martes, 29 de abril de 2008

Brutal Conspiracion

La derecha chilena conspiró contra Salvador Allende, ocultando galpones enteros de azúcar y harina que el pueblo necesitaba, y que fueron retirados del mercado para inducir un espiral inflacionario que lastime su popularidad.

La derecha boliviana no tiene ni la capacidad, ni los recursos para ejecutar algo similar. La anterior clase gobernante, sin embargo, aportó para que la popularidad de nuestro Presidente se deteriore. Su conspiración es su fracaso, porque fracasaron miserablemente en modernizar la economía; al tiempo de lucrar de la ignorancia y explotar a un pueblo que ha quedado sumergido en el más grande resentimiento e irracionalidad. Si hoy pagamos la factura del desquiciamiento, es por culpa de quienes sólo nos enseñaron a robar.

Los que sí tienen los recursos para perjudicar la economía, son las petroleras extranjeras. Según la propia Cámara Boliviana de Hidrocarburos – que aglutina las transnacionales – se requieren 8 mil millones de dólares para cumplir con Brasil y Argentina. Actualmente se invierten sólo 900 MMDD, de los cuales 400 son para reposición de inversión, y 100 para gastos administrativos. Quiere decir que la inversión neta son apenas 400 MMDD, y que necesitaríamos 20 años para cumplir con nuestro objetivo.

La Ley de Abastecimiento de Argentina obliga a suspender las exportaciones, y crea un régimen de excepción - con derecho incluso a expropiar la propiedad privada - para garantizar el suministro de bienes y servicios estratégicos. Nuestra Ley de Hidrocarburos 3058, en su artículo 14, simplemente establece que la comercialización y producción de hidrocarburos es un servicio de utilidad pública que debe ser prestado de forma continua e ininterrumpida. Pero no establece “cómo” ejercer ese derecho.

Digamos que todas las petroleras “casualmente” decidan a la vez ejecutar el mantenimiento de sus plantas – o que se eche a perder el pozo - afectando la producción y provocando un desabastecimiento. En dicho caso, el sindicato de transportista no necesitaría ser comprado por la derecha para estrangular la economía. Esta brutal conspiración representaría una asquerosa injerencia en nuestra política interna, digna de ser presentada ante la OEA.

Hasta aquí los “oficialistas” seguramente han podido seguir mi lógica. Cuando se pierden es ante la posibilidad que el Presidente Chávez sea quien conspire para derrocar a sus enemigos. La justificada condena ante la OEA por la violación del territorio ecuatoriano, contrasta con el ensordecedor silencio ante la posibilidad que Venezuela apoye a las FARC.

En El Alto no hay bodegas repletas de alimentos. Pero si las petroleras llegasen a “coordinar” su mantenimiento, puede que sea porque tienen una agenda. Por el momento, la escalada de precios responde a la ineptitud del Gobierno y sus políticas “a lo cubano”. Ello no elimina el peligro que se esté confabulando algún tipo de conspiración. Si nuestra inteligencia alcanza para escandalizarnos ante esta posibilidad, no entiendo porque no se nos mueve una pestaña ante la posibilidad que Chávez financie a un grupo armado que secuestra y asesina al pueblo colombiano. Pero si somos brutos, es obra y designio de quienes no supieron gobernar.

Cholazo Total

Falsa modestia sería de mi parte no reconocer mi gran capacidad de observación. Mi mano izquierda, en cambio, apenas trabaja. Mayor mi sorpresa cuando me hicieron notar lo indigno que es levantar el tenedor con la zurda. Se desmoronó súbitamente el orgullo que había sentido por mi habilidad de manipular la comida con - de mis manos - la más débil. Un representante de la oligarquía paceña fue quien tuvo la delicadeza de hacerme notar que - al utilizar la izquierda para levantar mi alimento - yo “comía cómo indio”.

Sabía que alguna vez fui un llokalla irresponsable, que pretendía que todo sea un carnaval. Mi abuelo, sin embargo, tuvo la paciencia de instruirme. Entre otras historias, con gran orgullo me relató de un antepasado nuestro, Pasos Kanki, un gran intelectual Aymara. Menos instructivo fue un amigo de infancia, quien me puso de apodo “el indio Flavio”. Agradecido, sin embargo, también estoy con él, por brindarme la oportunidad de entenderme mejor. Llevo sangre Aymara en las venas, y ello es motivo para mí de gran celebración.

Renuncio, sin embargo, a mi sangre Aymara, porque detesto la burocracia, y no sabría cuales trámites debo completar para poder llamarme oficialmente “originario”. No quisiera, además, parecer que quiero aprovecharme de la coyuntura. Renuncio también a otras “sangres” cuya función sea socio-política. La única sangre que me sirve, es aquella que nutre mi ser. Lo que sí quisiera es establecer mi total y absoluta independencia de este tipo de consideraciones, declarándome un cholazo total.

No tengo nada contra las categorías, mientras éstas sirvan para entender la realidad. Existen, sin embargo, categorías que se utilizan para manipularla. “Birlocho”, por ejemplo, es una categoría utilizada para ridiculizar a quien no viste como suponen los “patrones”. “Originario” ahora es una categoría que se utiliza para dividir y conquistar. Es por ello que quiero lanzar un grito independentista, para quienes no permitirán ser manipulados en esta contienda de etno-adjetivos, cuyo objetivo lejos está de ser la libertad.

Las izquierdas y derechas radicalizadas seguirán manipulándonos con artimañas y odios, reduciendo unos a “k’aras”, otros a “indios”, y “cholos” a todos los demás. Seguirán así con su danza favorita; pugnar por el poder. Pero si declarándome yo un cholazo me libero de sus mezquinas y falsas pretensiones de obrar por el bien colectivo, entonces me libero de su pueril guerra de consignas, uniéndome a quienes sufren de una presencia marginal.

Prefiero ser desclasado, a verme obligado a interpretar la realidad según la máscara que ambos bandos obligan a utilizar para poder sentarse en su misma mesa. ¿Alzar el sustento con la izquierda, o la derecha? ¡Sutil había sabido ser la diferencia! El pueblo chico se fija como elevan sus tenedores los otros; condenando a quienes lo hacen de una manera diferente a la que ellos imponen. Mi respeto es para quienes prefieren observar y entender aquello que ayuda a la patria grande nutrirse y progresar. ¿Pluralidad y diversidad? ¡Sólo les sirve para llenarse la boca!

El Pan Sube

“¡Evo cumple!”, es un popular graffiti que adorna paredes y medios de comunicación. Mucho antes de la imprenta, las paredes de Roma servían como válvula de escape político, y amanecían con dibujos que comunicaban consignas del gobierno y oposición. Lo difícil en aquel entonces - y ahora – es saber si el garabato reflejaba el sentir de todo un pueblo, o el de una solitaria voz.
En Bolivia los feriados son también válvulas de escape político, y hay quienes temen que ello represente un peligro. Las crisis nacionales vividas durante carnavales demuestran que nuestra prioridad es celebrar. A su vez, mientras que detrás del graffiti puede existir la intención de desestabilizar de unos cuantos conspiradores, los carnavales no son alentados o reprimidos – según les convenga - por pequeños grupos de poder. La celebración de los múltiples feriados que hacen al imaginario colectivo nacional escapa la intencionalidad política de “buenos” y “malos”.
El bien intencionado padre Xavier Albó no está convencido de ello, y advierte que los feriados corren el peligro de ser manipulados. La ambigüedad de su análisis, sin embargo, hace que primero aplauda el que cocaleros levanten un altar “con bebida, hojas de coca y otras ofrendas”, para luego advertirnos que la coca y el trago puede convertirse en el “opio del pueblo”. ¿Quién decide cuando la hoja aliena, y cuando sirve para celebrar?

Un hombre que deambula en temas de fe tal vez deba manifestar un pronunciado voluntarismo. La inocencia de su intención, sin embargo, abruptamente se disipa cuando nos llama a “denunciar toda manipulación alienante”. No puedo hacer otra cosa que tomarle la palabra y denunciarlo al preguntar, ¿Cuándo se vuelve la celebración alienante, y quienes están autorizados para diferenciar una festividad legitima de una manipulada?

Los lingüistas creen que el peligro yace en la “ínter-subjetividad”. El peligro, sin embargo, es que suba el precio de la canasta familiar al punto que el pueblo no tenga manera - o razón - para seguir celebrando. La maquinaria mediática oficialista ahora pretende demostrar que detrás del alza en los precios están inescrupulosos intermediarios. Para contrarrestar la tendencia inflacionaria el gobierno, lejos de asegurar mercados para nuestros productos, o incentivar la inversión para siquiera cumplir con obligaciones adquiridas, continúa su brillante estrategia económica utilizando el graffiti político, pretendiendo racionar el gas afuera, y aquí el arroz.

Los lazos de fraternidad, solidaridad y justicia se tienden tenuemente sobre un estomago vacío, y sólo cuando se atiza un instinto mayor de supervivencia: odio al enemigo. El pueblo puede aguantar pobreza cuando teme a la maldita serpiente usurpadora. En Cuba, en vez de crear industria, arremeten su lanza contra molinos de viento, a los que imputan su fracaso. Ahora que el precio de todo sube, nuestras ganas de vivir mejor y celebrar deberán ceder ante la pesadilla provocada por idénticas consignas, y se atizará el miedo, con llamados a “denunciar” al manipulador. Así, el horror limpiará la injusticia, ahuyentando inversiones y mercados. Todos igualmente jodidos. ¡La promesa se cumplió!

Fuego Cruzado

Sin pronunciar palabra alguna, una jauría de lobos impone su jerarquía. Armados de mecanismos mucho más complejos, las jerarquías humanas suelen ser menos eficientes. Existe una gran diferencia, y es que los objetivos de los lobos son compartidos, y su unidad orgánica. Los humanos, en contraste, debemos integrar una gran diversidad de intereses y actividades que hacen a nuestra manada mucho más interesante, prolífica y agraciada, aún cuando más violenta. Consecuentemente, nuestras jerarquías suelen distorsionar nuestros propósitos, corromperlos y agraviarlos. Ello no quiere decir que debamos, o podamos, prescindir de la odiosa necesidad de estructurar la sociedad.

Sin legislar palabra alguna, el hombre impone sobre la mujer su jerarquía. No existe Constitución o Decreto alguno que especifique el valor de una mujer divorciada. Sin embargo, deben actuar con gran cautela aquellas mujeres hoy libres de un marido inservible, o correr el riesgo de ser estigmatizadas. Ello impone sobre la sociedad una gran ineficiencia, ya que hombres buenos, también divorciados, no pueden conocer a sus contrapartes femeninas, por estar ellas encerradas en casa cuidándose del “qué dirán”.

Algo similar puede llegar a suceder con nuestros empresarios. Habiéndose creado una jerarquía constituida por quienes fueron parásitos del Estado, la consigna ideológica de un sector radicalizado parece ser “estrangular” a todo quien digne llamarse “emprededor”. Tal vez sea una sutileza semántica pero, ¿no sería más productivo plantearse el objetivo de desmantelar al feudalismo empresarial y agrícola que corruptamente se benefició del Estado? Por culpa de unos cuantos, estigmatizar a toda una clase que no tiene etnia, religión, ni propósito otro que no sea hacer empresa, me parece un gran desacierto histórico. Empresarios, después de todo, son también algunos comerciantes de la Sagarnaga que – al margen de sus propias “matufias” en la forma de evasión fiscal – hoy aportan al desarrollo nacional, al permitir que sus familias hagan empresa.

Ser empresario requiere de habilidades que no todos poseemos. Al margen de las buenas intenciones enmarcadas en nuestra nueva Constitución, y atizado el fuego por grupos radicales, corremos el riesgo de destruir nuestra capacidad productiva, en nombre de revertir la jerarquía anterior. Crear una sociedad más justa, donde aquellos que poseen la habilidad y conocimiento necesario – y no los señores feudales – hagan empresa, es un proyecto mucho más coherente, que simplemente eliminar toda desigualdad. Las jerarquías pueden ser odiosas, pero cuando bien articuladas, y cuando obedecen a una meritocracia, también pueden ser conducentes al bien común.

A su vez, pretender imponer la ley orgánica de la naturaleza, en nombre de eliminar la diversidad y complemento de funciones propia de ella, me parece una aberración conceptual. Debemos superar esta falsa dicotomía, y comprender que la dialéctica de nuestra evolución, gracias a la capacidad intelectual y libertad humana, permite un complemento entre competencia y cooperación. De lo contrario, el empresario boliviano – aquel que trabaja 14 horas diarias creando empleos y desarrollo - se verá bajo el fuego cruzado de una derecha sin ideología, que pretende recuperar sus privilegios, y una izquierda que sustenta la ideología del bien y el mal.

Inercia Politica

Más nos acercamos a la luna, y la ley de gravedad parece transformarse, o incluso desaparecer. La ley sigue siendo la misma. Solo que en la luna gobierna los cuerpos diferente a lo que estamos aquí acostumbrados. Mientras permanezcamos bajo el manto atmosférico de la tierra, sin embargo, nos caemos todos exactamente igual.

Otro principio que pasa desapercibido es el de la inercia. Un objeto permanece en movimiento hasta que una fuerza externa actúa sobre el, y logra completamente detenerlo. Trágicamente, es el parabrisas quien muchas veces frena la ensangrentada cabeza del desafortunado pasajero, que no supo colocarse su cinturón de seguridad.

Los cinturones de seguridad salvan vidas. Es un aparato sencillo, pero eficiente, y cientos de miles las personas se arrepienten por no haberlo utilizado. Pero cuando nuestros usos y costumbres decretan que todo taxi y minibús debe ser destripado de cualquier mecanismo que ponga en duda la infalibilidad y pericia de quien conduce, no importa la experiencia colectiva acumulada, ni cuantas campañas o leyes se promulguen. Nuestra conducta seguirá siendo precaria e irracional.

Otro derecho extirpado de las silenciosas minorías es el derecho a trabajar en un lugar libre de sustancias nocivas. Una reciente ley intenta regular el consumo de cigarrillos en lugares públicos, una muy contaminante costumbre que las grandes mayorías han impuesto sobre el resto de la población. Se supone que la ley ha de proteger a quienes no fuman. Podemos apostar, sin embargo, que nuestra acostumbrada discrecionalidad hará que se respete dicha disposición únicamente en oficinas públicas en las que el jefe no sea un fumador empedernido.
La ley se manifiesta de manera diferente mientras más nos acercamos a los círculos de poder. Mientras más poderosa sea la figura que afecta nuestra orbita gravitacional, mayor será su capacidad de ejercer sobre nosotros su dominio. Para entender la discrecionalidad que reina en Bolivia, no necesitamos referirnos a los entretelones en corredores palaciegos. El banal ejemplo aquí expuesto es del individuo que no puede ejercer su derecho a frenar su inercia sin ser lastimado, simplemente porque “aquí no se acostumbra” a utilizar cinturón. Parecerá trivial que cuando uno sube a un transporte público, cuyo dispositivo de seguridad ha sido extraído, o debe trabajar en un ambiente impregnado por un manto de nicotina, pierde todo derecho a proteger su vida. No es inconsecuente, sin embargo, que debamos acostumbrarnos al peligro que las grandes mayorías nos imponen, y que para no ser acusados de “chantaje” debamos hacerlo sin chistar.
El gobierno pretende crear un Estado “fuerte”, que asuma por nosotros iniciativas, y controle, entre otras cosas, la economía. Debido al imperativo político de hacer superior su razón de ser, en lugar de buscar equilibrar y limitar los poderes - delineando específicamente atribuciones y competencias - su agenda se enfoca en subordinar, y en controlar nuestros recursos. Por ende, mientras su consigna sea imponer un Estado todopoderoso, ningún debate, ley, mecanismo constitucional, o contrapeso, conseguirá - en la práctica -frenar su dominante inercia, y permaneceremos sometidos a su arrastre gravitacional

Libertad de Culto

Aquellos de discreta naturaleza no hacen alarde de sus pasiones, y cortésmente ignoran a quienes necesitan demostrar lo ardiente que es su forma de sentir. Los fogosos hinchas, en cambio, a veces pretenden imponer la calurosa forma de expresar su devoción. En el pasado partido amistoso de preparación para eliminatorias Mundialistas, las apenas conmovidas masas optaron por casi vaciar el estadio 10 minutos antes que Bolivia anote el gol de la victoria, ejerciendo así su libertad de expresión.

No deja de ser curiosos, sin embargo, que siendo Bolivia un país dechado de virtudes musicales y folklore, seamos tan mediocres a la hora de alentar nuestra selección. Tal vez, por el bien común, sea mejor diluir nuestro patriotismo, dando lugar así a las virtudes comunitarias que habrán de derrotar el “mono-nacionalismo”. Tal vez la mayoría se dio cuenta que sentir pasión por la patria es el “opio del pueblo”, parecido al oprobioso consumismo. El “patriotismo” y “consumismo”, después de todo, son ímpetus “burgueses” por excelencia.

Casi idénticas las palabras “comunista” y “consumista”; al igual que los prejuicios que suelen despertar. Por albergar principios igualitarios y contrarios al racismo, solían acusarme de ser un “comunista”. Por ahora comprender que el mercado puede ayudar alcanzar la igualdad y justicia, se me acusa de ser un “consumista”. Ambos prejuicios pecan de ignorante intolerancia.
La igualdad y desarrollo difícilmente pueden ser alcanzados sin el consumo típico de Alasitas; la compra y venta de “lujos” encontrados en la Uyustus; o los múltiples feriados que inducen a visitar otros pueblos y ciudades. Sin este “frívolo” consumo, el gobierno tendría que inventarse el Bono Turismo y el Bono Comerciante para activar nuestra deprimida economía “nacional”.
Si algún “poder” lograse se consuma sólo lo “básico”, y que todos abandonemos la urbe por el campo, el daño al medio ambiente sería el de una plaga de langostas que lo arrasa todo. El delicado equilibrio ecológico necesita de economías de escala; el equilibrio económico de una dosis de consumo; y el equilibrio social de una identidad compartida.

La unidad tal vez requiera de más que estribillos, y el espacio aquí es demasiado corto para armonizarlos. Sólo sugiero, entonces, subvencionar músicos - con bombos y trompetas - para que amenicen los partidos de la selección boliviana. No seremos mayoría, pero muchos quisiéramos corear con mayor entusiasmo nuestro orgullo nacional. Si han de ejercer ingeniería social, que el gran poder del Estado invierta en el talento de músicos profesionales, para que innoven nuestro monótono, cansado e intermitente cántico de apoyo a la selección.

Que nos ayude la pesada y visible mano del Estado a ser libres de ventilar en el estadio Hernando Siles – con mayor pasión - nuestras frustraciones. Que no las limiten a corear contra el consumo (que crea empleos), o ventilarlas mediante resentimientos contra cambas, chuquis y chapacos, naciones que se supone hacen una.

“¡Eso es pan y circo!” gritarán los anarco-reaccionarios. Dudo que su nacio-nihilismo, que nos está segregando en etnias y regiones, sea una mejor opción.

Paleo Ciegos

Una mujer no tiene la obligación de votar por una candidata de su mismo sexo, y un afroamericano no tiene que votar por quien tiene su mismo color de piel. Ello queda demostrado en la distribución de votos de Clinton y Obama en la primarias Demócratas. Muchas mujeres menores de 30 apoyan al carismático moreno y, en varios estados, algunos afroamericanos mayores de 50 se inclinan a favor de la rubia antes mencionada. Cuando el sistema se adapta, perfecciona, y deja el individuo de sentirse discriminado, el voto puede ser por ideales, visiones, o capacidad de gobernar.

En las pasadas elecciones bolivianas hubo un voto castigo, por parte de quienes estábamos cansados de un sistema partidista arrogante y basado en la exclusión. También hubo un “voto rehén”, de quienes temíamos que la victoria de un k’ara haría estallar el polvorín. El voto más importante, sin embargo, fue un voto por “uno de los míos”, y el pueblo se movilizó para apoyar a uno de su misma raza. ¡Perdón! Se me olvidaba. Una minoría votó por el decrepito modelo de Fidel.

La historia del siglo XX de Bolivia está marcada por el corporativismo caudillista, que permitió que las grandes masas apoyaran banderas revolucionarias llenas de consignas, y evidentes deficiencias en su proyección histórica y nacional. Líderes sindicales y campesinos fueron cooptados por el MNR, y por más de una dictadura militar. Las manipuladas masas apoyaron a líderes y movimientos porque su voluntad había sido capturada por estructuras orgánicas. Con mayor información, eso está lentamente cambiando, y es precisamente a ese cambio que le temen en Cuba y Venezuela, cuyos gobernantes intentan como pueden controlar el acceso del pueblo al Internet.

Bolivia votó por el cambio, y no por el retroceso. El racismo ha hundido al país en un subdesarrollo, y esa es una factura que – con gran arrogancia e ignorancia - aún hay quienes se resisten en pagar o subsanar. Es un gran aporte histórico del Presidente Morales marcar el principio del fin de esta lacra social, y en esa tarea debería tener el apoyo de todos los bolivianos. La reunión con los Prefectos, sin embargo, es una pauta que las grandes mayorías en nuestro país no han apostado por un estatismo ineficiente, ni por la prepotencia y discrecionalidad de quienes coyunturalmente sustentan el poder.

El Presidente Morales fue electo sin asistir a siquiera un debate. El debate empieza dos años después. El pueblo boliviano, discriminado y excluido, ha votado por un cambio, y sobre todo por uno de su misma raza. Pero dudo que haya votado por la destrucción del aparato productivo, o por el paternalismo estatal. La gente quiere justicia e igualdad, pero con empleos y desarrollo. Las voces dominantes hoy son eco de fósiles de la historia, que reverberan un revanchismo que tan solo logrará ventilar amargas frustraciones. Esperemos, por ende, que el debate entre en el Executivo y Prefectos permita apaciguar el paleo-ciego dogmatismo de las “grandes minorías ideológicas”, que junto a la arrogancia de grupos de poder económico, han puesto a nuestra unidad y progreso en peligro de extinción.

Flavio Machicado Teran