuparnos del clima que creamos con leyes bien intencionadas. El año 2014 nos lo dirá.

jueves, 24 de octubre de 2013

La Paz, Libia

Es ilegal conspirar para derrocar un gobierno electo constitucionalmente. Por lo menos es ilegal en democracia. En Washington D.C., sin embargo, hay un llamado apasionado para gestar la “segunda revolución Americana”. Los esfuerzos del Presidente Obama de ofrecer seguridad médica a los más necesitados (Obamacare) han despertado los más enraizados instintos capitalistas en una pequeña, pero muy vocifera minoría derechista, que son cotidianamente acusados por el oficialismo de “talibanes”, “fundamentalistas” y “terroristas”.

Debido a reivindicaciones democráticas conquistadas en revolución, un extremista de derecha (Larry Klayman) puede utilizar el pulpito de la minoría intransigente para demandar que (Obama) “deponga el Corán, salga con las manos en alto y abandone la ciudad”. Decir que Obama es musulmán es mentir,  pero es también ejercer un derecho constitucional a la libertad de expresión. Klayman tal vez ejerza un sarcasmo de mal gusto. Lo que no hace es violar la ley. Algunas libertades en  democracia amenazan nuestras sensibilidades. Ese parece ser el precio de la libertad.

El pueblo norteamericano también tiene la libertad de polarizarse al extremo de poner en peligro el bienestar del resto del planeta. En ese sentido Xinhua, la agencia de prensa estatal china, hizo un llamado a crear un mundo "desamericanizado". Si bien el Congreso norteamericano ha dado un respiro a la inminente crisis hasta el 7 de febrero de 2014, ello no resuelve el antagonismo congénito entre dos visiones contrastantes en el seno de la mayor economía del planeta.

La manzana de la discordia en el epicentro del capitalismo es precisamente el papel que debe jugar el Estado en el complejo papel de crear condiciones básicas para la productividad (redistribuir la riqueza/socializar la salud) que, según los fundamentalistas del “Tea Party” es una responsabilidad del individuo, que debe ser resuelta exclusivamente por el mercado. Obama fue elegido por una mayoría para reformar el sistema de salud; para que mediante la intervención estatal millones de ciudadanos actualmente sin seguro puedan participar -a un precio razonable- del cuidado médico.

A su vez, Obama fue elegido para poner fin a dos guerras que lograron acabar cualquier remanente de un apetito imperial por controlar las fuentes energéticas, en nombre de imponer la democracia. En ambos proyectos Obama ha encontrado dificultades a la hora de cumplir con sus promesas electorales.
En el primer caso, las normas democráticas han permitido a la vocifera minoría anti-socialista enmarcar el proyecto de reforma al sistema de salud de Washington como si EE.UU. estuviese a punto de convertirse en Cuba. En el segundo caso, el mundo árabe ha entrado en un proceso histórico que -una vez el sangriento trámite revolucionario y millones de litros de sangre apaguen fuegos autoritarios- se destronará en esa región viejas dictaduras militares.

Lo irónico de la democracia es que – casi universalmente – necesitó de sangrientas confrontaciones entre hermanos. Aquellas que recuentan las heroicas campañas que derrocaron regímenes totalitarios en el Caribe y América Latina se celebran. También se celebra la primavera de 1968, cuando una generación idealista y cansada de una modernidad al servicio de un consumismo estupefaciente y conservadurismo político, se lanzó a las calles en París, para invocar un futuro que supere las cadenas tecnológicas de una democracia funcional a las economías de escala y grandes empresas transnacionales. En ambos casos fácilmente se despierta en la juventud maravillosa un sentido de indignación hacia sistemas opresivos e intolerantes.

Pero no todas las revoluciones están de moda. La primavera árabe, por ejemplo, no ocasiona igual indignación hacia el monopolio del poder por parte de tribus que relegan a las mayorías a un poder político basado en el terror y yugo de la supremacía militar. En la indiferencia hacia la primavera árabe se observa el mismo relativismo moral que condujo incluso a las más ardientes feministas a volcar la mirada ante la agenda talibán de relegar a la mujer a su rol de madre, con su rostro cubierta de trapos, su mente inmersa en ignorancia, su inocencia arrebatada en matrimonios forzados con hombres muchos mayores. Esa indiferencia se manifiesta ahora en la indiferencia que ocasiona el ímpetu revolucionario árabe de deshacerse de gobiernos totalitarios.

Cuando la condición de la mujer en algunos resabios del más cruel patriarcado no provoca indignación moral, es comprensible que seamos incapaces de evaluar la actual situación en Libia (o Siria) con un mínimo de desprendimiento de las agendas geopolíticas que parecen dictar el contenido de nuestra conciencia. Ese territorio africano, alguna vez apéndice del colonialismo fascista italiano, tuvo cortos periodos de una monarquía constitucional. Pero después de lograr su independencia, se vio sometida al mandato de un solo hombre, que gobernó con mano dura desde una carpa beduina que transitaba errabundamente el desierto.

Ahora que la revolución Libia (apoyada por un cerco aéreo de la OTAN) ha finalmente destronado al dictador, sufre los dolores de parto que conlleva moverse de un régimen autoritario, a una incipiente democracia. En ese sentido, Libia comparte con EE.UU. algunos hitos. Este último, por ejemplo, también tuvo ayuda extranjera (Francia) cuando en 1775 luchó por abolir el yugo del monarca inglés, también tuvo épocas en la que vasta extensiones de su territorio no contaban con la presencia del Estado (viejo Oeste), incurrió en una guerra civil que costó la vida del equivalente a 7,5 millones de norteamericanos (2,5% de la población) y sufre de una polarización que induce a una minoría a tomar como rehén a la economía.

Obviamente también hay diferencias. Libia, por ejemplo, “aun no existe como Estado” (Ali Zeidan, Primer Ministro de Libia). Por ende, suponer que en Libia se puede establecer una democracia de inmediato es una ilusión. Libia no tiene experiencia democrática alguna. No obstante las diferencias, existen también coincidencias, que deberían llamar a la reflexión, incluso en este contexto de polarización que conlleva una paralización moral, donde los poderosos definen que constituye una indignación o preocupación legítima.

Debería preocuparnos que en EE.UU., al igual que en Libia, pequeños grupos fundamentalistas pongan en peligro la estabilidad nacional en nombre de sus intereses ideológicos y sectoriales. Debería preocuparnos que, incluso en la economía más poderosa del planeta, la democracia siga siendo un proyecto inconcluso, en el cual todavía se está perfeccionando los mecanismos que permiten dirimir conflictos entre grupos antagónicos dentro de un marco constitucional que respete los derechos de todos, incluyendo minorías.


La democracia no es juego fácil. En un extremo existe el peligro de una dictadura de las mayorías; en el otro, que un pequeño grupo tome de rehén la convivencia y estabilidad. Al margen de la construcción de un mundo multipolar y economía mixta, también debería preocuparnos que la democracia sucumba; o a la hegemonía de los que ganaron (con votos o fusiles), o al ímpetu de una minoría vocifera y bien organizada. Vivir en democracia, después de todo, es dirimir diferencias entre grupos e intereses antagónicos, en un marco de legalidad y civilidad, sin caer en hegemonías o anarquismos. Las naciones son una amalgama de diferentes etnias, visiones, regiones, religiones e intereses. Siempre habrá diferencias que se deben reconciliar. Por ende, ni mayorías ni minorías deben tener la prerrogativa de secuestrar la convivencia pacífica y democrática de una nación.