El milagro más grande es el misterio más profundo. Líneas curveadas sobre el papel que sostiene entre sus manos reproducen en la oscuridad de su cráneo una voz que usted descifra. Sonidos y texturas se deslizan a la vez por su consciencia, creando la sensación de un preciso y precioso instante: el aquí y ahora. Una diversidad de módulos en su cerebro procesa paralelamente información desde cada rincón del cuerpo, impulsos sensoriales que trepan a cada instante por su sistema nervioso; mientras que recuerdos del pasado es angustia, o es nostalgia. Millones de millones de disparos sinápticos son organizados con gracia exquisita en el teatro de su consciencia. ¡Qué divino saber pensar, rezar, sentir!
La consciencia humana, tan celestial, tan mágica; tan propensa a la violencia y la maldad. Un cerebro deteriorado por la enfermedad (Alzheimer), un trauma violento (porrazo) o lotería genética (psicópata) no reproduce la misma dulzura que un cerebro sano y lleno de vitalidad. Pero incluso el cerebro más hermoso es capaz de matar, odiar, resentir y morir de envidia. Solíamos achacar ciertas conductas al demonio. Hoy entendemos que diferentes estados potenciales del cerebro son en realidad diferentes herramientas con las cuales el ser humano aprendió - a lo largo del precario proceso evolutivo - a lidiar con un mundo externo donde toda agenda personal se cree el rey.
Son apenas cien mil años con un cerebro capaz del lenguaje, solidaridad, moral y raciocino. Antes de poseer tal privilegio, el orden era impuesto con gran violencia. Los instintos que aún habitan el sistema límbico– voces de nuestro primitivo pasado - se manifiestan a veces con crueldad. Pero no es el diablo quien se apodera del ser; son herramientas del cerebro que se expresan incluso en el más santo. Una madre dispuesta a matar para proteger a su recién nacido no está poseída por demontre; está poseída por el instinto de proteger a su bebé.
Al diablo lo utilizó la iglesia para imponer su autoridad. Misioneros jacobinos creen ahora poder invocar al fantasma del capitalismo para imponer su Estado comunista. A sus fieles devotos les venden una caricatura del neo-Mefistófeles; un Satán que ha de despojarlos del placer que emana del proceso de trabajar. En el instante en el cual se trabaja sin pensar en la ganancia –dice el bolchevique – es que el ser humano logra ser integro y feliz. El obstáculo a dicha “dicha” ni siquiera son “los” capitalistas, viles seres humanos con la agenda personal de enriquecerse a la costilla del otro. ¡No! Es “El” capitalismo, como si “El” capitalismo fuese la personificación de un ente, con consciencia y agenda individual.
En la natural ignorancia de una fase evolutiva que podríamos llamar nuestra “infancia histórica”, armados de mitos en lugar de conocimiento, el humano intentó entender la fragilidad moral propia del ser, invocando la entelequia de un pobre Belcebú. Usar metafísica en lugar de ciencia acabó fragmentando nuestras facultades, convirtiendo nuestro pecaminoso cuerpo en agente secreto de la maldita agenda de un tal Lucifer. La comprensión de la complejidad del cerebro, un milagroso órgano que trabaja a través de múltiples módulos que compiten por manifestarse, nos permite hoy esbozar un mapa de la psique humana con muchísima mayor elegancia y precisión que las caricaturas que dibujaron de nuestro ser divino limitados misioneros del siglo XV.
Entendemos ahora que el cerebro tiene que organizar y complementar una variedad de agendas que impelen al individuo al sexo, la gula, el poder, la solidaridad, la empatía y cooperación: todo al mismo tiempo. No son diversos entes metafísicos que se apoderan del ser, es una compleja danza neural que baila al ritmo de circunstancias especificas, excitaciones sensoriales pasajeras, principios morales duraderos y un marco legal que delinea todo aquello que llamamos cultura. A veces comemos hasta la muerte. Pero insisto, la culpa no la tiene el diablo. La gula se deriva de un sistema límbico incapaz de incorporar a la neocorteza en el instante que decidimos si el placer de corto plazo (comer hasta infartar) debe incorporar al proceso de toma de decisiones consideraciones de largo plazo, donde el “dolor” de postergar la gratificación inmediata se traduce en el “placer” de un cuerpo sano por el resto de la vida.
Les aclaro a todos los niños que juegan a salvar al mundo que la buena ciencia refleja aquello que existe y que forma parte de la gloriosa creación de Dios. La mala ciencia es la que puede reflejar una agenda “hegemónica” o un error de apreciación. Los instintos, la genética, el cerebro reptiliano y sistema límbico no son inventos de Satanás, son herramientas con las cuales Dios ha creado energías en contraposición, cuya interacción dialéctica genera la fuerza vital con la cual la vida triunfa sobre la “escasez” de la segunda ley de la termodinámica. Es más fácil, sin embargo, reducirlo todo a una pugna entre el bien y el mal, un maniqueísmo infantil que devora con gran facilidad mentes imberbes que se rinden de rodillas ante falsos ídolos. La única esperanza de desarrollo físico, económico, mental y espiritual de inocentes devotos del fundamentalismo político o religioso, es que sus suplicas a dioses paganos sean escuchados por abstracciones cósmicas; o que se promulgue un nuevo bono.
La biblia de los misioneros jacobinos es el Capital de Karl Marx. Intentar entender la hermandad entre economías entrelazadas por una dinámica de desarrollo compartido que se gesta en el siglo XXI, utilizando una metafísica del siglo XIX - que divaga sobre la gratificación del trabajo - es como entender a la naturaleza humana utilizando frenología en lugar de neurociencia: un absurdo. La consecuencia de fragmentar a la economía en “ayllus universales” – sea intencional o no – sería destruir las sinergias que permiten a los pueblos vender sus productos en un mercado cada vez más grade. En lugar de una mayor gratificación que mágicamente emane del nuevo dios Eros, desarticular a Bolivia de la economía global en nombre de luchar contra el fantasma del capitalismo, es una agenda infantil que acabará en llanto.
El pueblo boliviano – para bien o para mal – es un pueblo de comerciantes, que compramos barato y vendemos caro. Si bien es cierto que debemos trasformar nuestra economía hacia una que agregue valor a los recursos naturales de todos, el camino será empedrado de buenas intenciones si nuestros máximos líderes siguen satanizando herramientas del mercado en nombre de su lucha cósmica contra espectros del pasado. ¿Los chinos y rusos son víctimas del capitalismo, o simplemente utilizan herramientas de mercado que funcionan? ¿Los comerciantes de la Uyustus y del Mercado Rodríguez pecan de falsa consciencia, o están generando dinámicas que permitirán a sus hijos el día de mañana producir en lugar de revender? ¿Dónde empieza la empresa/mercado y termina el capitalismo?
Existen empresas que explotan a sus trabajadores y naciones poderosas con agendas geopolíticas que utilizan sus economías para someter a los demás. Su angurria de poder no es mentira. Pero son seres humanos los que están detrás de dicha desdicha, no una entelequia abstracta que conspira con gran precisión. Lo que se pierde en esta ridícula caricatura y burda simplificación es que el fruto del trabajo – para que brinde satisfacción – debe tener un mercado. Ese mercado - lleno de bondades y crueldad – funciona mejor cuando se aplican herramientas que han aprendido a utilizar, con grandes satisfacciones para sus respectivos pueblos, chinos, indios, vietnamitas, rusos y brasileros. De “capitalismo” como doctrina hoy queda el amargo recuerdo de un pasado primitivo, cuyo anacrónico fundamentalismo ni pasa desapercibido en un mundo interconectado, ni es aceptado por una vigilante comunidad internacional.
En lugar de una gran conspiración del un ente sobrenatural (“El”capitalismo), que viene a Bolivia a robar niños, tierras y ancestrales tecnologías, lo que existen son individuos corruptos que pueden abusar de herramientas de libre mercado con las cuales se forjan desarrollo; lo mismo que en lugar de ángeles y demonios lo que existe un sistema límbico lleno de apetitos y una neocorteza que brinda al cerebro herramientas para avanzar mayor moral. No hay agendas diabólicas por parte de un ángel caído, o conspiración de un capitalismo transnacional. Lo que existe detrás de las distorsiones a los principios de equidad y mutuo beneficio que rigen mercados modernos es la angurria de una corrupta agenda personal. Pero los misioneros jacobinos quieren hacerle creer al pueblo en la maldad de herramientas que otros pueblos utilizan para su desarrollo, colocándonos a todos los bolivianos en una posición en la cual nos introducen facialmente quimeras llenas de terror. Con miedo al diablo y capitalismo fragmentamos las herramientas con las cuales podemos integrar mercados y nuestro propio ser. Sumergidos en lo ancestral, el patrimonio por el cual luchamos los bolivianos es un monopolio sobre un baile - la diablada - y supremacía sobre un dios pagano – Ekeko- dios de la abundancia. En ambos casos, ¡qué ironía!
La gratificación humana, por último, no solo es una abstracción, es también un acto concreto que no solo se desprende metafísicamente del proceso del trabajo desinteresado. La gratificación es un techo, salud, bienestar, dignidad y educación para la familia; bienes que también emana de vender con éxito en el mercado, o de recibir una justa retribución. Para ello se necesitan de mercados. Esa sencilla realidad – sin embargo - no la pueden entender los académicos y asalariados que viven muy bien mamando de la teta del Estado; cuyo mejor producto es adoctrinamiento y negociados que hacen posible que se aferren al poder. La verdadera misión de políticos e “intelectuales” no es salvar al pueblo de las garras de un alienante trabajo, su verdadera misión es monopolizar el ejercicio de la fuerza, una posición del misionero que pretende poner de rodillas a un mercado que también es un recurso que pertenece a todo el pueblo boliviano. Es tan abstracto el tipo de trabajo que promueven los misioneros jacobinos, que ni siquiera con las arcas llenas y monopolio del poder son capaces de crearlo. Debe ser culpa del diablo.
lunes, 7 de septiembre de 2009
domingo, 30 de agosto de 2009
Soberanías Refrendadas
Cortinas de humo cubren un continente embriagado por serenatas que anuncian la invasión del Comando Sur. Abnegados Presidentes (sin agenda personal) suponen que un mágico referéndum transnacional disolvería por decreto la amenaza militar; votos depositados en urnas “bolivarianas” que obliguen a Colombia enterrar por cuenta propia y sin ayuda a los hijos de Santander caídos en garras del narco-terrorismo. Uno de los países más prósperos del continente, Colombia ve su desarrollo violenta y cruelmente entorpecido por fuerzas irregulares que operan en su territorio. Pero las amargas consignas en contra del terrorismo, separatismo y guerrillas cambas que operan en Bolivia se disuelven cuando se trata de las FARC. Parece ser que la ideología con la cual se disfrazan algunos asesinos despierta una romántica nostalgia entre los maestros de la indignación selectiva.
Un puñado de espinas en un Rozas en Bolivia conmueve a lágrimas, pero hechos de vejación, asesinato y sedición cien mil veces repetidas en Colombia parece excitar el mismo morbo en nuestro cerebro reptiliano que provoca ver como otros ultrajan una dama. La morbosa complicidad parece replicarse cuando es el narco-terrorismo quien a diario viola al pueblo colombiano. El sufrimiento de Ingrid Betancourt y miles otros se diluye en medio de una abstracción revolucionaria; mientras que tres tristes tigres conspirando desde un céntrico hotel aledaño a la feria de Santa Cruz aquí nos desgarra el alma. Desgarrada está una nación hermana. Pero Colombia no es Honduras, ni Uribe es Zelaya. Por ende - en lugar de apoyar la lucha por su democracia y soberanía - se enfilaron varios Presidentes a Bariloche a condenarla.
Entre los Presidentes de UNASUR se interpuso la cordura. La más mínima decencia obligó apoyar a Colombia en su lucha contra el narco-terrorismo, aunque sea de boca para afuera. La doctrina de sometimiento político tuvo que ceder a la doctrina de avanzar paz y libertad siempre; no solo cuando les conviene. Y aunque pretenden hacer del vergonzoso caso de una menor de edad colombiana una venda que tape las otras decenas de miles vejaciones de las FARC, la solidaridad con Colombia puede más que la manipulación mediática de Telesur. Ahora se buscan soluciones, como ser un referéndum intercontinental.
Propongo, en el mismo espíritu, que los pueblos de América Latina decidan si se legalizan o no las drogas; no para promover el consumo, sino para regularlo. Que sea el Estado – y no la oferta y la demanda - quien someta a productores y consumidores de cocaína a la racionalidad. En lugar de narco-terroristas sembrando muerte, que broten clínicas para tratar a los cocainómanos por lo que son: enfermos. Es más lucrativo, sin embargo, que la cocaína sea ilegal. De ser legalizada, el precio bajaría y habría que rendir cuentas; lo cual haría más difícil el uso clandestino de ganancias para financiar agendas cuyo norte es drogar al pueblo con la merca ideológica del sur.
La política de EEUU contra el narcotráfico desestabiliza y mata. Si nuestros líderes realmente pretenden luchar contra el imperialismo, que sus voces se eleven ahora también para acabar con una guerra que ha resultado tóxica para nuestros pueblos. Aunque fueron expulsados los agentes de la DEA, sigue reinando la misma demente lógica de la prohibición. Debemos reemplazar el libre mercado de cocaína con Europa y EEUU por regulación e intervención del Estado. El silencio en este sentido no solo es cómplice, es también sospechoso. Para encausar la agenda, tal vez ayude agregar al referéndum una urna adicional.
Un puñado de espinas en un Rozas en Bolivia conmueve a lágrimas, pero hechos de vejación, asesinato y sedición cien mil veces repetidas en Colombia parece excitar el mismo morbo en nuestro cerebro reptiliano que provoca ver como otros ultrajan una dama. La morbosa complicidad parece replicarse cuando es el narco-terrorismo quien a diario viola al pueblo colombiano. El sufrimiento de Ingrid Betancourt y miles otros se diluye en medio de una abstracción revolucionaria; mientras que tres tristes tigres conspirando desde un céntrico hotel aledaño a la feria de Santa Cruz aquí nos desgarra el alma. Desgarrada está una nación hermana. Pero Colombia no es Honduras, ni Uribe es Zelaya. Por ende - en lugar de apoyar la lucha por su democracia y soberanía - se enfilaron varios Presidentes a Bariloche a condenarla.
Entre los Presidentes de UNASUR se interpuso la cordura. La más mínima decencia obligó apoyar a Colombia en su lucha contra el narco-terrorismo, aunque sea de boca para afuera. La doctrina de sometimiento político tuvo que ceder a la doctrina de avanzar paz y libertad siempre; no solo cuando les conviene. Y aunque pretenden hacer del vergonzoso caso de una menor de edad colombiana una venda que tape las otras decenas de miles vejaciones de las FARC, la solidaridad con Colombia puede más que la manipulación mediática de Telesur. Ahora se buscan soluciones, como ser un referéndum intercontinental.
Propongo, en el mismo espíritu, que los pueblos de América Latina decidan si se legalizan o no las drogas; no para promover el consumo, sino para regularlo. Que sea el Estado – y no la oferta y la demanda - quien someta a productores y consumidores de cocaína a la racionalidad. En lugar de narco-terroristas sembrando muerte, que broten clínicas para tratar a los cocainómanos por lo que son: enfermos. Es más lucrativo, sin embargo, que la cocaína sea ilegal. De ser legalizada, el precio bajaría y habría que rendir cuentas; lo cual haría más difícil el uso clandestino de ganancias para financiar agendas cuyo norte es drogar al pueblo con la merca ideológica del sur.
La política de EEUU contra el narcotráfico desestabiliza y mata. Si nuestros líderes realmente pretenden luchar contra el imperialismo, que sus voces se eleven ahora también para acabar con una guerra que ha resultado tóxica para nuestros pueblos. Aunque fueron expulsados los agentes de la DEA, sigue reinando la misma demente lógica de la prohibición. Debemos reemplazar el libre mercado de cocaína con Europa y EEUU por regulación e intervención del Estado. El silencio en este sentido no solo es cómplice, es también sospechoso. Para encausar la agenda, tal vez ayude agregar al referéndum una urna adicional.
lunes, 17 de agosto de 2009
Detener la Paradoja
Transferir al Estado libertades a cambio de su protección es una idea muy antigua. Maestro en controlar bajos instintos, Hobbes propuso librarnos de la discordia entre egoístas sometiendo al pueblo a una soberbia autoridad central. Walter Martínez, manipulador de “acontecimientos en pleno desarrollo”, ahora lamenta en su Dossier: “El Estado, que no debía meterse en nada, no se metió y el resultado es que ahora el Estado tiene que meterse en todo”. Un Estado que se mete en todo es una idea que nos han metido; un concepto que avanza por la coyuntura. La idea deberá ser digerida antes de ser evacuada por el otro lado de la historia.
El vulnerable Estado Plurinacional boliviano acaba de nacer. La gran paradoja es que – para rescatar vestigios de democracia – debemos por ahora tolerar la arremetida del Gran Poder del retoño del patriarca y cuadrilla de burócratas que se entrometen hasta en los bolsillos. Pero si la oposición llegase a ganar las elecciones en diciembre, en lugar de institucionalidad, tendríamos una nación sumergida en el caos que aun pueden imponer los aferrados al proyecto de dominación total. Hobbesiano imperativo, por ende, es que (por la más mínima diferencia) el Presidente Morales sea reelegido; mientras que el Congreso pase a manos de la pluralidad de bolivianos. Un nuevo empate – irónicamente – es la única esperanza de revalidar al Legislativo como último bastión del equilibrio del poder.
Complementariedad del poder no es agenda ni del oficialismo, ni de la oposición. Con votos de devotos unos buscan la hegemonía política que – al destruir la separación de poderes – permita el garrote político que imponga su hegemonía sectorial. Los otros buscan su cuotita de poder. Pero si en medio de la excitación proselitista la oposición llegase a interponerse al macizo muro que erigen para contener las egoístas energías que nacen del individuo, la vida se volvería aun más “corta, solitaria, pobre y brutal”. La cabeza del actual Estado debe seguir creciendo hasta aplastar la iniciativa personal. Solo cuando sea imposible maquillar sus arrugas y disfrazar sus falanges con retorica populista, podremos sentir la inútil paja del intrusivo órgano estatal.
México y Brasil tienen un Estado constituido, que permite integrar sus pueblos en beneficio de sus respectivas economías (y al revés). La madurez de líderes capaces de hacer a un lado ideologías en nombre del orden y progreso es un lujo que sólo se dan Estados que ya han pasado por sus entrañas las heces propias de las fases del adolecente narcisismo nacionalista. Las que aun lentamente pasamos el bolo por intestinos en vía de formación, debemos primero permitir que el Estado “nos meta con todo”. Es mejor que los bloqueos al desarrollo se concentren en la Plaza Murillo, a tener que lidiar nuevamente con la iniciativa personal de cien mil muy bien organizados bloqueadores de aplastante vocación.
Aunque el imberbe Estado Plurinacional no crea ni deja crear, es menester dejarlo crecer, incluso cuando la erección de sus muros desgarra el tejido de convivencia entre hermanos. Lo importante es mañana desentrañar su autoritarismo e digerir un mejor poder. Aún no existen las condiciones políticas, capacidad, ni convicción. De tener la tentación de detener del poder su paradoja, la prematura evacuación del marxismo cocalero prolongará el absolutismo sindical. Que sigan avasallando todo espacio social, adoctrinen al pueblo y arremetan contra la independencia: de los poderes, de las regiones, también del individuo. ¡Métanle maestros!
El vulnerable Estado Plurinacional boliviano acaba de nacer. La gran paradoja es que – para rescatar vestigios de democracia – debemos por ahora tolerar la arremetida del Gran Poder del retoño del patriarca y cuadrilla de burócratas que se entrometen hasta en los bolsillos. Pero si la oposición llegase a ganar las elecciones en diciembre, en lugar de institucionalidad, tendríamos una nación sumergida en el caos que aun pueden imponer los aferrados al proyecto de dominación total. Hobbesiano imperativo, por ende, es que (por la más mínima diferencia) el Presidente Morales sea reelegido; mientras que el Congreso pase a manos de la pluralidad de bolivianos. Un nuevo empate – irónicamente – es la única esperanza de revalidar al Legislativo como último bastión del equilibrio del poder.
Complementariedad del poder no es agenda ni del oficialismo, ni de la oposición. Con votos de devotos unos buscan la hegemonía política que – al destruir la separación de poderes – permita el garrote político que imponga su hegemonía sectorial. Los otros buscan su cuotita de poder. Pero si en medio de la excitación proselitista la oposición llegase a interponerse al macizo muro que erigen para contener las egoístas energías que nacen del individuo, la vida se volvería aun más “corta, solitaria, pobre y brutal”. La cabeza del actual Estado debe seguir creciendo hasta aplastar la iniciativa personal. Solo cuando sea imposible maquillar sus arrugas y disfrazar sus falanges con retorica populista, podremos sentir la inútil paja del intrusivo órgano estatal.
México y Brasil tienen un Estado constituido, que permite integrar sus pueblos en beneficio de sus respectivas economías (y al revés). La madurez de líderes capaces de hacer a un lado ideologías en nombre del orden y progreso es un lujo que sólo se dan Estados que ya han pasado por sus entrañas las heces propias de las fases del adolecente narcisismo nacionalista. Las que aun lentamente pasamos el bolo por intestinos en vía de formación, debemos primero permitir que el Estado “nos meta con todo”. Es mejor que los bloqueos al desarrollo se concentren en la Plaza Murillo, a tener que lidiar nuevamente con la iniciativa personal de cien mil muy bien organizados bloqueadores de aplastante vocación.
Aunque el imberbe Estado Plurinacional no crea ni deja crear, es menester dejarlo crecer, incluso cuando la erección de sus muros desgarra el tejido de convivencia entre hermanos. Lo importante es mañana desentrañar su autoritarismo e digerir un mejor poder. Aún no existen las condiciones políticas, capacidad, ni convicción. De tener la tentación de detener del poder su paradoja, la prematura evacuación del marxismo cocalero prolongará el absolutismo sindical. Que sigan avasallando todo espacio social, adoctrinen al pueblo y arremetan contra la independencia: de los poderes, de las regiones, también del individuo. ¡Métanle maestros!
viernes, 7 de agosto de 2009
Un Gusto Adquirido
Perdura el machismo, porque son cómplices algunas víctimas de tal desfachatez. Sometidas por una falsa consciencia, una numerosa minoría reproduce en sus hijos cadenas mentales que las hacen serviles al marido. Con precisa simetría, en las entrañas de sus corroídas mentes, la clase media reproduce valores que reproducen su sumisión a la agenda de explotación de la burguesía. El hilo conductor es una cultura moldeada por los intereses de las élites, promovida a través de su corrupto sistema de educación y monopólico control de los medios de comunicación. Sus estrategias han sido estudiadas en profundidad y son ampliamente conocidas; por lo que es menester de la revolución “legalmente” expropiarle al poder burgués su capacidad de imponer valores que conducen al consumismo egoísta. El brazo ejecutor de una nueva cultura serán los periodistas y burócratas del nuevo amanecer, quienes utilizarán los mismos medios y las mismas herramientas mediáticas; esta vez para entrelazar al pueblo, en lugar de encadenarlo.
La aplicación de viejas técnicas de adoctrinamiento a nuevos y más elevados objetivos orgánicos permite que el poder sea utilizado para que el pueblo aprenda a “olvidar” los intereses personales, convirtiendo al individuo en parte de un ente superior. Ha quedado registrado en los anales las efemérides de agosto que el mejor homenaje que podemos hacer a nuestra querida patria es “pensar todos igual”. Y todo aquel que opine diferente, es porque es cómplice de la agenda imperialista de promover el valor del esfuerzo individual, donde uno es protagonista y responsable de avanzar su propia libertad y bienestar. ¡El descaro!
Hay que extrapolar el pasado de opresión como si nada hubiese cambiado, para sembrar paranoia, lo cual permite crear una neurosis colectiva que arrastre al pueblo a defenderse de fabricadas amenazas externas e internas, las cuales deberán ser destruidas; al igual que cualquier idea que no se someta a una única e incuestionable verdad. Si bien es cierto que este valle de lágrimas es una cárcel que nos impone los caprichos de una piel pecaminosa, por lo menos que esta vez las llaves estén en manos de burócratas, en lugar del latifundio mediático de la burguesía.
El individuo demuestra ser incapaz de identificar sus cadenas. Por ende - aparentando respeto a la libertad individual - el Estado deberá liberarlo, bombardeando su psique con propaganda política; reemplazando la vanidad contenida en basura que vende el capitalismo, por la solidaridad sectorial: un bien supremo. A su vez, el Estado entiende la historia mejor que el individuo, lo cual le confiere derecho de recrearla y comercializarla según los dictados de su agenda política, que es noble. De esa manera se logrará reprimir el mercantilismo fariseo del “libre mercado de ideas”, promotor de la degeneración mental en manos de medios privados de comunicación.
Las cadenas de la explotación capitalista deberán ceder a los sublimes barrotes de la ingeniería social, única forma de controlar nuestros bajos instintos; derrotando así al egoísmo y castigando toda renuencia a tejer vigilantemente el tejido social. La maravillosa contradicción es que - esta vez - la cárcel será liberadora. En el compromiso de trabajar “por” y “para” el Estado, el pueblo se convertirá en su sirviente, un servilismo que es bueno, porque un Estado socialista es un organismo benévolo: gran garantía de una libertad que es, en realidad, una gratificación adquirida.
La aplicación de viejas técnicas de adoctrinamiento a nuevos y más elevados objetivos orgánicos permite que el poder sea utilizado para que el pueblo aprenda a “olvidar” los intereses personales, convirtiendo al individuo en parte de un ente superior. Ha quedado registrado en los anales las efemérides de agosto que el mejor homenaje que podemos hacer a nuestra querida patria es “pensar todos igual”. Y todo aquel que opine diferente, es porque es cómplice de la agenda imperialista de promover el valor del esfuerzo individual, donde uno es protagonista y responsable de avanzar su propia libertad y bienestar. ¡El descaro!
Hay que extrapolar el pasado de opresión como si nada hubiese cambiado, para sembrar paranoia, lo cual permite crear una neurosis colectiva que arrastre al pueblo a defenderse de fabricadas amenazas externas e internas, las cuales deberán ser destruidas; al igual que cualquier idea que no se someta a una única e incuestionable verdad. Si bien es cierto que este valle de lágrimas es una cárcel que nos impone los caprichos de una piel pecaminosa, por lo menos que esta vez las llaves estén en manos de burócratas, en lugar del latifundio mediático de la burguesía.
El individuo demuestra ser incapaz de identificar sus cadenas. Por ende - aparentando respeto a la libertad individual - el Estado deberá liberarlo, bombardeando su psique con propaganda política; reemplazando la vanidad contenida en basura que vende el capitalismo, por la solidaridad sectorial: un bien supremo. A su vez, el Estado entiende la historia mejor que el individuo, lo cual le confiere derecho de recrearla y comercializarla según los dictados de su agenda política, que es noble. De esa manera se logrará reprimir el mercantilismo fariseo del “libre mercado de ideas”, promotor de la degeneración mental en manos de medios privados de comunicación.
Las cadenas de la explotación capitalista deberán ceder a los sublimes barrotes de la ingeniería social, única forma de controlar nuestros bajos instintos; derrotando así al egoísmo y castigando toda renuencia a tejer vigilantemente el tejido social. La maravillosa contradicción es que - esta vez - la cárcel será liberadora. En el compromiso de trabajar “por” y “para” el Estado, el pueblo se convertirá en su sirviente, un servilismo que es bueno, porque un Estado socialista es un organismo benévolo: gran garantía de una libertad que es, en realidad, una gratificación adquirida.
miércoles, 22 de julio de 2009
Disparate Lunar
Telesur ha despegado a nuestro espacio mental, izando un nuevo velo. Único medio de comunicación imparcial, con reportajes equilibrados, sin agendas políticas y con el único propósito de informar, Telesur promueve gloriosamente el descenso a la pantalla de su novela orwelliana. De no ser por Telesur, el pueblo latinoamericano seguiría creyendo mentiras, como la farsa norteamericana de aterrizar en la luna, un burdo propósito de distraer al pueblo del genocidio en Vietnam e inflar el ego nacionalista del imperio. Los heroicos periodistas de Telesur, dechados de objetividad, por fin siembran en nuestra mente colectiva la sospecha, porque huelen un efecto especial en un alunizaje que – en lugar del espacio sideral – tuvo un estudio de Hollywood de telón de fondo.
Gracias al ímpetu revolucionario de apegar medios de comunicación privados a la ley, se pone fin al “latifundio mediático”, para que el periodismo latinoamericano pase por su mejor momento. Elusiva ley, que se acopla hasta ser inexorablemente aplastante, asume el derecho de imponer soberbia (perdón, digo “soberanía”) sobre el espacio radioeléctrico por el cual transitan las mentiras de la oligarquía. Es potestad legítima de gobiernos democráticamente elegidos impedir que la burguesía contamine las mentes del pueblo con falsas promesas y calumnias; en particular cualquier defensa y proclamación de la virtud del libre mercado, que intentan vender los fariseos del capitalismo. Que vayan los defensores de valores e ideales de la burguesía apátrida con sus concesiones bajo el brazo, porque ha llegado la hora de “democratizar” la información.
Digno ejecutor de la nota editorial del nuevo periodismo es Mario Silva, de Venezolana de Televisión, cuyo programa La Hojilla es vanguardia de la honestidad intelectual y libertad mental. Con gran integridad profesional, el señor Silva ha anunciado que “está comprobadísimo” que los ataques a las Torres Gemelas el 11 de septiembre fue un “auto atentado” del gobierno norteamericano. A tiempo de felicitarlo por destapar esa vil conspiración, quiero acotar sus conclusiones con información de una fuente a mi allegada, que me informa lo siguiente: Una vez el equipo de Bush logró exitosamente burlar las cientos de cámaras de seguridad en el corazón del sistema financiero mundial para ejecutar el auto atentado y - posteriormente - derrotado el ejército iraquí, un asesor de la CIA sugirió que se envíe un equipo a Irak, para plantar armas de destrucción masivas en el desierto que justifiquen la invasión.
Esta “comprobadísimo” que George W. Bush enfurecido exclamó, “¡Su plan es demasiado obvio!”. El asesor de la CIA advirtió, “pero si no aparecen armas de destrucción masiva será un suicidio político”. Bush le contestó, “¡a esos bárbaros les enseñaré incluso a suicidarse!”. No satisfecho con alienar al mundo entero, Bush luego derrochó la poca buena voluntad que aun tenía el imperio torturando a supuestos autores intelectuales del atentado, a sabiendas de que los torturados no sabían nada (porque fue un auto atentado). Además de egoístas, sádicos los malditos.
Según el programa La Hojilla, la guerra contra las drogas de la DEA es en realidad una conspiración para que EE.UU. se quede con el dinero del narcotráfico y el Plan Colombia es un eufemismo para el Cartel de Washington. ¿La evidencia? Dos palabras: Oliver North. La crisis económica del imperio es también una crisis moral, por lo que están dispuestos a vender drogas en su propio suelo con tal de rendirle pleitesía a su único dios: el todopoderoso dólar. Si el imperio no tuvo inconveniente en torturar “por deporte”, tampoco tiene tapujos a la hora de poner su credibilidad internacional en juego con tal de subvencionar su rescate financiero de Wall Street. Afortunadamente, el nuevo periodismo latinoamericano destapará esas patrañas a base de insinuaciones y ecos del pasado; mientras que los verdaderos patriotas cuidan de nuestro patrimonio y protegen al pueblo de la contaminación mental. El proyecto de liberación requiere contrarrestar la hegemonía cultural del imperio con un contundente sesgo, para convertir la verdad en soberano disparate lunar.
Haciendo a un lado la ironía, Telesur merece ser elogiada por sus excelentes documentales sobre la injerencia norteamericana en Latinoamérica y su complicidad en la oscura era de dictaduras militares que - a nombre de detener avances del bloque comunista - hundieron al continente en una cruenta y criminal represión. Reza el refrán que aquel que no entiende el pasado está condenado a repetirlo.
El espíritu de estos tiempos – sin embargo - sigue siendo orwelliano, la diferencia es de ideología, no de métodos para imponer una verdad. En lugar de controlar el pensamiento “controlando el pasado” y eliminando significados no deseados, la neolengua de Telesur (et al) pretende controlar el sentimiento popular, extrapolando el pasado al presente, reduciendo todo argumento de la oposición a códigos (“imperio”, “burguesía”) que – sin necesidad de escuchar el argumento - lo deslegitima. Si bien es cierto que – en contraste con la imposición de un orden represivo al servicio de las transnacionales y oligarquía política durante el siglo XX - el actual proyecto político es un considerable avance de ciertos principios democráticos, reemplazar la hegemonía impuesta por el consumismo capitalista y bota militar por el rebañismo intelectual de la pseudo-solidaridad producida en masa por una manipulación mediática, es reemplazar una ingeniería social por otra.
Cualquier argumento sobre las bondades del libre mercado – o cualquier otra reflexión sobre las transformaciones que vive el planeta - son inmediatamente reducidas por las fuerzas goebbelianas a una defensa de la “burguesía”. El hecho que la “burguesía” boliviana ha exiliado a mi familia en dos oportunidades, ha implícitamente expropiado nuestro patrimonio, a mí jamás me ha dado un trabajo y me condena al ostracismo social, tildándome de “indio” por mis modales comensales, debe ser evidencia (comprobadísima) de lo bien que me han lavado el cerebro agentes de la CIA. ¿Ese es el nivel de diálogo y libertad de pensamiento en este nuevo amanecer? Si algo “estoy” con mis argumentos es “equivocado”, un error que debe ser refutado mediante un debate respetuoso de la posición del otro. Rebatir asignando categorías - en función a lo que uno supuestamente “es” – no es debate; es guerra psicológica. El prejuicio antes era en base a la etnia. Ahora es en función a la supuesta condición social.
La “verdadera” democracia que se intenta imponer sobre los pueblos cansados de América Latina está sentada sobre tres pilares: miedo, sospecha y división. El comandante Chávez ha sido muy claro en declarar abiertamente una permanente lucha de clases, obligando a todo individuo elegir su opción bolivariana, o resignarse a la ignominia social. Lo que parece olvidar es que el año es 2009, no 1959. En Telesur legítimamente se reclama libertad de pensamiento para el pueblo hondureño y Radio Globo. Pero si ese derecho es selectivo y la libertad de pensamiento se convierte en privilegio reservado únicamente para aliados ideológicos, el pueblo se dará cuenta. El proyecto de instituir y defender derechos y libertades únicamente a quienes estén alineados a la hegemonía de una misma agenda política no es democracia, mucho menos progreso.
El pueblo sacará sus propias conclusiones sobre transformaciones que vive el planeta, en particular sobre un pueblo cansado de mentiras y manipulaciones, que ha elegido a Barack Hussein Obama para avanzar un nuevo orden político, económico y social. El surgimiento de nueva izquierda post-ideológica es la verdadera amenaza para la izquierda jurasica; y esa es la verdad detrás de su manipulación de la verdad. Extrapolar el pasado para convertirlo en presente sirve para ofuscar las mentes con odio y paranoia. Pero la evidencia del presente hablará con mayor elocuencia que cualquier manipulación mediática.
Desde Telesur se seguirán agitando fuerzas cinéticas lanzando piedras al ayer, mientras el mundo se integra a gran velocidad. Sumergidos en el pasado, América Latina queda – por ahora – condenada a ser el parque jurasico del mundo, para que antropólogos y ONGs europeas vengan a estudiar la pieza de museo más grande del planeta. Y sobre nuestra superficie lunática se clavarán muchas banderas, sus imágenes editadas en estudios de Caracas, manipulaciones que ahora se producen en suelo latinoamericano; la lacra del subdesarrollo de telón de fondo.
Gracias al ímpetu revolucionario de apegar medios de comunicación privados a la ley, se pone fin al “latifundio mediático”, para que el periodismo latinoamericano pase por su mejor momento. Elusiva ley, que se acopla hasta ser inexorablemente aplastante, asume el derecho de imponer soberbia (perdón, digo “soberanía”) sobre el espacio radioeléctrico por el cual transitan las mentiras de la oligarquía. Es potestad legítima de gobiernos democráticamente elegidos impedir que la burguesía contamine las mentes del pueblo con falsas promesas y calumnias; en particular cualquier defensa y proclamación de la virtud del libre mercado, que intentan vender los fariseos del capitalismo. Que vayan los defensores de valores e ideales de la burguesía apátrida con sus concesiones bajo el brazo, porque ha llegado la hora de “democratizar” la información.
Digno ejecutor de la nota editorial del nuevo periodismo es Mario Silva, de Venezolana de Televisión, cuyo programa La Hojilla es vanguardia de la honestidad intelectual y libertad mental. Con gran integridad profesional, el señor Silva ha anunciado que “está comprobadísimo” que los ataques a las Torres Gemelas el 11 de septiembre fue un “auto atentado” del gobierno norteamericano. A tiempo de felicitarlo por destapar esa vil conspiración, quiero acotar sus conclusiones con información de una fuente a mi allegada, que me informa lo siguiente: Una vez el equipo de Bush logró exitosamente burlar las cientos de cámaras de seguridad en el corazón del sistema financiero mundial para ejecutar el auto atentado y - posteriormente - derrotado el ejército iraquí, un asesor de la CIA sugirió que se envíe un equipo a Irak, para plantar armas de destrucción masivas en el desierto que justifiquen la invasión.
Esta “comprobadísimo” que George W. Bush enfurecido exclamó, “¡Su plan es demasiado obvio!”. El asesor de la CIA advirtió, “pero si no aparecen armas de destrucción masiva será un suicidio político”. Bush le contestó, “¡a esos bárbaros les enseñaré incluso a suicidarse!”. No satisfecho con alienar al mundo entero, Bush luego derrochó la poca buena voluntad que aun tenía el imperio torturando a supuestos autores intelectuales del atentado, a sabiendas de que los torturados no sabían nada (porque fue un auto atentado). Además de egoístas, sádicos los malditos.
Según el programa La Hojilla, la guerra contra las drogas de la DEA es en realidad una conspiración para que EE.UU. se quede con el dinero del narcotráfico y el Plan Colombia es un eufemismo para el Cartel de Washington. ¿La evidencia? Dos palabras: Oliver North. La crisis económica del imperio es también una crisis moral, por lo que están dispuestos a vender drogas en su propio suelo con tal de rendirle pleitesía a su único dios: el todopoderoso dólar. Si el imperio no tuvo inconveniente en torturar “por deporte”, tampoco tiene tapujos a la hora de poner su credibilidad internacional en juego con tal de subvencionar su rescate financiero de Wall Street. Afortunadamente, el nuevo periodismo latinoamericano destapará esas patrañas a base de insinuaciones y ecos del pasado; mientras que los verdaderos patriotas cuidan de nuestro patrimonio y protegen al pueblo de la contaminación mental. El proyecto de liberación requiere contrarrestar la hegemonía cultural del imperio con un contundente sesgo, para convertir la verdad en soberano disparate lunar.
Haciendo a un lado la ironía, Telesur merece ser elogiada por sus excelentes documentales sobre la injerencia norteamericana en Latinoamérica y su complicidad en la oscura era de dictaduras militares que - a nombre de detener avances del bloque comunista - hundieron al continente en una cruenta y criminal represión. Reza el refrán que aquel que no entiende el pasado está condenado a repetirlo.
El espíritu de estos tiempos – sin embargo - sigue siendo orwelliano, la diferencia es de ideología, no de métodos para imponer una verdad. En lugar de controlar el pensamiento “controlando el pasado” y eliminando significados no deseados, la neolengua de Telesur (et al) pretende controlar el sentimiento popular, extrapolando el pasado al presente, reduciendo todo argumento de la oposición a códigos (“imperio”, “burguesía”) que – sin necesidad de escuchar el argumento - lo deslegitima. Si bien es cierto que – en contraste con la imposición de un orden represivo al servicio de las transnacionales y oligarquía política durante el siglo XX - el actual proyecto político es un considerable avance de ciertos principios democráticos, reemplazar la hegemonía impuesta por el consumismo capitalista y bota militar por el rebañismo intelectual de la pseudo-solidaridad producida en masa por una manipulación mediática, es reemplazar una ingeniería social por otra.
Cualquier argumento sobre las bondades del libre mercado – o cualquier otra reflexión sobre las transformaciones que vive el planeta - son inmediatamente reducidas por las fuerzas goebbelianas a una defensa de la “burguesía”. El hecho que la “burguesía” boliviana ha exiliado a mi familia en dos oportunidades, ha implícitamente expropiado nuestro patrimonio, a mí jamás me ha dado un trabajo y me condena al ostracismo social, tildándome de “indio” por mis modales comensales, debe ser evidencia (comprobadísima) de lo bien que me han lavado el cerebro agentes de la CIA. ¿Ese es el nivel de diálogo y libertad de pensamiento en este nuevo amanecer? Si algo “estoy” con mis argumentos es “equivocado”, un error que debe ser refutado mediante un debate respetuoso de la posición del otro. Rebatir asignando categorías - en función a lo que uno supuestamente “es” – no es debate; es guerra psicológica. El prejuicio antes era en base a la etnia. Ahora es en función a la supuesta condición social.
La “verdadera” democracia que se intenta imponer sobre los pueblos cansados de América Latina está sentada sobre tres pilares: miedo, sospecha y división. El comandante Chávez ha sido muy claro en declarar abiertamente una permanente lucha de clases, obligando a todo individuo elegir su opción bolivariana, o resignarse a la ignominia social. Lo que parece olvidar es que el año es 2009, no 1959. En Telesur legítimamente se reclama libertad de pensamiento para el pueblo hondureño y Radio Globo. Pero si ese derecho es selectivo y la libertad de pensamiento se convierte en privilegio reservado únicamente para aliados ideológicos, el pueblo se dará cuenta. El proyecto de instituir y defender derechos y libertades únicamente a quienes estén alineados a la hegemonía de una misma agenda política no es democracia, mucho menos progreso.
El pueblo sacará sus propias conclusiones sobre transformaciones que vive el planeta, en particular sobre un pueblo cansado de mentiras y manipulaciones, que ha elegido a Barack Hussein Obama para avanzar un nuevo orden político, económico y social. El surgimiento de nueva izquierda post-ideológica es la verdadera amenaza para la izquierda jurasica; y esa es la verdad detrás de su manipulación de la verdad. Extrapolar el pasado para convertirlo en presente sirve para ofuscar las mentes con odio y paranoia. Pero la evidencia del presente hablará con mayor elocuencia que cualquier manipulación mediática.
Desde Telesur se seguirán agitando fuerzas cinéticas lanzando piedras al ayer, mientras el mundo se integra a gran velocidad. Sumergidos en el pasado, América Latina queda – por ahora – condenada a ser el parque jurasico del mundo, para que antropólogos y ONGs europeas vengan a estudiar la pieza de museo más grande del planeta. Y sobre nuestra superficie lunática se clavarán muchas banderas, sus imágenes editadas en estudios de Caracas, manipulaciones que ahora se producen en suelo latinoamericano; la lacra del subdesarrollo de telón de fondo.
domingo, 12 de julio de 2009
Me Someto
Nuevas generaciones habrán de perfeccionar el modelo bolivariano. Siendo la versión actual apenas un primer intento - casi por definición - está repleto de omisiones. La evolución es un hecho irreversible que exige a los que llegan últimos mejorar lo que hicieron los primeros. Los recursos mentales parecen ser infinitos, pero son siempre limitados. Por ende, por mucho que se inviertan vastas energías, resulta imposible acelerar el proceso.
Paso a paso, error tras error, la juventud mejora la capacidad del sistema de lograr en la práctica lo que se propusieron otros en teoría. La información necesaria no existe independientemente del proceso, sino que se va creando mediante una interacción entre voluntad política y cascada de consecuencias que van calando potenciales senderos. En un espiral de consecuencias, nuestros actos colectivos van forjando el nuevo entorno, el cual determina a su vez un nuevo ramillete de posibilidades a seguir. Tal fue el caso del pueblo Alemán, cuya ancestral sabiduría se traduce en una sociedad próspera, democrática y tolerante, después de mil años.
No fue así siempre. El ahora caído muro de Berlín fue testigo silencioso del trauma de un pueblo ideológicamente polarizado; sangre y lágrimas derrochadas en un muy largo proceso histórico, cuyos frutos eran inconcebibles hasta hace apenas dos generaciones. En lugar de imponerse los unos a otros, alemanes buscan integración, comprensión, intercambio y hermandad con otrora rivales de toda la vida. En lugar de fantasmas del pasado, el pueblo alemán ahora busca consensos, utilizando ideas y herramientas que funcionan en la práctica, en lugar de las rimbombantes consignas que alguna vez lograron movilizar al Volk.
No siempre fue así. Derrotar una conspiración internacional - encarnada por judíos - fue hace apenas dos generaciones la causa sagrada y milenaria del pueblo alemán; decidido a reconquistar sangre y tierra (Blut und Boden). El consumismo y hedonismo capitalista obligó la implementación de un estado totalitario al mando del Führer, única alternativa para un pueblo alemán determinado a reconquistar su historia y reconciliarse por fin con su verdad eterna, inmutable, incuestionable.
El proyecto político del nacionalismo socialista sometió todo argumento racional a las ardientes pasiones que emanaron de un pueblo comprometido emotivamente a derrotar a los fantasmas del pasado. Afortunadamente los contrastes con el proceso actual son mayores que las coincidencias. No obstante, de haber sido la revolución bolivariana implementada en 1933, sus métodos tal vez serían otros, posiblemente mejor alienados a los elevados propósitos de salvar al pueblo de la contaminación de ideas judías (léase “oligarquía”).
En Alemania más de una vez se impuso una visión etno-nacionalista. Los neo-judíos del 2009 debemos resignarnos a que – por ahora - las únicas ideas que transiten por el espacio mental sean aquellas ideas legitimadas por los patriotas. El único intercambio de ideas legítimo en tierras bolivarianas es entre los representantes del nuevo amanecer. Llegará el día que nuevas generaciones una vez más discutirán ideas, en lugar de resguardar la pureza de consignas y doctrinas. En el ínterin, se nos puede poner morada la cara proponiendo las mismas políticas del Presidente de Brasil, Luis Ignacio Lula da Silva. Pero si incluso la impureza socialista y herejía de la presidente Bachelet será castigada por los movimientos sociales, someterse a la nueva hegemonía es anticiparse al espíritu de imponerse con su “solución final”.
Paso a paso, error tras error, la juventud mejora la capacidad del sistema de lograr en la práctica lo que se propusieron otros en teoría. La información necesaria no existe independientemente del proceso, sino que se va creando mediante una interacción entre voluntad política y cascada de consecuencias que van calando potenciales senderos. En un espiral de consecuencias, nuestros actos colectivos van forjando el nuevo entorno, el cual determina a su vez un nuevo ramillete de posibilidades a seguir. Tal fue el caso del pueblo Alemán, cuya ancestral sabiduría se traduce en una sociedad próspera, democrática y tolerante, después de mil años.
No fue así siempre. El ahora caído muro de Berlín fue testigo silencioso del trauma de un pueblo ideológicamente polarizado; sangre y lágrimas derrochadas en un muy largo proceso histórico, cuyos frutos eran inconcebibles hasta hace apenas dos generaciones. En lugar de imponerse los unos a otros, alemanes buscan integración, comprensión, intercambio y hermandad con otrora rivales de toda la vida. En lugar de fantasmas del pasado, el pueblo alemán ahora busca consensos, utilizando ideas y herramientas que funcionan en la práctica, en lugar de las rimbombantes consignas que alguna vez lograron movilizar al Volk.
No siempre fue así. Derrotar una conspiración internacional - encarnada por judíos - fue hace apenas dos generaciones la causa sagrada y milenaria del pueblo alemán; decidido a reconquistar sangre y tierra (Blut und Boden). El consumismo y hedonismo capitalista obligó la implementación de un estado totalitario al mando del Führer, única alternativa para un pueblo alemán determinado a reconquistar su historia y reconciliarse por fin con su verdad eterna, inmutable, incuestionable.
El proyecto político del nacionalismo socialista sometió todo argumento racional a las ardientes pasiones que emanaron de un pueblo comprometido emotivamente a derrotar a los fantasmas del pasado. Afortunadamente los contrastes con el proceso actual son mayores que las coincidencias. No obstante, de haber sido la revolución bolivariana implementada en 1933, sus métodos tal vez serían otros, posiblemente mejor alienados a los elevados propósitos de salvar al pueblo de la contaminación de ideas judías (léase “oligarquía”).
En Alemania más de una vez se impuso una visión etno-nacionalista. Los neo-judíos del 2009 debemos resignarnos a que – por ahora - las únicas ideas que transiten por el espacio mental sean aquellas ideas legitimadas por los patriotas. El único intercambio de ideas legítimo en tierras bolivarianas es entre los representantes del nuevo amanecer. Llegará el día que nuevas generaciones una vez más discutirán ideas, en lugar de resguardar la pureza de consignas y doctrinas. En el ínterin, se nos puede poner morada la cara proponiendo las mismas políticas del Presidente de Brasil, Luis Ignacio Lula da Silva. Pero si incluso la impureza socialista y herejía de la presidente Bachelet será castigada por los movimientos sociales, someterse a la nueva hegemonía es anticiparse al espíritu de imponerse con su “solución final”.
miércoles, 1 de julio de 2009
¿A Cuyas Órdenes?
Insulso esfuerzo es intentar preservar la legalidad, cuando lo legal es cuestión de opinión personal. La dificultad es mayor cuando lo que significa “estado de derecho” es una entelequia a ser permanentemente redefinida. Bajo la excusa de consultar al soberano se ha legitimado el derecho a patear el tablero; estableciendo reglas de juego que se ajusten a las ambiciones del jefe en turno. Resguardados en el pretexto de defender a los pobres de la garras de la oligarquía, la hegemonía pasajera ha secuestrado la capacidad de definir cuales leyes son las únicas dignas de ser defendidas. Ahora estamos enfrascados en un pueril debate sobre qué quiere decir “legalidad”.
Opiniones teñidas hacen de facto ilegitimas reglas definidas en el pasado por los monstruos que gobernaron antes de que llegue - por fin - una parva de heroicos mesías. Invocar los fantasmas del pasado es una escuela en las Américas que ha sellado en el psique colectivo actitudes trogloditas de la cual – aparentemente - no se escapa nadie. El golpe militar en Honduras es una grave interrupción que hace eco perfecto a la crisis del orden democrático que - a nombre de obedecer órdenes – impone agendas políticas en lugar de un orden constitucional. La diferencia entre los soberanos es la habilidad de vestir sus estrategias políticas en velos democráticos, sin que nadie pueda entrever que la democracia está siendo secuestrada. Aun más triste es que el pueblo ahora estará convencido que el secuestro únicamente ha sucedido en calles de Tegucigalpa.
A base de la fuerza militar se acaba de dar órdenes en Honduras de avanzar el proyecto de pelear fuego con fuego. Las órdenes de ejercer violencia - disfrazadas de legalidad – son sumamente peligrosas. Afortunadamente hay órdenes de responder al golpismo mediante la implementación de la no-violencia, una postura que merece ser respaldada y aplaudida. Las reglas deben ser perfeccionadas; pero para eso también hay reglas. En lugar de un referente imparcial, las reglas de juego forman parte de un tablero de ajedrez sobre el cual se escriben consignas políticas, para luego llenarse la boca de legalidad. Las reglas de juego ahora son simples opiniones que se aplican según los intereses de quienes tienen el poder de interpretarlas. Los militares hondureños han sido groseros en la aplicación de la misma discrecionalidad que gobierna en otras latitudes.
La injuria política de militares hondureños es excusa perfecta para legitimar un intervencionismo selectivo. El derecho de autodeterminación de los pueblos tendrá ahora que subordinarse al derecho de interpretar lo que es – o no es – un orden constitucional. Insulso, por ende, es el pretexto de defender la democracia, cuando el concepto “democracia” depende que cuya hegemonía esté siendo defendida. Los militares hondureños se equivocan al pretender obedecer órdenes de una legalidad según su propia interpretación. El error suicida es suponer que los militares hondureños son los únicos que responden a órdenes dictadas por una agenda política. En el propósito de adueñarse de la legalidad – atentado contra el orden constitucional a nombre de defenderlo – los militares hondureños están en muy buena compañía.
Las órdenes deberían provenir de la ley. Las órdenes de una agenda corporativista hacen que la ley sea un concepto relativo. La aventura de imponerse a la fuerza tampoco ayuda el propósito de fortalecer el orden democrático, agregando años a nuestra condena. En América últimamente no se reconoce ni obedece absolutamente nada.
Opiniones teñidas hacen de facto ilegitimas reglas definidas en el pasado por los monstruos que gobernaron antes de que llegue - por fin - una parva de heroicos mesías. Invocar los fantasmas del pasado es una escuela en las Américas que ha sellado en el psique colectivo actitudes trogloditas de la cual – aparentemente - no se escapa nadie. El golpe militar en Honduras es una grave interrupción que hace eco perfecto a la crisis del orden democrático que - a nombre de obedecer órdenes – impone agendas políticas en lugar de un orden constitucional. La diferencia entre los soberanos es la habilidad de vestir sus estrategias políticas en velos democráticos, sin que nadie pueda entrever que la democracia está siendo secuestrada. Aun más triste es que el pueblo ahora estará convencido que el secuestro únicamente ha sucedido en calles de Tegucigalpa.
A base de la fuerza militar se acaba de dar órdenes en Honduras de avanzar el proyecto de pelear fuego con fuego. Las órdenes de ejercer violencia - disfrazadas de legalidad – son sumamente peligrosas. Afortunadamente hay órdenes de responder al golpismo mediante la implementación de la no-violencia, una postura que merece ser respaldada y aplaudida. Las reglas deben ser perfeccionadas; pero para eso también hay reglas. En lugar de un referente imparcial, las reglas de juego forman parte de un tablero de ajedrez sobre el cual se escriben consignas políticas, para luego llenarse la boca de legalidad. Las reglas de juego ahora son simples opiniones que se aplican según los intereses de quienes tienen el poder de interpretarlas. Los militares hondureños han sido groseros en la aplicación de la misma discrecionalidad que gobierna en otras latitudes.
La injuria política de militares hondureños es excusa perfecta para legitimar un intervencionismo selectivo. El derecho de autodeterminación de los pueblos tendrá ahora que subordinarse al derecho de interpretar lo que es – o no es – un orden constitucional. Insulso, por ende, es el pretexto de defender la democracia, cuando el concepto “democracia” depende que cuya hegemonía esté siendo defendida. Los militares hondureños se equivocan al pretender obedecer órdenes de una legalidad según su propia interpretación. El error suicida es suponer que los militares hondureños son los únicos que responden a órdenes dictadas por una agenda política. En el propósito de adueñarse de la legalidad – atentado contra el orden constitucional a nombre de defenderlo – los militares hondureños están en muy buena compañía.
Las órdenes deberían provenir de la ley. Las órdenes de una agenda corporativista hacen que la ley sea un concepto relativo. La aventura de imponerse a la fuerza tampoco ayuda el propósito de fortalecer el orden democrático, agregando años a nuestra condena. En América últimamente no se reconoce ni obedece absolutamente nada.
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